21 de noviembre de 2019, 9:25:08
Opinión


Cherchez les femmes

Por Luis Peiro


Las caras de Esperanza Aguirre, María Dolores de Cospedal, Rita Barberá y Luisa Fernanda Rudi al filo de la madrugada lo decían todo sobre la victoria popular: desolación, rabia y hasta soberbia mal contenida. Con ellas se han marchado las mayorías absolutas de este país. Cabe aventurar que no volverán hasta que nuestros nietos o los hijos de nuestros nietos puedan votar.

Sonrisa Profidén. Amplia y blanquísima de Albert Ribera que se siente conquistador del voto del centro en toda España. Bien para empezar pero ojo que no tiene muchos más apoyos que la UPyD a la que acaba de destrozar. Y no es seguro que pueda elevar mucho su techo.

Sonrisa abierta y maliciosa, la de Pablo Iglesias. El principal emergente es de hecho y por derecho la tercera fuerza política de España (aunque no lo certifique el recuento del 24M) y ha revolucionado el sistema propinando un mandoble histórico al bipartidismo que apenas salva el 50 por 100 de los votos. Pero cuidado que salvo en los ayuntamientos de Madrid y Barcelona, y habrá que verlo, solo tocarán poder si apoyan al PSOE y a los otros partidos de izquierda. Porque por muy meritorio sorpasso que se haya producido en algún territorio y por mucho que se tambaleen los de la casta aquí solo gobernarán en la mayoría de comunidades y de ayuntamientos los de la casta: los dos grandes, aunque intercambien gobierno y oposición, y los partidos nacionalistas. Revolcón pero menos. Y el futuro aún no está escrito.

Una cierta sonrisa. La de Guillermo Fernández Vara, Javier Fernández, Susana Díez y también, claro está, la de Pedro Sánchez. El PSOE recupera poder y se acerca al PP, partido  que hace cuatro años lo borró del mapa. Tiene 700.000 votantes menos que hace cuatro años pero 2 millones más que en las europeas de hace solo un año. Si no fuera por la irrupción de Podemos los socialistas hoy tendrían más votos que el PP y posiblemente serían los mejor colocados para ganar las elecciones generales. Pero cuidado que el pan para hoy en comunidades autónomas y ayuntamientos puede ser el hambre de mañana en las elecciones generales. ¿El apoyo de Podemos, si es que se da, sería el abrazo del oso?

Fin del discurso. "Evitamos el rescate, logramos la recuperación económica y el crecimiento y hemos conseguido que vuelva el empleo a mansalva. Vótanos y evitaremos la vuelta a las políticas fracasadas y las aventuras radicales". Ya solo se lo creen los más crédulos entre los militantes del PP. Los demás no lo compran. El discurso alternativo del PP parece ser el del miedo: "¿quiere usted que la ultraizquierda se consolide y acabe con todo?" Rajoy tendrá que encontrar urgentemente algún argumento que les salve del desastre.

¿Y si todo siguiera igual? Banderazo de salida para todo tipo de pactos. Si los logra el PP puede salvar algunos de los muebles. Con cualquiera de los posibles y con pocos acuerdos que obtuvieran los del PSOE  ganarían más poder institucional. La duda está en si los partidos emergentes, Podemos y Ciudadanos, se prestan a perder ya la virginidad apoyando a unos u a otros o esperaran apenas seis meses, sin casarse con nadie, para llegar inmaculados a las elecciones generales. Seguirían con la cantinela de la lucha contra la corrupción y la renovación democrática en las instituciones y en las tertulias políticas pero sin mover un dedo o presentar alternativas reales de gobierno, dejando hacer a los políticos de las listas más votadas. Las femmes fatales de la derecha mantendrían sus alcaldías y comunidades autónomas como si nada hubiera pasado, aunque siendo marionetas de los caprichos ocasionales y postureos electorales de sus oposiciones. La pesadilla que vive hoy la comunidad andaluza se extendería a toda España durante un semestre de engañosa normalidad. Pasadas las elecciones generales se produciría la gran catarsis con mociones de censura por doquier y pactos múltiples para cuatro años.

Con pesadilla o sin ella parece que nos adentramos sin remedio en el nuevo panorama político que vislumbraba hace unas semanas Felipe González: "España se italianiza. El problema es que aquí no tenemos italianos". Apasionante, ¿no?
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