5 de abril de 2020, 6:36:13
Opinión


La República

Por Rafael Torres


Se cumplen 85 años de la proclamación de la II República Española, y nunca hubo nada de vida tan breve, tan fugaz, que haya perdurado tanto. Ni la falsificación de la Historia muñida durante décadas por la dictadura franquista en aras de su criminalización, ni la despiadada persecución de los republicanos, ni la utilización sectaria de su nombre, ni el pacto de amnesia de la Transición, han conseguido ensombrecer la luz radiante de aquél 14 de Abril de 1931 que por voluntad del pueblo español y por un pacto de todas las fuerzas políticas democráticas, de la derecha, del centro y de la izquierda, alumbró el primer gobierno provisional y, al poco, el de la conjunción republicano-socialista que legisló y obró durante dos años con gran estilo, imaginación y decencia en beneficio de todos lo españoles, de su libertad y de su elevación en todos los órdenes.

Ahora que se habla tanto de la Gran Coalición, bien para referirse a la contra-natura que auspician el PP y Ciudadanos, bien a esa otra no menos contra-natura del PSOE con Podemos y secesionistas, convendría recordar aquella que establecieron unos hombres y mujeres de tan diversas ideologías pero, salvo en el caso de Lerroux, de tan probada honestidad. Ahora que se habla tanto de "altura de miras", que hablan tanto de ello los que ni tienen altura política ninguna ni más miras que las del medro personal, debería buscarse aquella insólita referencia de la más cívica y pacífica revolución, y ahora que se demanda a los partidos "sentido de Estado" para que dejen de burlarse de la ciudadanía, bastaría aprender la lección de aquellos españoles (Azaña, Prieto, Giral, Alcalá-Zamora, Maura, Domingo, Kent, De los Ríos, Casares, Albornoz, Portela, Nicolau, Maciá...) que sacrificaron sus carreras, sus haciendas y sus vidas en el intento de construir uno benéfico, garantista, limpio y democrático.

Se cumplen 85 años del advenimiento de la II República Española, y familias de toda España lo celebran como se celebra un sueño que se quedó para siempre, ennobleciéndolo, en el corazón. Nunca nada tan breve, tan fugaz, perduró tanto. Y lo que ha de perdurar.
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