4 de diciembre de 2020, 3:30:38
Nacional


Las primeras decisiones del nuevo gobierno catalán obligarán a Rajoy a actuar en plena campaña de las Generales

> Si la CUP no complica la formación del nuevo Govern, la 'hoja de ruta' independentista podría arrancar a escasas semanas de la cita con las urnas de diciembre
> Albert Rivera se erige en el gran triunfador a costa del PP, última fuerza política del Parlament
> Miquel Iceta se consolida a duras penas como líder del PSC y avala la estrategia de Pedro Sánchez
> Íñigo Errejón, sin paños calientes, admite que es un "mal resultado" para la marca de Podemos

Por Vicente Mateu

El nuevo Gobierno de la Generalitat podrá empezar a tomar decisiones a finales de noviembre, a escasas fechas de la cita con las urnas de las elecciones Generales, siempre y cuando la CUP, la llave de la mayoría absoluta, no complique la vida a Junts pel Sí y se repita un escenario ‘a la andaluza’. Queda por ver en qué quedan las aspiraciones independentistas, pero si se aplica la ‘hoja de ruta’ prevista, Mariano Rajoy puede encontrarse con una ‘patata caliente’ en plena campaña y tener que tomar decisiones desde La Moncloa que sin duda afectarán al resultado. ¿Cómo? La respuesta tendrá que esperar hasta el 20 de diciembre, de momento la fecha más probable. Mientras tanto, España “está en una situación muy difícil, en un callejón sin salida”, en palabras de un resignado Pablo Iglesias, esta vez en la trinchera de los perdedores.


En 20 días, el nuevo Parlament deberá estar constituido y, a partir de ese momento, si su nuevo presidente pisa el acelerador, la votación de investidura puede ser cuestión de pocas semanas. En ese momento comienza el plazo de dos meses para que los candidatos a presidir la Generalitat -en teoría, sólo en teoría, Artur Mas- consigan la mayoría necesaria, es decir, que son los 10 diputados de la CUP los que marcan los plazos de una negociación que no va a ser fácil y de la que dependerá la fuerza negociadora del nuevo Govern frente a Madrid.

Y en Madrid estará esperándole Mariano Rajoy. Imprevisible aunque él diga lo contrario, el presidente del Gobierno y candidato del PP a las Generales puede verse forzado a actuar si Artur Mas –o quien finalmente sea elegido- tiene prisa por cumplir sus objetivos. No hay que descartar que éste prefiera esperar a ver si La Moncloa recibe en enero a un nuevo inquilino, pero es una apuesta arriesgada.

Un auténtico encaje de bolillos político en el que Mariano Rajoy tendrá, además, que contar con su principal enemigo electoral, los Ciudadanos que le han robado la cartera al PP en Cataluña y lo han relegado al fondo del Parlament. Su apuesta por Xavier Albiol ha sido un auténtico desastre, se mire como se mire. Ha perdido más de 150.00 votos respecto a 2012.

Albiol, para rematarlo, puso anoche como primera excusa que recogió el testigo de Alicia Sánchez Camacho con muy poco tiempo para remontar unas encuestas que en esos momentos daban al PP “entre seis y siete diputados. Yo he sacado 11”. Otro argumento para quienes en Génova critican el manejo de los tiempos por parte de su secretario general. Desde allí, Pablo Casado, admitió que “esperábamos más”.

Albert Rivera, en cambio, puede presumir de ser el nuevo referente del centro derecha. Es, sin duda, el verdadero triunfador de las elecciones con sus más de 600.000 votantes, el triple de hace cuatro años. Inés Arrimadas ha sido un éxito incluso descontando el peso mediático del carismático líder de un partido nacido, precisamente, en Cataluña “con un proyecto para toda España”, el mensaje con que terminó ayer su comparecencia entre gritos de “presidente, presidente” de sus enardecidos seguidores.

Miquel Iceta finalmente sólo ha conseguido salvar los muebles, que en el caso del PSC ya es una heroicidad. Pese a mantener prácticamente el mismo número de votantes que en 2012, ha perdido cuatro escaños aguando la euforia que se desató entre los socialistas al comenzar el recuento. La cara seria de Pedro Sánchez en su intervención de esta noche es el reconocimiento de una derrota, por muy agridulce que sepa y pueda interpretarse como un aval a su gestión como secretario general y candidato a Presidente del Gobierno. El resignado líder del PSOE insistió en su llamada al diálogo y pidió a Artur Mas que “no cree más problemas”.

Para rostros compungidos los de los líderes de Podemos. Primero fue Íñigo Errejón admitiendo que los 11 escaños de Cat si que es Pot es un "mal resultado". Sin paliativos. Después fue Pablo Iglesias, admitiendo errores pero quejándose -con indisimulada amargura- de un resultado que cree que “es un callejón sin salida” y coloca a España “en una situación muy difícil”. Su batalla, sin embargo, no está en Cataluña. Sus votantes son los mismos 360.000 que hace cuatro años dieron 13 escaños a ICV, a los que hoy la fragmentación del espectro político ha quitado dos.

En cuanto a Josep Antoni Duran i Lleida y su Unió, convertidos en fuerza extraparlamentaria, su destino se limita ya a los libros de Historia. Sus 100.000 votos, por cierto, no han hecho la más mínima mella en Junts pel Sí: Convergència y ERC han obtenido 1,6 millones de votos, exactamente los mismos que sumaron ambos partidos en 2012, cuando aún eran CiU.

El aumento de la participación no ha servido, por tanto, para incrementar el apoyo de la coalición independentista ni de la izquierda ‘moderada’. El medio millón de nuevos votantes se los han llevado en exclusiva Ciudadanos y CUP, más de 300.000 para los primeros y algo más de 150.000 para los segundos. Un buen dato con el que seguramente disfrutarán los sociólogos.



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