12 de diciembre de 2019, 20:40:18
Opinión


Tres eran tres

Por Gabriel Elorriaga F.


Cuando más falta le hace a Europa sentirse libre, segura y ordenada, tres individualidades excavadas en la arqueología izquierdista han surgido para complicar el equilibrio institucional en tres lugares con gloriosas referencias históricas: Grecia, Gran Bretaña y España. Se trata de Tsipras, Corbyn e Iglesias, tres “personajes en busca de autor” capaces de desorientar al electorado que se autoconsidera “progresista”, con sus populismos estilo “Belle Époque”. Dicen que los ingleses llaman a Jeremy Corbyn el Pablo Iglesias británico. Ni Pablo Iglesias podía llegar más alto ni el laborismo británico más bajo.

Ha sido necesaria una severa crisis económica para que el radicalismo encontrase sectores sociales lo suficientemente dañados o decepcionados para no percatarse de que su situación, aún en malas circunstancias, es la menos desfavorable y la que mejores perspectivas de futuro preferible a cualquier ruptura del proceso de integración y desarrollo económico de la Unión Europea, cuyo retroceso no sería sino la vuelta a las tinieblas casi medievales de las confrontaciones entre modelos de Estado. Que los espacios de centro-izquierda se vean desnaturalizados por esta clase de folklore tercermundista equivaldría a que nos encontrásemos a los espacios del centro-derecha desbordados por “conductores” de estilo fascista. Esa Europa envidiada, hacia donde las mafias conducen las riadas de “refugiados del mundo”, a la búsqueda del calor del Derecho, la libertad, el trabajo o la salud, está siendo contravertida en su interior por este tipo de predicadores vanidosos que lo mismo proponen romper los lazos comunitarios, salir de la moneda única, espantar a las inversiones multinacionales o jugar al palé con el tesoro público. Con sus teóricos procesos revisionistas de vocación inflamable están distrayendo a los sectores más ingenuos del electorado de la coyuntura de una Europa que afronta, sola y serena, los desafíos de un ataque a sus valores espirituales, a su conciencia igualitaria y a su respeto a la pluralidad frente a la marea de un extremismo musulmán sangriento, antifeminista y anticultural, ante el que no reaccionan proporcionadamente ni los musulmanes aún inmunes ni la gran potencia norteamericana, al menos mientras no concluya el mandato de Obama y su sueño de las “primaveras árabes”.

La falta de una cultura de defensa y el desconocimiento de que la función primordial de todo Estado digno de tal nombre es garantizar la integridad de su territorio, la seguridad de sus habitantes y la vigencia de sus leyes, convierte a estos demagogos en dinamiteros de la estabilidad de las democracias constitucionales en los momentos más inoportunos. Incumplido el llamado sistema de Dublín por el cual todo refugiado en Europa debe pedir asilo en el país de entrada de la Unión Europea que pise, las avalanchas humanas procedentes del Oriente Próximo son como extensiones desestabilizadoras del conflicto islámico que ha declarado la guerra unilateralmente al mundo libre de tradición cristiana.

En pleno conflicto, a la vez humanitario y estratégico, este trio de agitadores personalistas sin conciencia de la dimensión religiosa y militar del problema, juegan con la imagen polifacética de un Pablo Iglesias Turrón que lo mismo adopta la fórmula del chavismo carcelario de Maduro, el caos económico de Tsipras o el peronismo corrupto de Kirchner. Todos ellos versos sueltos de un poema capaz de rimar con la música del enemigo. Nada más simbólico que ver a unos seguidores de “Podemos”, no muy numerosos por cierto, manifestarse ante el Ministerio de Asuntos Exteriores y no ante una mezquita con su pancarta de “Sí a la paz, no a la Guerra”, como si fuesen los diplomáticos españoles quienes degüellan a los infieles o pulverizan los templos de Palmira, mientras Maduro permite entrenarse en Venezuela a grupos islamistas, Tsipras se niega a ningún programa común para afrontar el caos económico y el Pablo Iglesias británico tiene como jefe de campaña a McDonnell el “pacifista” que afirmó, en su día, que “El IRA debe de ser honrado por su lucha armada” porque, según este sujeto, gracias a la violencia, Gran Bretaña se sentó a la mesa de negociación. El trio de la bencina no puede disimular, por muy melifluo que modere su lenguaje Pablo Iglesias, los cocteles molotov que lleva en los bolsillos de sus pantalones de campaña. Tres eran tres las hijas de Helena y, como dice la canción, ninguna era buena. Tres eran tres los hongos venenosos que se han adherido al tronco de una Europa que no fue capaz de desprenderse a tiempo del precedente Helénico. Una mala pedagogía.

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