11 de diciembre de 2019, 15:18:22
Castilla-La Mancha


Una jornada de reflexión que necesita pensárselo bien

Por Fernando Jáuregui


Escribo desde Barcelona. La ciudad, que vive el puente de la Mercé, se aprestaba este viernes a clausurar una campaña electoral intensa, llena de mensajes increíblemente simples. Una campaña que desembocará en la jornada electoral de este domingo, tras la cual, gane quien gane, nadie, absolutamente nadie, sabe lo que ocurrirá a continuación. He hablado con gentes de procedencias diversas, he asistido a reflexiones extrañas, por lo alambicado, por lo surrealista, por lo miopes. Hace unas horas, una madre, de extracción conservadora, su hija y su marido, castellanoparlante, me decían que ellos votarán ‘sí’ a la independencia.
No son, me advierten, independentistas, y comparten una misma reflexión: saben que el ‘sí’ a la secesión no triunfará, que Cataluña -afortunadamente, dicen- no se separará de España, pero quieren ‘darle una bofetada’ a Mariano Rajoy (¿?). Puede que el presidente del Gobierno central se haya convertido en un icono a batir con su política de firmeza (y de tozudez), pero no me negará usted que la reflexión por el voto de mis amigos no es un tanto barroca. Como barroco es el debate acerca de si los catalanes, si se separasen de España -que es una posibilidad que inexplicablemente admiten muchos que se confiesan contra la independencia-, seguirían o no siendo españoles.
El ‘lapsus’ de Rajoy en su entrevista con Carlos Alsina, mostrando desconocer que el artículo 11 de la Constitución dice que ningún español puede ser privado de su nacionalidad ha dado paso a discusiones surrealistas, en las que quienes quieren marcharse a toda costa de España y abominan de la Constitución de 1978 claman que esa misma Constitución les da derecho a seguir siendo españoles, en tanto que catalanes, y, por tanto, europeos, faltaría más. El tema da para muchas disquisiciones jurídicas, pero tampoco en este punto me negará usted, amable lector, que existe una buena dosis de enloquecimiento. La campaña no ha servido para aclarar el futuro, sino para oscurecerlo aún más. Los de ‘Junts pel sí’ no han sabido ni querido especificar qué piensan hacer a partir del lunes próximo, excepto, claro, preparar una independencia (si ganan por mayoría absoluta, desde luego) que tampoco sabemos muy bien cómo llegará: ¿con un referéndum? ¿Una machada, declarando el Estat Catalá desde el Parlament? Ambas cosas parecen improbables. Y ¿qué Govern pavimentaría el camino a la independencia? ¿Presidido por Romeva, por el mismo Mas de siempre, con consellers de Convergencia, de Esquerra, procedentes de la Asamblea, de Omnium? ¿Aliados con la CUP, que, aunque lo ha disimulado bastante en esta campaña, se sitúa al filo del sistema? Claro que del lado antisecesionista las confusiones son iguales o mayores. Primero, porque cada uno ha hecho la campaña a su manera, empeñándose en considerar autonómicas y casi unas primarias para las generales de diciembre unas elecciones, las de este domingo, que de hecho no pueden ser más plebiscitarias. Asistí a un mítin-almuerzo de Pedro Sánchez en la Barceloneta y el secretario general del PSOE apenas habló de otra cosa que de su confrontación futura con Rajoy en la pugna por La Moncloa.
El propio Rajoy tampoco acierta precisamente en sus mensajes a los catalanes: obviedad tras obviedad, ha perdido la oportunidad de lanzar promesas de cambio, para ayudar a que los ciudadanos sientan que ‘Madrid’ no los olvida ni los margina; por increíble que parezca ‘desde Madrid’, esta es la sensación que cualquiera puede recoger aquí tanto si habla con empresarios potentes o medianos o pequeños como con sindicalistas, comerciantes, taxistas o jubilados.
Y Artur Mas, los del ‘sí’ y los medios autóctonos saben explotar esa sensación, máxime si se adereza con ciertas amenazas de catástrofe si el ‘sí’ triunfa. La campaña, desde luego, no ha servido para cambiar este estado de cosas, sino para acentuarlo. Especialmente, con interenciones como la del gobernador del Banco de España, que se vió obligado a desmentirse a sí mismo por haber dicho que el ‘corralito’ financiero amenazaba a los catalanes si abandonasen España. Y ahora, ante esta jornada de reflexión tras semanas de irreflexión absoluta, de ‘hacer el indio’ -lo dice un conocido columnista de un periódico barcelonés--, la gran pregunta es si la realidad dará un vuelco al veredicto de las encuestas, que han seguido haciéndose y circulan de boca en boca sin poderse publicar merced a la absurda legislación electoral española.
¿Logrará o no el ‘junts’ mayoría absoluta que dé paso a quién sabe qué? ¿No la logrará, y entonces se abrirá paso a una coalición de quién sabe quién con quién? ¿Hasta qué punto la división tremenda que se palpa en la sociedad catalana entre los del ‘sí’ y los del ‘no’ tendrá consecuencias en el desarrollo de esta Comunidad? ¿Qué efectos tendrá en la política española de diciembre lo que ocurra en las elecciones catalanes –por ejemplo: ¿se consolida Sánchez al frente del PSOE? ¿Se perfila Albert Rivera como el inminente líder de un centro-derecha español? ¿Se hunde Pablo Iglesias en sus propias tinieblas confusas? Lo dicho: menuda jornada de reflexión previa a unas elecciones que van a cambiar nuestro futuro, el de todos. Porque de una sola cosa tenemos certeza: a partir de la noche de este domingo nada va a ser igual.
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