26 de octubre de 2020, 8:20:04
Opinión


Podemos: a los ojos de un indignado

Por Carlos Paredes


A tenor del espacio mediático que ocupan las opiniones, debates y movimientos internos de Podemos, más pareciera que en lugar de Rajoy, fuera Pablo Iglesias quien gobierna el país. No deja de sorprender, que los escándalos de corrupción que deberían haber costado hace meses la cabeza del actual presidente del gobierno, o el puesto político de Esperanza Aguirre, (que sigue manejando dinero público pese a tener una parte importante de su equipo en los juzgados o prisión) se equiparen en tiempo y recursos informativos a los comentarios y opiniones de la que no deja de ser tercera fuerza política de la nación.

El "Compi Yogui" de la reina, dedicado por su majestad doña Letizia a uno de los benefactores de las tarjetas black, con quien se solidarizó la monarquía española, incluido el Rey Felipe VI (que sigue siendo a fecha de hoy quien ostenta la jefatura suprema del estado), apenas ha merecido un segundo de tiempo en los informativos nacionales, pese a haber sido Trending Topic mundial en Twitter, mientras que una obra de títeres copó la información nacional durante días, como si los titiriteros fueran los responsables de la subida del IVA, de dejar a miles de personas en la calle, o de haber robado el dinero público.

Con esto, no quiero decir que Podemos esté representando a la perfección el papel que se esperaba de ellos, pero desde luego, el indignado que fui, (y soy) no pasa por alto el foco que se pone sobre la formación morada, muchas veces con la intención de tapar al gran público la podredumbre del resto.

Entre los grandes pecados de Podemos está no haber sabido -o querido- adaptar a su funcionamiento interno uno de los principales pilares del 15M; la distribución de poder, y la participación de la ciudadanía en los procesos de toma de decisiones, girando conforme pasa el tiempo, más al uso tradicional de un partido clásico.

La mayoría de partidos no son más que luchas internas de poder, donde constantemente hay mayorías que hacen rodillo sobre minorías. Así es cómo se constituyen las corrientes, familias, etc, en esquemas organizativos que rozan lo feudal, donde los distintos líderes se rinden vasallaje unos a otros en función de los intereses de cada cual, pugnando siempre por el poder. No es "Juego de Tronos" tan del gusto de Pablo Iglesias, es el método por el que funciona la política actual, y que el 15M rechazó frontalmente para sí; un método que tiene muy poco de "nueva política" y que los líderes de Podemos parecen empeñados en reproducir.

No me gustó nada el salto de Tania Sánchez a las listas de Podemos, sin primarias ni nada, así, sin más, a dedo. No discuto su valía política, pero de políticos profesionales que en su vida han tenido que mover un currículum en la calle, estamos algunos hasta la coronilla.

No me gustan las grandes concentraciones de poder, ni que Pablo Iglesias pidiera para sí cargarse de competencias en la posible vicepresidencia de gobierno, - esas competencias podían distribuirse perfectamente entre otras personas de su partido, sin tener que depender directamente de su personal elección- pero no olvido tampoco, que muchas de esas competencias se concentran a fecha de hoy en Soraya Sáenz de Santamaría, sin que nadie haya puesto el grito en el cielo por ello, de la misma manera que tampoco olvido que un gobierno con mayoría absoluta es quien decide todas y cada una de las cuestiones del estado, sin negociar con nadie ni vicepresidencias, ni cargos, ni nada, y sin que ello cope el encabezado de los telediarios de nadie.

No les quepa la menor duda, si Podemos hubiera apoyado sin condiciones la candidatura a la presidencia de Pedro Sánchez, muchos de los que ahora, en informativos y medios de comunicación tiran constantemente contra ellos, teniendo ellos los mismos pecados, los encumbrarían en estos momentos a los cielos. El problema de las altas esferas de este país nunca ha sido la ideología, sino el nombre y apellidos de quién se lleva el dinero.

Posiblemente Podemos arrastre una larga cadena de desagravios y errores, pero al final, son los pecados y errores de los demás, los que les hacen buenos.

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