13 de octubre de 2019, 23:05:38
Teatro


Mónica Miranda es 'Sunshine', la reina de las cabinas eróticas

Por José-Miguel Vila / @josemiguelvila


La Manada, una compañía madrileña que echó a andar en 2012, y que, además de montar sus propias producciones, imparte también talleres de interpretación, ha llevado al Off de La Latina un montaje  sugestivo desde el mismo  título, 'Sunshine'. La obra está en cartel hace ya varios meses y, por el momento, puede verse los sábados a las 22:30 h.

Sunshine es una joven norteamericana que proviene de lo que ahora llamaríamos una familia desestructurada. Su padre la abandonó al nacer y su madre, cuando cumplió los 13 años le dijo: "nena, tienes una mina de oro entre las piernas". No es extraño que acabe   trabajando en una cabina erótica y termine reinando en el Club Paraíso. Allí, medio desnuda, embarcada en sus vertiginosos tacones, moviéndose sensualmente ante sus clientes (muchos de ellos habituales), mes tras mes, año tras año, tiene encuentros con decenas, con centenares de hombres solitarios. Ella a un lado del cristal; ellos al otro. Y en medio, nada. Un deseo, la soledad, la ilusión del flirteo inmediato, la frustración y, como sucedáneo, una   posible masturbación. Y así un día y otro, y otro, y un hombre y otro hombre...

El verdadero nombre de Sunshine es Crisan, pero ya ni se acuerda de él. Ha construido una vida ficticia, marido incluido (Jerry), al que necesita querer, pero del que huye porque las palizas, los golpes, las vejaciones son continuos... Aún así, prefiere engañarse a sí misma: "¡Me necesita tanto!".
Él se llama Nelson, es paramédico, pero conduce una ambulancia y  está más que harto de su trabajo, que le tiene atado 10, 15, 20 horas diarias. Vive en un apartamento provisionalmente, entre cajas y recuerdos, esperando una llamada de Stephany, su exmujer, con la que  estuvo casado 7 años y con quien aún piensa en la posibilidad  de reunirse en Nuevo México con la perspectiva de la reconciliación. 

Un día de tormenta, muerta de miedo en una de sus múltiples huidas para evitar una nueva paliza de su marido, Sunshine acaba llamando  casualmente al timbre de  su casa. Nelson se apiada de la  atemorizada chica y le abre la puerta del apartamento. Entre los dos  se acabará dando una relación de amistad que, posiblemente, solo puede darse aquí, en la ficción, en el teatro, y gracias a la imaginación del dramaturgo norteamericano William Mastrosimone que ha escrito el texto de esta comedia dramática.

Bajo la dirección de Carlos Silveira, Mónica Miranda encarna a una  Sunshine llena de matices. Desde la actriz erótica que, tras el cristal,  convence a cada lobo solitario (también a Robbie, personaje que interpreta Enrique Cervantes) que se acerca a admirarla con tarifas  por minuto, que él es el hombre de su vida pero que, al mismo tiempo, lo suyo es imposible más allá de esa relación virtual, aunque  muy, muy cercana físicamente. Hasta la frágil y quebradiza joven   que se enamora de Nelson (Luis Sorolla), simplemente porque ha detectado desde el primer segundo de su relación con él, que no la mira con los mismos ojos que los demás hombres.   

Y lo que podría haber acabado manchado con sangre de tragedia,  termina de forma esperanzadora porque dos personas han sabido entender que las mismas palabras pueden tener significados muy distintos en función del momento y la intención con que se pronuncian.

Por último, quiero subrayar también el excelente trabajo que, partiendo de una  magnífica escenografía de Silvia Romero, ha realizado La Manada tanto en el espacio escénico como en el sonido y, muy especialmente, la iluminación del escenario, que va desde los  azules y rojos iniciales que envuelven de misterio y sensualidad la cabina erótica hasta los naranjas y los  amarillos más intensos que  van adueñándose de la escena a medida que la relación entre  Sunshine y Nelson va cristalizando con la fuerza de quien busca la verdad.      
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