19 de octubre de 2019, 19:09:59
Teatro


La Compañía Club Caníbal disecciona sobre el escenario una parte del alma española en ‘Desde aquí veo sucia la plaza’

Por José-Miguel Vila / @josemiguelvila

Tal y como se están poniendo las cosas, aquí hay que tener mucho ojito con lo que dices públicamente porque acaso unos años después llega alguien, tira de hemeroteca y resulta que aquello que te había parecido tan gracioso, tan ocurrente, tan sarcástico, tan original incluso tan enraizado en la más genuina tradición... pues resulta que puede herir susceptibilidades de personas o instituciones en función de los nuevos valores imperantes en los tiempos que corren. Vale, pues ese miedo no lo busques en ‘Desde aquí veo sucia la plaza’, dirigida por Chiqui Carabante. Su estreno oficial se produjo los pasados días 11 y 12 de Julio en el Plató Cineteca de las Naves del Español, dentro del Festival Frinje Madrid 15, pero su destino es imprevisible porque, seguro, dará mucho que hablar.


La pieza, de unos 90 minutos de duración, está llena de un humor negro, absurdo, incluso surrealista, pero con hondas raíces sociológicas y antropológicas sobre la identidad española. La ironía, el sarcasmo y el humor zumbón no dejan de sobrevolar (¡Uy, perdón por el verbo...! Ahora después me explico) el escenario, en una sucesión de sketches sin solución de continuidad en donde la realidad deformada de cuanto ahí se ve, en el fondo no deja de ser una fotografía interior del alma española tan cercana al neorrealismo como al absurdo y al surrealismo.

‘Desde aquí veo sucia la plaza’ es la primera parte de una trilogía -“Crónicas ibéricas”- en la que la compañía Club Caníbal se hace heredera directa de la aprehensión de una realidad que no puede verse a simple vista, pero que con ayuda de algún espejo deformado, adquiere toda su miseria y su grandeza. Así lo hizo a principios del XX Valle Inclán en sus esperpentos, fruto de la imagen deformada que reflejan los espejos del Callejón del Gato, o la otra imagen surrealista de García Berlanga en ‘La escopeta nacional’, en donde diversos estratos sociales y políticos del país se ven radiografiados sobre la gran pantalla con la precisión de un entomólogo social.

Club Caníbal, además del director del montaje, Chiqui Carabante, la componen Vito Sanz, Font García y Juan Vinuesa. Los tres actores dan vida a los personajes de todo un pueblo que se debate entre la tradición centenaria de lanzar una cabra desde el campanario cuando llegan las fiestas del santo patrón, y el ser considerados como prototipo de una comunidad que hace de la barbarie su razón de ser. La tradición no es bien vista en Europa y el alcalde -Agustín, dueño de una empresa de palés- y las “fuerzas vivas” del pueblo, que las integran, entre otros, el rico del pueblo, don Arturo, en su silla de ruedas; Tomás, el cabrero; las señoras; los jóvenes; el ayuntamiento en pleno; Tato, primo quinto de Agustín,… Todos están dispuestos a dejarse la vida defendiendo “la volá”. Pero hay, además, muchos otros personajes y con intereses muy distintos: los tricornios azules que matan de un tiro a la última cabra, Clarita; Manuel, el amigo diputado; su secretaria; José Antonio, el primo del alcalde, y actor de profesión. Todos esos personajes son encarnados por los tres actores en un delirante tiovivo que llevan al espectador a transitar por una sucesión de acontecimientos que van a cambiar algo en el pueblo.

Resistencia numantina

Los aborígenes no van a poner nada fácil a Bruselas la pretensión de despojarse de la noche a la mañana de una fiesta que, para ellos, constituye la más genuina seña de identidad de Villanueva de la Faca, y harán lo imposible -hasta ir a defender la causa al mismo Parlamento Europeo- por seguir manteniendo cada año que “la volá” sobrevuele las cabezas de mozos y mozas del pueblo hasta estrellarse contra el suelo, dejando un reguero de sangre.

En un ambiente festivo, como el que puede verse cualquier verano en nuestros pueblos, la plaza repleta de luces con globos de papel rosa y amarillo, unos cuantos objetos sencillos y polivalentes están ahí, anclados en el espacio escénico. Una mesa antigua que lo mismo sirve de ataúd que de campanario o de estrado desde donde se pronuncian los discursos del Parlamento Europeo; un par de sillas; un cuadro vulgar con un paisaje más vulgar todavía, clavado en la pared; dos asientos de autobús, y un armario ropero, sin puertas, lleno de la ropa que irán utilizando los tres actores en cada cambio de personaje y escena.

Vito Sanz, Font García y Juan Vinuesa, que tanto monta, monta tanto, son tres actores cómicos estupendos que no paran de arrancar la sonrisa, la risa o la carcajada del público en cada uno de los cuadros en los que se divide el montaje. La escasez de atrezzo la compensan con su extraordinaria y permanente capacidad de transformación en los muchísimos personajes que transitan la escena , con la eficaz ayuda de un espléndido espacio sonoro capaz de transportar al espectador a las montañas del pueblo, llenas de cabras pastando alegres por el prado (ajenas a la suerte que le espera a alguna de ellas, que va a ser la elegida para ser arrojada desde lo alto del campanario), al ambiente festivo del pueblo, el viaje de 56 horas de ida y otras tantas de vuelta, desde el pueblo al corazón de la misma Europa, a la sede de las instituciones de la UE, pasando por lo alto del campanario, u despacho sofisticado en donde están las pantallas de plasma a través de las que se producen y graban todas las intervenciones del partido gobernante...
Hora y media, en definitiva, llena de humor negro que, a través del absurdo, nos hace desembocar en una realidad tan presente en el aquí y el ahora de esta España nuestra, que funde paisaje y paisanaje en tradiciones que, en cuestión de segundos, suben a las redes sociales, para escándalo de Europa, ese ente del que formamos parte de pleno derecho, pero del que nos separan siglos de luz y de tolerancia. Y de los europeos, esos señores que están al otro lado de los Pirineos, que no son capaces de apreciar la poesía que encierra un buen vuelo de una cabra sobre las cabezas de todo el pueblo de Villanueva de la Faca...


‘Desde aquí veo sucia la plaza’
Dirección: Chiqui Carabante
Interpretación: Font García, Vito Sanz, Juan Vinuesa
Espacio escénico y figurines: Salvador Carabante
Música: Pablo Peña
Diseño de luces: Nerea Castresana Yarza
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