20 de enero de 2020, 22:45:23
Opinión


El día Cero…patatero

Por Fernando Jáuregui


Escribo cuando, hace unos minutos, el Rey acaba de disolver las Cortes –como si no estuviesen ya bastante disueltas—y convocar formalmente –como si no estuviesen ya lo suficientemente convocadas—elecciones legislativas para el próximo 26 de junio. El aroma a eso que ha dado en llamarse ‘fracaso colectivo’ –será del colectivo de quienes nos han traído hasta aquí, digo yo—se extiende por las instituciones, por los partidos, por las personas que encarnan a esas instituciones y a esos partidos y se impregna en la sociedad civil. Es el Día Cero.

Escribo también en la jornada en la que se conmemora el día mundial de la libertad de expresión. Ya no sé muy bien si España está arriba o abajo en el ‘ranking’ internacional del ejercicio de esta libertad, pero debo constatar que no he leído ni escuchado las suficientes voces indignadas ante lo que nos está ocurriendo, ante lo que nos ha ocurrido. Simplemente, las voces mediáticas más comprometidas piden reflexión a quienes han de rectificar el rumbo si no quieren hundirse y, de paso, hundirnos: a Mariano Rajoy, a Pedro Sánchez, a Pablo Iglesias, a Albert Rivera, que es, acaso, quien está manteniendo la cabeza más fría, quien, dentro del error colectivo, menos se ha equivocado, quizá porque no estaba en zona de riesgo.

Pero debo decir que el papel a jugar por nosotros, los que representamos a los medios, ha sido meramente y apenas correcto en esta coyuntura: me doy un aprobado bajo. Tengo muchas autocríticas que hacerme a mí mismo. Quizá unas veces me haya involucrado demasiado en el rechazo, quizá en otras ocasiones no haya sido lo suficientemente incisivo. Perdón por hablar de mi libro, del que no diré nada más, para evitar que alguien me califique de propagandista de mí mismo, pero he de reconocer que no ha sido fácil, en medio del oleaje suscitado por nuestros políticos, mantener una línea informativa de coherencia y rectilínea. No hablemos ya de predecir lo que iba a ser el futuro.

Muchos nos hemos equivocado en nuestros pronósticos y en nuestros análisis. Cómo iba a ser de otra manera, cuando los propios líderes expresaban su confianza en pactos y alianzas que jamás iban a salir, o improvisaban acuerdos sobre la marcha que, en pocos días, se desmoronaban.

Ha sido, en suma, un desastre político y no resulta extraño que también hayamos asistido a algo parecido a un fallo colectivo mediático, aunque comprenderé que haya quien no quiera reconocerlo; no han sido sectarismos –puede que algo de eso haya habido alguna vez--, sino una desinformación consciente y planificada desde algunos sectores políticos, ciertas campañas soterradas para desprestigiar a tal o cual formación, institución o personalidad, las que a veces nos han errado.

Nunca, en toda mi vida profesional, he disfrutado más como periodista, viviendo el terremoto, y jamás he sufrido más como ciudadano, comprobando la locura instalada, conscientemente, en nuestra vida política. Y hoy, ahora, Día Cero que nos llevará de nuevo a las urnas, quién sabe para qué --¿nos lo dirán antes de que nos lancemos a votar?--, tengo que hacer balance de lo obtenido: cero…patatero. Hasta ahora, al menos.
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