11 de diciembre de 2019, 1:30:06
Opinión


Un dulce programa de Gobierno

Por Enrique Gomáriz Moraga


Como un elemento complementario de su búsqueda para lograr apoyos para formar Gobierno, el círculo más cercano a Pedro Sánchez ha redactado un denominado “Programa para un gobierno progresista y reformista”. Importa señalar que no se trata de un documento aprobado por el Comité Federal, por lo que sólo esforzadamente puede entenderse como una propuesta del PSOE. Es cierto que se basa bastante en el anterior programa electoral, pero también lo es que el reacomodo y los matices son de exclusiva responsabilidad de Sánchez y los suyos.

Sin embargo, es imprescindible realizar una mirada a sus contenidos para valorarlo por sí mismo. El documento tiene una introducción ad hoc sobre el encargo de formar gobierno que repite el discurso emitido por Sánchez al respecto. Carga las tintas exageradamente sobre los pasados cuatro años, mostrando una legislatura completamente en negro, por cierto, sin mencionar que muchas de las cargas negativas ya habían comenzado en el gobierno de Zapatero. Y sigue haciendo una lectura acomodaticia del resultado de las pasadas elecciones: sumando los votos y escaños de las fuerzas que le parecen, omitiendo la posibilidad de que el resultado pueda ser leído desde la suma de los votos de los tres partidos constitucionalistas. Nada nuevo. Pero en ese texto introductorio se desliza una conclusión interesante. Al hablar de la disposición de formar un nuevo gobierno, dice así: “Es una disposición que sólo se entiende desde la convicción de que, en el nuevo escenario político, existen condiciones suficientes de confluencia entre el propio Partido Socialista y los partidos políticos comprometidos con la estabilidad del sistema constitucional, la integridad del Estado”… (p. 4). Cabe inmediatamente la pregunta: ¿Puede incluirse a Podemos y a los nacionalistas en estas precondiciones? Difícilmente. Más bien parece un texto escrito para un acuerdo entre los tres partidos constitucionalistas. ¿Tendrá razón Rajoy en eso de las dos almas del PSOE?

Lo primero que sorprende al leer el contenido sustantivo del programa es que está escrito usando esos infinitivos verbales (revisar, regular, reforzar, etc.) que se usan cuando no se quiere concretar mucho. ¿En que se sentido se revisarían las malas prácticas? ¿En qué forma hay que regular, reforzar, etc.? No se dice. Queda a la imaginación del lector. Y si el argumento es que no se quiere concretar para facilitar la negociación, entonces no está nada claro por qué no se envía ese documento al conjunto de las fuerzas políticas, incluyendo al PP. Sánchez irrespeta a los siete millones de votantes del PP al realizar ese evidente juicio de intenciones.

Claro, los problemas del documento comienzan en cuanto hace propuestas concretas. Una de ellas es ese saludo a la bandera respecto a una negociación con la Unión Europea para reajustar los compromisos sobre déficit. Como ya le ha respondido un matutino, si todo lo que ofrece Sánchez es una renegociación, entonces podemos hacernos una idea de la consistencia de la propuesta, porque la respuesta de la UE ya la sabemos: un NO como una catedral. Máxime con los tiempos financieros que corren. La sugerente propuesta no es otra cosa que una boutade de categoría.

Con respecto al problema del paro, el enunciado general del documento es categórico: “Crear el empleo suficiente para, en cuatro años, reducir a la mitad la tasa de paro con puestos de trabajo estables y de calidad”. Ni más ni menos. Como si eso pudiera hacerse por decreto. ¿Quién creará ese empleo? ¿Quién asegura que los puestos serán estables y de calidad? La promesa es simplemente demagógica, porque un gobierno del PSOE no puede garantizar que en cuatro años reduciría a la mitad la tasa de paro. Eso depende del crecimiento económico y del mercado de trabajo. Y el documento no puede asegurar nada al respecto. Más bien, debería ser extremadamente prudente a la vista de una posible recaída económica en la zona euro.

Una perspectiva similar aparece cuando el documento plantea ensanchar los servicios sociales del Estado de Bienestar. ¿Realmente los técnicos de Sánchez han sumado los recursos necesarios para llevar a efecto todo lo que prometen? Porque las cuentas no cuadran. ¿Están planteando un regreso al desequilibrio fiscal de Zapatero? Por cierto, un desequilibrio que luego pagaríamos todos. Algunos economistas, poco sospechosos de simpatizar con el PP, ya hablan de corralito inevitable.

El otro componente sustantivo del mencionado programa está referido a los pactos sectoriales y generales. Un acuerdo para un nuevo Estatuto de los Trabajadores; un pacto para la educación y, sobre todo, un acuerdo para proceder a la reforma constitucional. No puede sino sonar muy bien esa idea de los acuerdos, pero la cuestión es: ¿se pueden hacer efectivos esos pactos sin la participación del PP? Ante la evidencia, algunos responsables del PSOE han admitido públicamente que sin el PP esos pactos no serían posibles ni estables. Así que todo regresa a fojas cero, como suele decirse.

No es tan difícil saber cuál es el uso político que tiene lanzar ese programa: dar la idea de que se quiere una negociación temática y no únicamente de poder y de cargos. Pero también debe ser evaluado por sus contenidos sustantivos, más allá de su uso político. Y, en tal sentido, la conclusión parece evidente: se trata de un solo de violín para atraer a la gente que le gusta escuchar lindas melodías. No hay duda de que puede haber margen –si no caemos en una nueva crisis mundial- para moderar las políticas restrictivas de los pasados cuatro años. Un esfuerzo en esa dirección hubiera sido una verdadera contribución al desarrollo del país. Pero eso no es lo que plantea este programa. Su aplicación efectiva presenta el alto riesgo de conducirnos directamente al panorama del 2013. Cabe preguntarse si no habrá gente en el PSOE consciente de ese despropósito.

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