26 de octubre de 2020, 12:00:14
Música


Rozalén da un salto adelante en su carrera con 'Quién me ha visto', su nuevo disco

'Conciertazo' de presentación del último y magnífico disco de la polifacética artista

Por Emilio Martínez

Más mucho más que la cuadratura del círculo. Porque ha logrado el milagro laico y artístico que pedía otro genio a sus colegas: ser sublime sin interrupción. Casi nada. Casi todo. O todo. Y así lo cascabeleó una vez más en su concierto de este viernes en el Price. Pongamos que se habla escribe de Rozalén. Que bordó todos los temas de su excelente y reciente disco, 'Quién me ha visto', y del anterior.



Más mucho más que una cantante. Más. mucho más que una compositora. Más, mucho más. Porque 'la Rozalén', cual se le llama cariñosamente en el mundo profesional, como también lo hacen sus miles de seguidores, se ha subido a un altar superior de esta religión compulsiva y laica que es la música popular. Sí, a uno al que sólo ascienden una cantidad ínfima de sus colegas: el de intérprete.

Y no sólo por su inequívoca forma de vivir sus canciones. Y no sólo por sus inequívocas dotes de payasa -en el mejor y más lúdico de los sentidos- que ya apuntaba desde niña, No sólo. Es que Rozalén se rompe, se desborda en el escenario, se entrega a tope y, claro, semejante volcán estremece al máximo en su disfrute las fibras sensibles de sus afortunados oyentes.

Así transcurrió su recital de este viernes en e Teatro Circo Price, por supuesto con cartel de 'no hay billetes' desde varios días antes de la cita. En un ambiebte de fervor, Rozalén fue sublime desde la priera de sus interpretaciones -'Ahora'- al triple bis final con todo el público en pie coreando -como ya lo habían hecho a lo largo de la noche- sus letras.

Dejad que los niños se acerquen a mi... para cantar

Y con la explosión en este triplete de 'Saltan chispas', un título que resumía perfectamene la comunión de la artistaza con sus catecúmenos. Catecúmenos, por cierto, de todas las edades, como se demostró cuando en el turno de 'Las hadas existen' subieron al escenario, reclamados por la artista, no menos de tres decenas de chavales, a los que ofreció el micro para que cantaran con ella y protagonizaran lo que para ellos ya es un momento imborrable de sus vidas.

En el repaso a su maganífico segundo disco, 'Quién me ha visto', tanto sus nueve canciones propias - de 'Berlín' a 'Vuelves', pasano por 'Los artistas', 'Mi fe' y el resto- como las ajenas -'Ni tu ni yo', de Fetén Fetén (sus dos componentes, Diego Galaz y Jorge Arribas le acompañaron), 'La belleza', de Luis Eduardo Aute, y 'Hora de aventuras' con el 'celta corto' Jesús Cifuentes, también junto a ella sobre las tablas)-, una Rozalén perfecta de voz en todos los registros, lo bordó de manera sublime.

Como en los que definió con humor sus "grandes éxitos" de su anterior, 'Con derecho a...', algunos de los cuales intercaló y otros dejó para ese apoteosis final saltando chispas. Siempre, claro, con ese grupazo de músicos que la acompañan en directo con el productor del disco, Ismael Guijarro, al frente.

En definitiva, esta nueva diosa de la canción popular, tan parecida a otra 'monstrua', a otra sublime sin interrupción, La Lupe, contentó a todos, caló hondo en el alma de todos. Hasta el punto que a la salida del templo musical -de perfecto sonido- el personal iba feliz hacia Atocha y hacia Embajadores no sólo lanzándole parabienes sino cantando sus cacniones como himnos de vida. Es lo que tiene ser Rozalén. Es lo que tiene ser sublime sin interrupción.

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