11 de diciembre de 2019, 13:09:20
Internacional


Elecciones presidenciales Perú 2016: últimas elecciones de la vieja política



Este domingo 10 de abril tendrá lugar en Perú la primera vuelta de sus elecciones presidenciales que, en España, apenas ha tenido repercusión en los medios de comunicación. Esta habitual indiferencia hacia lo que ocurre en los países andinos que no sea una catástrofe o folclore, está impidiendo acercarnos a una sociedad que está incursa en un acelerado cambio que, en la última década, entre otras consecuencias está poniendo de manifiesto la enorme sima que separa a una cada vez más numerosa parte de la población peruana con las formas tradicionales de hacer política. A esta desafección, que según las encuestas al inicio de campaña el pasado mes de febrero alcanzaba al 67% del cuerpo electoral, ha contribuido el fallido y convulso mandato de Ollanta Humala, cuyo mandato salpicado de sucesivos escándalos(incluidas las actividades de su influyente esposa) han situado el rechazo a su gestión en el 75%.

Aunque es cierto que en una parte aún importante de la sociedad peruana el clientelismo político sigue teniendo un fuerte predicamento, se viene constatando desde antes del inicio de la campaña el rechazo a las formas tradicionales de la política peruana y a sus partidos. En este comportamiento está teniendo una gran incidencia la población urbana (que en Perú supera el 78%) y, sobre todo, los jóvenes de 18 a 30 años, que para estas elecciones suponen el 30% del censo y, de los cuales, cerca de tres millones acuden a las urnas por primera vez. Ello sin duda ha influido para que, a diferencia de lo ocurrido en los procesos de 2006 y 2011, donde el antagonismo político se produjo en torno a los ejes de cambio-continuidad e inclusión-políticas neoliberales, en estas elecciones el antagonismo político se ha situado en torno al rechazo a las formas tradicionales de hacer políticas y los políticos tradicionales. Es esta situación ha provocado que candidatos como Alan García, el ex presidente que busca su reelección por tercera vez, se hayan visto oscurecidos por la aparición de figuras emergentes que entendieron el nuevo antagonismo e hicieron bandera de su campaña el rechazo al “establishment” y la regeneración democrática. Cesar Acuña y Julio Guzmán han sido los principales actores de este proceso; el primero basando su campaña en la exaltación del hombre de éxito que superó un origen humilde como garantía frente a la corrupción y, el segundo, logrando conectar con los votantes urbanos y jóvenes con el lema “porque me cansé de quejarme”, y señalando a los políticos tradicionales como “dinosaurios”. Ambos iniciaron la campaña con un uso exitoso de Internet y las herramientas sociales que, en el caso de Guzmán le permitió ser nominado por los medios como el candidato Facebook, vinculando su imagen a las redes y, con ello, a la modernidad y la interacción.

Este posicionamiento permitió a ambos candidatos situarse al principio de la campaña en los primeros lugares, si bien, ambos han sido víctimas de su propia estrategia de imagen que, por diversos motivos, se ha vuelto en su contra. En el caso del candidato Acuña, primero unas graves acusaciones de plagio arruinaron su imagen pública y frenaron su ascenso electoral y, posteriormente, unas entregas de dinero en campaña contraviniendo la legislación electoral, propiciaron que el Jurado Nacional de Elecciones del Perú excluyese de la contienda a este candidato el pasado 9 de marzo. En el caso de Julio Guzmán, este mismo órgano de control electoral, también ha excluido su candidatura por una presunta infracción de las normas de democracia interna de su lista, justo en el momento en el que el candidato se había convertido en el principal favorito para disputar la segunda vuelta con Keiko Fujimori (hija del encarcelado ex presidente Alberto Fujimori), que en todas las encuestas ocupa la primera posición.

Dado que para ganar las presidenciales en Perú en primera vuelta (10 de abril) se necesita el 40 por ciento de los votos y una ventaja de 10 puntos sobre el segundo, los sondeos muestran a pocos días de las votaciones que ningún candidato logrará la victoria en primera vuelta, por lo que el interés está centrado en conocer cuál será el que acompañará a Keiko Fujimori (primera en todas las encuestas) a la segunda vuelta.

Desde la exclusión de los candidatos Acuña y Guzmán, hace casi un mes, se ha producido una fuerte volatilidad en la intención de voto a otros candidatos, caso de Pedro Pablo Kuczynski (del PPK), el liberal Alfredo Barnechea (Acción Popular) o la izquierdista Verónika Mendoza (próxima al matrimonio Humala), aunque ninguno de ellos aún parece haber consolidado su posición en cuanto a recoger al votante que apoyaba a los candidatos excluidos. Es destacable, en este sentido, que a menos de 5 días para la votación, la prensa peruana recoja que más del 40 por ciento de los electores aún no han decidido su voto, y algunos analistas como Hugo Guerra empiezan a señalar que esta volatilidad pueda acabar beneficiando al candidato Alan García por su capacidad para obtener ventaja de situaciones de incertidumbre como estas. Todo ello, y con la experiencia de lo ocurrido en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2011 donde las encuestas fallaron en sus predicciones, ha hecho que la prudencia se haya instalado en los cuarteles generales de los principales candidatos hasta el cierre de los locales de votación a las 4 de la tarde del próximo domingo


Por Adolfo Álvaro Martín y Vicente Montavez

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