25 de noviembre de 2020, 13:05:33
Nacional


A un día de las urnas, a los candidatos no les salen las cuentas... salvo a Pablo Iglesias

> Rajoy, Sánchez y Rivera cotizan a la baja mientras la "remontada" de Iglesias protagoniza el cierre de la campaña .
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Por Vicente Mateu

La ‘telecampaña’ electoral echa el cierre sin que a ninguno de los principales candidatos a presidente del Gobierno, salvo a Pablo Iglesias, le cuadren las cuentas. El gesto de Ángela Merkel cuando Mariano Rajoy le enseñaba un sondeo interno del PP es todo un indicio de lo que les espera este domingo en las urnas tanto al presidente, como a Pedro Sánchez, Albert Rivera y Alberto Garzón. La encuesta del CIS queda hoy muy lejos para todos. El PP será el primero, pero muy por debajo de sus expectativas, insuficiente para llevar la iniciativa, sobre todo porque C’s ya no sería, según la rumorología demoscópica, la segunda fuerza política… sino la cuarta. En medio quedarían PSOE y Podemos. La implantación territorial de los socialistas hace muy difícil el famoso ‘sorpasso’, lo contrario sería una tragedia. Ambos en cualquier caso aún andan lejos de la mayoría absoluta incluso sumando al atribulado candidato de Unidad Popular, al que tampoco le cuadran los números para tener al menos grupo parlamentario.


Hace aproximadamente un mes se daba prácticamente por desahuciado a un Pablo Iglesias que arrastraba su cansancio vital ante las cámaras. A pocas horas de que se abran las urnas, cierra la campaña electoral con el viento a su favor, casi toca con los dedos la “remontada” con que ha mantenido la tension de sus seguidores. El líder de Podemos es, sin duda, el previsible triunfador del sprint final del 20D sin que importe en qué lugar cruce la meta.

Podemos cotiza al alza y hay quien la ve como segunda fuerza política. Sin embargo, el éxito ‘morado’ depende también de Compromís, En Comú y de las ‘mareas’, que aportarán casi la mitad de los escaños de Iglesias. Un, o unos, grupos parlamentarios que seguramente harán exclamar a su portavoz aquello de “joder, qué tropa” que se le escapó a Rajoy. Está por ver en qué medida han tenido en cuenta las encuestas -salvo la del CIS- un factor que puede ser muy relevante en el recuento.

Y, por otra parte, los de Pedro Sánchez disponen de un ‘aparato’ que sí llega hasta el ultimo rincón de este país y les garantiza, quizá por una diferencia demasiado ajustada, ese ansiado segundo puesto como premio de consolación. Al candidato socialista no le preocupa la distancia con el PP, sino con Podemos, porque si se cumplen los pronósticos y se queda apenas un puñado de escaños por encima tendrá muchos problemas, al margen de que entre los dos no sumen una mayoría absoluta a la que tampoco ayudará mucho IU al parecer.

A Sánchez hay que reconocerle que ha intentado por todos los medios superar su evidente falta de carisma, ha sudado la camiseta como buen jugador de baloncesto y ha arriesgado en su debate con Mariano Rajoy como el que echa un órdago en el mus. Sus contrincantes tienen mejores cartas y las suyas las tiene marcadas por González, Zapatero, Rubalcaba… Sabe que, haga lo que haga, estará entre los perdedores. Bastante habrá hecho si consigue mantenerse como líder del ‘principal’ partido de la oposición.

Incluso puede ser el próximo presidente del Gobierno, su tabla de salvación, porque de lo contrario, si Podemos, o Ciudadanos relegan al PSOE al papel de comparsa parlamentaria explotará la olla a presión en que se ha convertido Ferraz.

En esta lucha por el nuevo liderazgo politico de la izquierda, entre PSOE y Podemos no sólo se contarán escaños en la noche del domingo, la clave estará en el número de votos que obtenga cada partido.

El PP empezó la precampaña con el objetivo de una mayoría suficiente para gobernar en solitario, resignado al apoyo de Ciudadanos de una forma u otra. El horizonte de los más optimistas de Génova se situó entonces en los 140 escaños. Al arrancar la campaña propiamente dicha, estaba claro que no se pasaría de los 130 diputados. Hoy, los populares viven en la más absoluta incertidumbre, agravada por el incidente del puñetazo propinado a su candidato. La actitud relajada de Rajoy con la canciller alemana mientras comentaba un sondeo interno parece indicar, desde luego, lo contrario. Él también se juega su futuro en las urnas.

Ciudadanos cierra campaña pidiendo la hora. Albert Rivera empezó como favorito y ahora parece haber intercambiado papeles con Pablo Iglesias. El candidato de Ciudadanos muestra todos los síntomas del agotamiento tras haber llevado sobre sus hombros todo el peso de la carrera electoral, obligado a multiplicarse en mítines, debates y entrevistas en television. Demasiado para cualquiera, un sobreesfuerzo que le está pasando factura.

Rivera es la gran incognita de este domingo. El CIS le situó a punto de tocar el cielo -liderar el segundo partido de este país, dueño de la llave de cualquier Gobierno- y los debates le bajaron a la dura realidad. No fue el gran vencedor que se preveía y su intención de voto es una montaña rusa.

Lo mismo que la presión a que está sometido ante los futuros pactos de gobierno, que de una forma u otra pasan por él. Visto que el PP seguramente no tendrá suficientes diputados para gobernar en solitario ni con su abstención, trata de desviar la atención con su compromiso de que haría lo mismo si ganan los socialistas. Una promesa que le sale gratis, evidentemente.

Más implicaciones puede tener, en cambio, su negativa rotunda a un Gobierno de Podemos. ¿Y de PSOE y Podemos con un presidente socialista?

Para responder a esta pregunta esperemos a que primero se baje de la montaña rusa.

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