14 de noviembre de 2019, 18:11:09
Opinión


Cuando nos echaron gas pimienta en la librería de Blanquerna

Por Iñaki Anasagasti


Se está celebrando el juicio contra los implicados en los hechos de la librería Blanquerna el 11 de septiembre de 2013.

La historia fue así:

Los catalanes tienen en Madrid una librería llamada Blanquerna en un sitio estratégico. Está en la calle de Alcalá, frente al Círculo de Bellas Artes. Una magnífica librería con lo último en literatura catalana y con un espacio para presentar libros y organizar conferencias. Allí presenté mi libro "Extraños en Madrid" con Duran y Bono. El día 11 de setiembre, miércoles, el nuevo delegado de la Generalitá nos convocó a celebrar con ellos la Diada.

Habíamos terminado el pleno del Senado a las siete y, a las siete y media, estábamos en la librería Blanquerna Jokin Bildarratz, Rut Martínez, María Eugenia Iparraguirre y quien esto escribe. Cuatro senadores del PNV y dos diputados de Unió. El resto de los asistentes eran o catalanes, o amigos de los catalanes y algunos diplomáticos. Comentando generalidades, el delegado Bosch nos dijo que iba a pronunciar unas palabras y se dirigió a un estrado donde estaba la bandera catalana.

Fue ese momento en el que uno de aquellos descerebrados que estaba cerca camuflado, cogió el móvil y les llamó a sus compañeros que estaban fuera y éstos bajaron las escaleras como si fueran una estampida de búfalos. "No nos engañan, Cataluña es España” fue lo que se me quedó de sus consignas mientras tiraban al suelo la Senyera, impidiéndole hablar al delegado, mientras nos intimidaban con sus caras y banderas feroces.

Tras la hazaña, se fueron por donde habían venido. Menos mal. El salón es una ratonera y a las malas acabamos todos escabechados. De repente, y reponiéndonos de la perplejidad un picor impresionante en nariz, garganta y ojos nos dejó sin poder respirar, tosiendo y llorando, subimos a la calle hechos polvo. Nos dijeron que era gas pimienta. Afortunadamente a los cinco minutos aquello se pasó y cuando nos dieron un sorbito de cava en el hotel contiguo, estábamos ya repuestos escuchando en un patio las palabras del Delegado catalán y haciéndonos cruces sobre qué era lo que habíamos vivido.

Dos cosas me llamaron la atención. El hecho de que iban a cara descubierta, salvo tres. No tenían miedo a ser reconocidos. Aquel acto parecía el preludio de algo. Y, en segundo lugar, la rapidez con la que actuó la policía que detuvo inmediatamente a seis y el resto se entregaron. ¿Por qué si sabían quiénes eran no previeron lo que podía pasar?.

- La moción escuece

Algunos dirigentes del PP como la alcaldesa de Madrid, la del "a relaxing cup of café con leche in la Plaza Mayor” banalizaron el ataque a este acto institucional democrático. La misma señora que hubiera puesto el grito en el cielo si el hecho hubiera ocurrido en Euzkadi y a cargo de la kale borroka. Y porque no era una anécdota sino tenía toda la pinta de ser un síntoma presentamos una Moción que se discutió en el Senado el miércoles 25 de setiembre.

En la exposición de motivos recordábamos el cuarenta aniversario del golpe contra Salvador Allende, el atentado a las Torres Gemelas, la ley de la Memoria Histórica, y los hechos de Blanquerna para pedir se condenaran los actos violentos, la aplicación diligente de la ley y una especial contundencia y sensibilidad ante hechos deleznables con una apelación a la paz y a la convivencia basada en el respeto al adversario y al libre juego democrático. En su punto segundo habíamos puesto: “Expresar la preocupación ante la proliferación de actos que recuerdan a dirigentes de la dictadura que vivió España en el pasado, así como la continua utilización de símbolos pre constitucionales".

El PP estaba confuso. No sabía qué hacer. La extrema derecha anida bajo sus siglas. Su partido lo fundó un ministro de Franco y no dudo que están en contra de actos como los de Blanquerna, pero a la vez preocupados "por la unidad de España". Y nos presentaron una enmienda para que la redacción de este párrafo quedara así: “Expresar la preocupación ante la existencia de actos de intolerancia y violencia ideológica y conductas antidemocráticas que solo buscan erosionar la convivencia y la democracia". Habían eliminado toda alusión a la dictadura de Franco.

Nos reunimos con el PSOE, CIU, la Entesa, IU, y ERC. Amaiur no suele votar. ERC e lU no aceptaban la enmienda. El resto sí. Se salvaban los muebles de la condena y de la preocupación y se votó. Fueron 244 votos a favor y dos en contra. Ahí queda. Le vamos a dar seguimiento.

- La extrema derecha y el neonazismo despiertan

Silenciosos durante los últimos años, los partidos de ultraderecha creen llegado el momento de lanzarse a la conquista de la representación política que los ciudadanos les han negado hasta ahora. Pero para ello deben conseguir la visibilidad que nunca han tenido y que creen que ahora sí pueden obtener. En ese objetivo es donde hay que enmarcar el asalto a la sede de la Generalitat en Madrid, según uno de los análisis con los que trabaja la Brigada Provincial de Información de la Policía de Madrid.

Son varios los elementos que empujan en esa dirección: el primero, que los partidos de ultraderecha creen que la pugna contra la situación política de Catalunya con gestos enérgicos puede ayudarles a recuperar votantes de extrema derecha que hasta ahora tenían una actitud electoral pragmática y siempre han votado al Partido Popular; el segundo, que la desafección hacia los políticos de los principales partidos les otorga una baza de la que nunca habían disfrutado; y el tercero, que ahora sí, después de años de organización y de haber puesto de acuerdo a varios partidos ultras, pueden presentarse a unas elecciones unidos con ciertas expectativas de alcanzar un relativo éxito. Blas Piñar fue diputado en 1977.

En esa línea de buscar acciones que les proporcionen más visibilidad, la Policía ha constatado que en los últimos meses se les ha dado a los activistas de ultra-derecha la instrucción de que ha llegado el momento de "hacerse notar". Precisamente lo contrario de lo que se propugnaba hasta hace poco. Era lo que pretendían con su violenta irrupción en Blanquerna, y lo que planificaba el movimiento con el desplazamiento de algunos de sus líderes a Barcelona el día de la Diada.

Primo de Rivera era partidario de “la dialéctica de los puños y las pistolas”. Esta bicha siempre está ahí. No tuvo presencia electoral el pasado 20 de diciembre, pero el rescoldo siempre está esperando. Solo hace falta soplar un poco. Y se va a soplar.
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