4 de diciembre de 2020, 21:34:31
Opinión


¿Quién sucederá a Rajoy?

Por Fernando Jáuregui


En estos días trepidantes nadie da puntada sin hilo. Ahora, a la vista de lo cómo se plantean los debates televisivos, no falta quien se pregunte si el presidente y aspirante a lo mismo está ya maquinando su sucesión. Y, claro, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría está siendo muy citada, con causa o quizá sin ella, en los inquietos cenáculos y mentideros madrileños.

Rajoy tiene la fortuna de poder potenciar, en ‘cumbres’ europeas y del clima, su imagen internacional, aunque tampoco desdeña hacerse ‘selfies’ en plazas españolas, desde luego: quiere ganar las elecciones aunque sea dejando de ser el hombre retraído y algo adusto que siempre ha sido. Y todo vale: desde jugar al ping pong con un afamado presentador de información-espectáculo hasta dar una simpática colleja a su chaval -que, con su espontaneidad, se ha convertido en una especie de hijo para todos los españoles-, mientras comentaba la actualidad deportiva en una radio. Y, según todos los indicios demoscópicos, este Mariano Rajoy acierta cuando rectifica sobre su vieja política de puertas y labios cerrados. Ganará, cree la mayoría, las elecciones, aunque puede que a costa de tener que ceder el puesto en Moncloa a su ‘número dos’ en el Gobierno, dicen esos centros de rumorología y especulación que tanto proliferan por la bulliciosa Villa y Corte, entregada con pasión al espectáculo televisivo-político.

Hay una sobreexposición mediática de los candidatos, que lo mismo van –bueno, solo los emergentes—a un muy concurrido y comentado debate en la Universidad, que otorgan sus favores a Bertin Osborne, o a María Teresa Campos, o al Gran Wyoming, que se han convertido, junto a otras estrellas mediáticas, como Carlos Herrera o Ana Pastor, por poner algunos ejemplos, en los verdaderos ejes de una campaña que no va a ser, que no está siendo, como ninguna de las conocidas.

Así, los mítines están celebrándose cada día más cerca de la gente y más lejos de los atriles, lo que ya es un avance. O tome usted los debates televisados, que, a este paso, prometen ser más vistos que ‘Sálvame’ o hasta que algún partido de fútbol estelar. No comprendo por qué Rajoy, que parte con ventaja y con ventajas, ha renunciado a participar en encuentros ‘a cuatro’ con Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias: ganaría, precisamente porque los otros tres le atacarían principalmente a él. Pero ha preferido dejar este honor (y este riesgo) para su eficaz vicepresidenta, abriendo el portillo a toda suerte de hipótesis y especulaciones. A él, que le den los viejos y encorsetados debates a dos, donde todo está pactado…

Rajoy quiere ganar, pero a saber si quiere también permanecer. O si ya se siente un icono: se le vió disfrutando como nunca ejerciendo de comentarista deportivo y de padre amable. ¿Hollande y la guerra en Siria?¿Artur Mas y sus delirios? ¿Derrumbe de Abengoa? Esos son líos, en terminología del presidente; la opinión pública recordará mucho más al Rajoy de chanza con Manolo Lama que al estadista que sorteó la intervención económica del país o que mantuvo la ambigüedad cuando una parte de Europa se fue a la guerra en tierras lejanas. ¿Estamos acercándonos, precisamente cuando nos hallamos ante el mejor Rajoy, a la sucesión de Rajoy?

- El blog de Fernando Jáuregui: 'Cenáculos y mentideros'

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