23 de octubre de 2019, 2:22:36
Teatro


'La mirada del otro' sube al escenario las políticas de acercamiento entre exterroristas arrepentidos y sus víctimas


Sobre el escenario, dos mesas y tres banquetas. El lugar es inhóspito, vacío, pero no hace falta mucho más porque lo que importa aquí son las palabras. Al fondo, una pantalla donde la proyección de imágenes, -paisajes vascos, cuando quien habla es un exetarra arrepentido, y fotos y recuerdos infantiles cuando quien habla es la hija de una víctima de ETA. 


Este es el paisaje inmediato de 'La mirada del otro', una obra que se ha venido representando en las últimas semanas en la Sala Cuarta Pared de Madrid, con un tema que ya empieza a abordarse de forma pública y abierta: los encuentros entre exmiembros de ETA arrepentidos  y sus víctimas. El texto está basado en diversos casos reales que, convenientemente tratados, abordan una realidad que, de una u otra forma, ha venido dándose en nuestro país y que pone  sobre la mesa la necesidad del diálogo, si no para encontrar el perdón  sí, al menos, la reconstrucción de una relación necesaria cuando víctimas y verdugos buscan explicaciones o porqués de una sinrazón  con nombre y apellidos: asesinatos despiadados, estériles y gratuitos.        

La obra ha sido escrita por María San Miguel y Chani Martín y dirigida por este último, e interpretada por la misma María San Miguel, Ruth Cabezas y Pablo Rodríguez. María San Miguel es Estíbaliz, hija del concejal asesinado por Aitor hace 14 años, cuando ella solo tenía 19. Ruth Cabeza es Marta, la abogada del programa de mediación penal con el colectivo de disidentes de ETA en la cárcel. Y, por último, Pablo Rodríguez es Aitor, exetarra arrepentido que tenía 23 años cuando entró en prisión y lleva ya 14 años preso, después de haber sido condenado a 20. 

Reflexión necesaria

Albert Camus planteó, a principios de la década de los 40 del siglo pasado, en 'Los justos' el dilema moral del uso de la violencia como medio político para conseguir un fin y, a principios de esta temporada  -octubre 2014- la compañía "611teatro" representó una  extraordinaria y arriesgada adaptación de la obra de Camus que pudo  verse en Las Naves del Español, que trasladaba la acción desde Argelia (en el original de Camus) a la España de los 70, la fecha en que la banda terrorista ETA inició su larguísima carrera de asesinatos en nuestro país. 

Ambas obras -esta adaptación de 'Los justos' y 'La mirada del otro'- son dos cortes aplicados a una misma realidad social y política que nos ha tocado vivir a los españoles en el último medio siglo, y que interpelan al espectador sobre su personal punto de vista frente a esa realidad concreta: el terrorismo y sus falsas premisas para justificar  lo injustificable, y la necesidad del diálogo como única vía para  restablecer la convivencia civilizada. La obra de María San Miguel y Chani Martín es directa, seca, punzante y precisa y en ella plantea el programa secreto que, en algún momento, fue puesto en marcha por las autoridades penitenciarias para propiciar encuentros entre víctimas y presos arrepentidos. 

En concreto, en esta obra, la acción tiene lugar en la cárcel de Nanclares de Oca, Álava, el 25/4/2010. Los terroristas no van a recibir ningún beneficio penal por acogerse a él.  Aún así, Aitor está decidido a acogerse a él y confiesa a la abogada mediadora que al principio, después del asesinato, no pensaba nada pero que, con el tiempo, se dio cuenta de que era un asesino. Luego, con las víctimas de los Gal, se abrió una grieta y, 14 años después de ingresar en prisión, lo que piensa es en salir de la cárcel. Estíbaliz, la víctima, y el otro polo necesario en este diálogo,  recuerda su infancia, las cosas que hacía con su aita (la víctima de la banda). Cómo se reía, darle un beso. Recuerda también el día del asesinato de su padre, cuando su madre y ella estaban preparando la comida, después de haber tomado el aperitivo con su padre en el bar donde fue asesinado por la espalda.

Catorce años después del atentado mortal, el verdugo y la hija de la víctima, Estíbaliz, se encuentran en la cárcel. La tensión en los comienzos del encuentro -siempre con la mediadora presente- es brutal. Ambos están sentados en taburetes y separados, en los extremos de dos mesas cuadradas unidas. Estíbaliz mira cara a cara a Aitor quién, sin embargo, no se atreve a levantar los ojos del suelo: "Aitor, esta es Estíbaliz -rompe el hielo la abogada-, como sabes víctima directa tuya. Estíbaliz, este es Aitor, que como también sabes participó en el atentado donde asesinaron a tu padre".

Rotos ya esos instantes eternos, víctima y exetarra hablan. A Estíbaliz le parece increíble que alguien, sin conocer siquiera a su padre, lo matara por la espalda. Aitor le dice que no piensas lo que haces: "Matar te desborda. Actúas como un robot". Como iban dos, lo echaron a cara o cruz, para ver quién pegaba el tiro y le tocó a él. Después de matar, se suben al coche y no hablan de lo que han hecho -Aitor casi escupe sus palabras-. Solo, siguen instrucciones de la banda que le facilitan en un cuaderno. Solo piensan que es lo mejor para la organización a la que pertenecen para la liberación de su pueblo.

Aitor llora y pide perdón a Estíbaliz que no está segura de saber   ni de poder  corresponderle... En la primera salida de Aitor de prisión, en régimen abierto, después de cumplir dos terceras partes de su condena, acude al homenaje anual que los amigos y familiares rinden al padre de Estíbaliz. Lo hace con trece claveles rojos y uno blanco. El número de claveles corresponde a los años que está pagando por la acción de la que se arrepiente y  el blanco quiere simbolizar el inicio de una nueva vida.

María San Miguel y Chani Martín han escrito un texto lleno de fuerza  y honestidad en el que todas y cada una de las palabras que se utilizan en él han sido medidas con precisión. Una labor necesaria para plantear un asunto espinoso, tan escabroso como necesario  en un momento en que hay que pasar página de un capítulo negro  de la historia de España, que se ha saldado con la muerte de  centenares de víctimas inocentes a manos de hombres y mujeres   que han utilizado la violencia política y el asesinato como  herramienta de presión al Estado, sin importarles las tragedias  personales y sociales que todo eso trajera consigo.
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