26 de octubre de 2020, 6:04:07
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Estos congresos de periodismo…¿sirven de algo?

Por Fernando Jáuregui

Me pregunta un asistente –y, sin embargo, amigo—al XI Congreso Iberoamericano de Periodismo si realmente “estos congresos de periodistas y asimilados sirven para algo”. Medité la respuesta: al fin y al cabo, llevamos, unos cuantos entusiastas, once años organizando estos congresos, que han recorrido buena parte de la geografía española y que ahora, en este marzo de 2016, salió por primera vez fuera de las fronteras y viajó a Andorra, capital cultural iberoamericana este año. “Sí, sirven…para hacer congresos”, le dije, parafraseando aquella célebre réplica de alguien a quien interrogaron para qué sirve la libertad: “la libertad sirve…para ser libre”, contestó. Pues eso: los congresos de periodistas sirven…para hacer congresos de periodistas


La pregunta quizá debería ser: ¿qué diablos es exactamente un congreso? Un acontecimiento en el que se reúnen personas interesadas en una cosa, o en una serie de asuntos, para discutir entre ellas problemas e intercambiar diagnósticos y, en el mejor de los casos, soluciones. En nuestros congresos iberoamericanos de Periodismo, que comenzaron en Valencia allá por 2005, periodistas, intelectuales, historiadores e incluso políticos de ambas orillas, que a centenares han pasado por este foro, han dejado recetas, angustias e ideas, muchas ideas, para mejorar el lenguaje de entendimiento entre nosotros, para utilizar conjuntamente las nuevas tecnologías y para comprender que compartimos muchos problemas y muchas aspiraciones. Sobre todo, una: que la mejora del conocimiento mutua nos sirva como herramienta para mejorar nuestra libertad de expresión.

Por eso, siempre hemos entendido que resultaba útil traer también políticos a nuestros encuentros. Es bueno que ‘ellos’ sepan de nuestras necesidades para informar y analizar lo que ocurre en nuestro mundo iberoamericano, que no es un pequeño mundo.

En esta undécima edición, escuchamos al cap de Govern de Andorra, Antoni Martí, decir algo así como que la crítica –que a él, como a todo cap de Govern que en el mundo sea, le duele—es bienvenida. Se lo escuchamos, en ediciones anteriores, expresándolo con mayor o menor sinceridad, a presidentes y vicepresidentes, a ministros y a responsables autonómicos y locales, y nosotros tomamos nota. En Andorra la Vella, gentes como Fernando Iwasaki, Carmen Posadas, Ramón Pérez Maura o Berna Harbour ejercieron desenfadadamente esta potestad de los informadores en democracia: expresar su parecer sin cortapisas, porque ellos, como nosotros los organizadores, ‘apenas’ queremos dejar el mundo un poco mejor de lo que lo encontramos. Y allí estaban muchos colegas, algunos escritores, actrices y varios embajadores españoles, europeos y latinoamericanos, para escuchar y contraargumentar. O alguien del peso de Miguel Angel Moratinos, ex ministro español de Asuntos Exteriores. O una mecenas tan importante como Carmen Cervera, la popular baronesa Thyssen…

Siempre estos congresos, apoyados por patrocinadores que entienden el valor y la influencia de lo que hacemos, han contado con la presencia de gentes famosas e importantes en las inauguraciones o en las clausuras: desde los Príncipes de Asturias, que acudieron a la edición de Cáceres y que, luego reyes, clausuraron la décima edición, en 2015 en la Casa de América, hasta el presidente (entonces) mexicano Felipe Calderón o el ex presidente colombiano Ernesto Samper. Pero, sobre todo, por nuestros congresos han desfilado numerosos periodistas de todos los países latinoamericanos, portugueses, españoles y, ahora, andorranos, a quienes, como dije en la inauguración, tenemos que agradecer que enriqueciesen con otro idioma, el catalán, el patrimonio lingüístico iberoamericano.

En otra parte de esta publicación aportamos algunas de las conclusiones que, a vuelapluma, nos resumió el veterano corresponsal de la agencia Efe Fernando Pajares. Pero ya digo: lo importante, más que las conclusiones o las publicaciones e intervenciones periodísticas que salgan de estos congresos, es el mero hecho de que sigamos tras once años, reuniéndonos en un clima amable –y a veces hasta festivo—para hablar de lo nuestro. Yo confieso que siempre aprendo, y no poco, de lo que expertos y colegas venidos de otras latitudes y de otras experiencias me tengan que decir. Por eso mismo, hemos decidido continuar con nuestros congresos y prolongar este undécimo durante todo un año, ceebran mesas redondas, almuerzos, conferencias y visitas, hasta, allá por diciembre o enero, lo clausuremos en una capital iberoamericana que, por el momento, no vamos a desvelar. Atentos, pues, a las noticias que iremos dando en este mismo medio.

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