20 de septiembre de 2019, 5:23:14
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'Blackstar' de David Bowie: el camaleón sigue innovando cerca de los 70

Por Sergio Ariza Lázaro

En 2013 David Bowie reaparecía de improviso con su primer disco en diez años, 'The next day', una obra en la que el mayor camaleón musical de la historia miraba sin rubor a su pasado, desde el 'glam' de Ziggy Styardust a las angularidades de su etapa berlinesa, ahora vuelve con 'Blackstar' a mirar al futuro con una obra arriesgada en la que el autor de 'Hunky dory' busca nuevos ropajes para sus canciones. Una nueva reinvención que vuelve a demostrar su condición de constante experimentador. (Los diez mejores discos de David Bowie)


El hecho de que en 'Blackstar' Bowie haya contado con varios músicos de jazz ha llevado a muchos a calificar al disco como jazz. Nada que ver con la realidad, Bowie ha permitido mucha libertad a sus músicos pero esto es otra cosa. El disco comienza con la canción que le da título, un tema de casi diez minutos de duración en el que Bowie empasta dos canciones distintas como ya hiciera en 'Station to station'. Se trata de la mejor canción del disco, una maravilla que comienza con una primera parte arriesgada y amenazante en la que los solos de saxo se mezclan con una melodía gótica, a ratos gregoriana, apoyada en una batería incesante. La segunda parte es una gozada, una especie de balada mística que se emparenta con lo mejor de su discografía.

Con semejante nivel al comienzo es normal que la siguiente canción sea un pequeño bajón. 'Tis a pity she was a whore' ya había aparecido en una diferente versión hace un año, aquí se queda en una especie de jazz fusión, con un saxo desatado sobre un fuerte ritmo de batería sobre el que Bowie canta con su voz de 'crooner'. Es arriesgada pero a la melodía le falta gancho. Con la siguiente canción 'Blackstar' vuelve a remontar el vuelo de manera drástica. 'Lazarus' es la elegida como segundo single y no se le puede reprochar nada a la elección. Una canción envuelta en melancolía con un aire a los mejores pasajes de 'Low' pero que, a la vez, suena diferente. Un absoluto triunfo que se vuelve a beneficiar de un magnífico solo de saxo y que le permite, líricamente, para repescar su papel de alienígena en la película de 1976 'El hombre que cayó a la tierra'.



'Sue (or in a season of crime)' también había aparecido anteriormente en otra versión, como le pasaba a 'Tis a pity she was a whore'. Suena industrial, como una especie de Nine Inch Nails haciendo drum'n'bass. Su crudeza no compensa su dispersión. En 'Girls loves me' vemos lo que parecía imposible, un Bowie rapeando de su particular modo. Su productor de toda la vida, Tony Visconti, ha admitido la influencia del enorme 'To pimp a butterfly' de Kendrick Lamar (al que elegimos recientemente mejor disco de 2015) pero suena más como los británicos Future.

Para el final del disco Bowie entrega las dos canciones más, digamos, convencionales, 'Dollar days' es una preciosidad que se abre con un saxo azucarado pero da paso a una balada de guitarra acústica marca de la casa. El disco se cierra con una transición entre canciones apenas imperceptible con 'I can't give everything' una canción que recuerda vagamente a su propia 'Thursday's child'. Un final perfecto, con dos canciones sublimes.

'Blackstar' es un disco sobresaliente, con sus aciertos y sus fallos, en el que lo más notable es la incansable busca de Bowie de nuevos sonidos, incapaz de quedarse parado en un único estilo e intentando, a estas alturas, sorprender. A punto de cumplir 70 años y con 25 discos a su espalda es encomiable que el responsable de 'Changes' siga siendo un culo inquieto incapaz de sentarse a vivir de las rentas.

9 sobre 10

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