10 de diciembre de 2019, 6:16:58
Teatro


‘Los nadadores nocturnos’ insisten en su visión apocalíptica y visionaria del mundo

Por José-Miguel Vila / @josemiguelvila


“Un pesimista e inquietante paisaje humano en un brillante montaje”. Así es como definíamos a ‘Los nadadores nocturnos’, con texto de José Manuel Mora y dirección de Carlota Ferrer (reciente Premio Ojo Crítico de Teatro), en la crítica que sobre el espectáculo publicábamos el 21 de septiembre de 2014 (http://www.diariocritico.com/ocio/teatro/critica-de-teatro/462752).

Un año después, el montaje tiene en su haber el Premio Max al Espectáculo Revelación en 2015, y un largo recorrido por diversos escenarios de nuestro país con el unánime aval de crítica y público.

Ahora, y solo durante cinco días, ‘Los nadadores nocturnos’ han vuelto a Madrid, a la Sala José Luis Alonso del Teatro de La Abadía, al que tan vinculada está su directora, y ha permanecido en cartel del 4 al 8 de noviembre. Después de tan agradable recuerdo en aquel primer acercamiento al montaje, hemos querido volver a verlo, esta vez en un nuevo escenario -entonces fueron las Naves del Español- y con algunas variaciones en el elenco inicial, en el que han cambiado tres actores y una actriz, de los siete que forman el reparto. Continúan Joaquín Hinojosa (construye un Jean G. sublime, después de haber profundizado en el papel de su personaje y hacerse dueño del escenario de principio a fin del montaje); Esther Ortega y Paloma Díaz, soberbias también en sus papeles respectivos (la primera, una mujer obsesionada por el sexo a toda costa, y la segunda, una chica invisible en busca del amor). Y, junto a ellas, Cristina Subirats,una ‘chica de buena familia’, con una preciosa voz; Alberto Jo Lee, un ‘chico normal y razonable’ que confía en la fuerza de la costumbre como antídoto al abismo que se abre en su vida; Diego Garrido, un joven acomplejado que cree habitar ‘un cuerpo equivocado’ y, en último lugar, Alberto Velasco, encarnando a un joven ‘paloma’ que persigue todo tipo de desechos, incluidos los excrementos. También estos últimos cuatro actores están magníficos en sus papeles y hacen olvidar a los también estupendos compañeros que los encarnaban entonces.

Segundas lecturas

Las obras que apasionan -y ‘Los nadadores nocturnos’ es, para mí, una de ellas- permiten siempre descubrir nuevos aspectos, nuevas aristas, nuevos matices, en las segundas y sucesivas lecturas y, más aún, en los visionados del espectáculo. Para empezar, y en esta ocasión, ese mundo enfermo que no deja margen para la inocencia, que habitan estos nadadores hastiados, confusos, que nadan en la incomunicación, el desamor y la soledad más absoluta… Ese mundo enfermo, digo, me ha parecido aún más enfermo; el montaje ahonda aún más en el profundo pesimismo (mejor aún, nihilismo) que rezuma el texto original. Un mundo del que no hay salida posible, ni siquiera con la más radical de las revoluciones, y al que ya solo le queda la autodestrucción.

Las historias fragmentadas que se presentan a lo largo del montaje, apenas dejan espacio para el diálogo o la empatía, y las protagonizan seres atormentados, insatisfechos, profundamente pesimistas y encerrados en sí mismos, a los que solo la luz que les proyecta su líder (genial, -repito-, Hinojosa), les provoca un halo de certidumbre: “un árbol sin raíces muere, el hombre no”..., “Cuando oscurece, siempre se necesita a alguien” (esta frase aparece también escrita en las dos mesas que juntan una vez que se quitan los bañadores y se visten de gala).

Recojo aquí, solo a título de ilustración de lo apuntado más arriba, algunas frases anotadas a vuelapluma de alguno de estos personajes extremadamente atormentados. La mujer rota (Esther Ortega) enamorada de Jean G. afirma que: “no se dormir con un hombre y no hacer planes de futuro”. “La caricia verdadera no tiene fin”, o “¿podría alguien follarme antes de que esto termine?" (Al final, el chico paloma le hace el amor “de la forma más convencional”). El chico normal y razonable (Alberto Jo Lee), por su parte, hace toda una declaración de principios: “no soporto a los maricones,... a las lesbianas, que el servicio no sea amable, las madres que amamantan a los hijos en cualquier parte…, no soporto a los que fuman puros...”. “No siento ningún cariño por mi familia…, sólo vértigo y perplejidad por lo que sucede en el mundo”. El chico del cuerpo equivocado cuya mayor fragilidad es no poder ser padre, siente que “quiero aceptar mi cuerpo y vivir con él”. Y, por último, el chico paloma piensa que “vivimos en un sistema enfermo y fragmentado...”.

La música en directo, con la guitarra eléctrica de Diego Garrido, las canciones, la danza de todos los actores, la determinación y la fuerza de sus personajes delatan que detrás del montaje hay una figura como la de Carlota Ferrer, actriz, directora de escena, coreógrafa y entrenadora de actores.

El espacio escénico, también de Carlota Ferrer, tiñe la superficie del escenario de un rojo brillante, casi metalizado, e imprime un mayor tono futurista e inquietante a la historia. La fuerza de la iluminación, a cargo de José Espigares, y el espacio sonoro -especialmente en las escenas primera y última- son impactantes y meten de lleno al espectador en una historia apocalíptica y visionaria en donde todos los personajes, de uno u otro modo, buscan la muerte como única forma de redención y esperan que, después de ella, un mundo nuevo pueda surgir. Pero los nadadores no están solos. Sus voces distintas interpretan un dolor común que traspasa el escenario y se confunde con los dolores del público.

‘Los nadadores nocturnos’, de José Manuel Mora

Dirección: Carlota Ferrer

Intérpretes: Joaquín Hinojosa, Esther Ortega, Alberto Jo Lee, Paloma Díaz, Alberto Velasco, Diego Garrido y Cristina Subirats.

Teatro dela Abadía (4 al 8 de noviembre de 2015)

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