20 de septiembre de 2020, 23:06:45
Opinión


Antesala de un gran cambio

Por José Luis Gómez


La campaña para estas elecciones municipales y parcialmente autonómicas ha permitido constatar, con mayor intensidad que lo observado en la campaña europea, el cambio del mapa político español, con fuerzas emergentes como Podemos y Ciudadanos e incluso con renovaciones importantes en partidos tradicionales como el PSOE, el PP o IU. Si bien estas elecciones no son las más apropiadas para definir un nuevo modelo de país, algo que solo cabe esperar de unas elecciones generales, no es menos cierto que esa idea es lo que subyace. Esta vez, más que nunca, se ha hablado de política general en una campaña teóricamente local. También, por supuesto, de economía, de desigualdad y de corrupción.

Hay un nuevo país por delante, como bien explica el libro de Javier Santiso España 3.0, de Planeta, y todo parece indicar que las elecciones generales marcarán un cambio de época, del que pueden ser antesala estas elecciones locales y autonómicas.

Desde el punto de vista político se hace de rogar una reforma institucional importante, paralela a un cambio de modelo económico, de modo que España deje definitivamente atrás su economía del ladrillo para adentrarse en otra ligada al conocimiento, más abierta al exterior, lo cual exige, a su vez, una reforma educativa de gran calado. Gobierne quien gobierne, son deberes que el país deberá afrontar de inmediato, a riesgo de quedarse atrás y de acentuar la desigualdad. La alternativa a no hacerlo incluye no solo desigualdad, sino desempleo, deuda y, en el mejor de los casos, un crecimiento insuficiente para mantener el Estado de bienestar.

Este tipo de planteamientos podrían parecer exclusivos de España, debido a la crisis, pero llevan años en el debate político de otros países, empezando por la primera potencia mundial: Estados Unidos. Cualquier discurso de Barack Obama habla de estos temas, a su vez desarrollados en sus cartas semanales a los estadounidenses con una pedagogía admirable. Lo que sí es muy peculiar de España es su nivel de corrupción y de economía sumergida. La primera es especialmente acusada en las altas instancias pero la segunda capilariza todos los estamentos. El veterano periodista Enrique Arias suele comentar al respecto que mientras no se regenere la vida social, la otra, la vida pública, seguirá siendo, a mayor escala, el reflejo podrido de la falta de valores que fomenta la corrupción en la sociedad. Tal vez no le falte razón. 
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