10 de diciembre de 2019, 12:30:45
Música


Los Grammy vuelven a perder la ocasión de premiar al mejor disco del año

Por Sergio Ariza Lázaro

¿Dónde está Kanye West cuando uno más le necesita? El mayor bocazas del universo es un experto en interrumpir discursos de artistas blancos cuando piensa que se lo merece un negro. Ayer a Taylor Swift seguro que se le pasó por la cabeza que Kanye iba a aparecer para afearle haber ganado con '1989' al 'To pimp a butterfly' de Kendrick Lamar, el disco más importante, no solo de 2015, sino de lo que llevamos de década. Por una vez el numerito de West hubiera estado justificado.


Tampoco pasa nada, los Grammy nunca se han señalado como los indicadores de lo mejor musicalmente, sino más bien de lo más popular y aceptable. Estamos hablando de unos premios que se crearon para alejarse de la vulgaridad del rock and roll y que terminaron llenando de estatuillas a las estrellas de rock cuando ya se convirtieron en respetables ancianos. Ahora que las estrellas de rock son una especie en extinción se dedican a premiar a las estrellas del pop, las únicas que siguen vendiendo una cantidad aceptable de discos.

Con los dos de ayer Taylor Swift ya lleva dos premios a mejor disco del año, el doble que Beatles o Dylan, y dos más que el homenajeado David Bowie, Bob Marley o los Rolling Stones. Creo que eso lo dice todo de los premios, con todos mis respetos para Swift. La cosa es que si una cosa ha demostrado el premio a '1989' es que los Grammy son imprevisibles, por segundo año consecutivo el favorito se queda sin premio, este año Kendrick Lamar, el año pasado Beyoncé, que perdió ante Beck. Si a esto le sumamos el posible boicot de los actores negros en la ceremonia de los Oscar por la falta de nominados y que el movimiento 'Black Lives matters' se ha convertido en una especie de Movimiento por los Derechos Civiles se ve que EEUU se haya sumergido en un nuevo gran problema racial. Es ahí donde un disco como 'To pimp a butterfly' es absolutamente imprescindible, un artista hablando de lo que sucede en su tiempo y buscando (que no dando) soluciones. Su actuación ayer en la gala fue un nuevo prodigio del mejor artista del momento, comenzando su actuación en un escenario transformado en prisión con unas esposas mientras suena 'The blacker the berry' para irse a África con 'Alright', el 'Blowin in the wind' de los nuevos tiempos, terminando con una nueva canción en la que sigue explorando en la fusión entre jazz y rap. Lo sentimos Kanye, pero el trono tiene un nuevo Rey.

Del resto de ganadores podemos destacar que Bruno Mars y Mark Ronson derrotaron a Taylor Swift con 'Uptown funk' como grabación del año, que Ed Sheeran ganó la mejor canción del año con 'Thinking Out Loud' (¿para cuando un emoticono con la cara de 'El grito' de Munch?), que Alabama Shakes fueron los dominadores en la categoría de rock (nada que objetar), que Pitbull ganó un premio (Aaaaarrrggghhhh) o que a Kendrick le dieron cinco en la categoría de rap. Pero se olvidaron de darle el premio gordo, algo que tampoco es tan importante, ya que el que esto escribe comparte totalmente la opinión de 'Los Simpson' sobre los Grammys:

Homer Simpson: ¿Por qué no me dan un premio?
Lisa: Ganaste un Grammy.
Homer: Me refiero a un premio que merezca la pena

(A la vez aparece un mensaje en la parte de abajo de la pantalla: Las opiniones del Señor Simpson no reflejan la de los productores del programa quienes no consideran que el Grammy sea ni siquiera un premio)

Adele desafinando en los Grammy 2016, la nota negativa

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