17 de octubre de 2019, 0:13:53
Opinión


Diario

Por Manuel Juliá


Desde hace años escribo un diario. Poco a poco, muy despacio. Lo escribo como si el tiempo no tuviera tiempo, sino sensaciones, emotividades, sentimientos, qué sé yo como llamar a lo que emerge de dentro y se resiste a ser clasificado y envuelto en la materia, exprimido de su voz espiritual al entrar en contacto con la vida exterior. El que escribo es un diario muy interior. En él no hay fechas ni datos ni noticias, solo el resultado de una pluma que habita tan adentro que hasta le molesta la tinta. Es decir le molesta la realidad vacía. Esa pluma solo quiere escribir lo que pugna dentro de mí por no ser asfixiado, y en lo que hay afuera busca lo que está escondido detrás de los hechos o los paisajes, lo que no se ve a primera vista. Busca lo que hay que encontrar con el corazón (con la poesía) para descubrir esa otra realidad escondida.

Un ejemplo de esta mirada es para mí toda esa belleza que se respira en el valle de Alcudia (sobre todo en otoño e invierno) y que solo se muestra si paramos el automóvil, si nos bajamos y nos perdemos por el bosque de encinas o subimos a Niefla y desde allí vemos las montañas lejanas, los aires libres, las madreselvas rebosantes de vida desperdigándose por las leves lomas de esa blanda tierra. El cielo en Alcudia es el más grande que se pueda imaginar. El atardecer está lleno de sombras y maravillas, y al mediodía el sol muestra con su abrazo blanco las nubes más hermosas que hay en esta tierra.

Sí, el que escribo es un diario de adentro y afuera. Como decía no tiene fechas ni datos ni noticias, solo tiene sensaciones. De adentro, insisto, intento sacar lo que escondo o está pisado por la realidad, o existe sin avisarme, o se enlaza a través de algún instinto genético con lo que es el impulso del origen. Es difícil explicarlo sin contradecirse. Y de afuera busco solo lo que quiere persistir, lo que se resiste a ser aplastado por la nada o respira intentando que la muerte cotidiana no barra su persistencia en la vida. No sé si es por la edad, o por tantos deseos y sueños rotos, como todos, pero ya solo deseo relacionarme con el tiempo para atraparlo en cosas importantes, o que para mí lo sean, solo quiero gastarlo en algo que me llene, no quiero perderlo en el río de banalidades que llegan en cascada y resbalan por mi piel.

Quiero contar en mi diario un deseo de vivir a fondo, con intensidad, de amar la vida en sus mensajes más bellos y buscar, o preguntarme, porque los humanos tenemos una sed de trascendencia, como decía Emerson. En este diario quiero explicar que siento que hay algo espiritual en la naturaleza y dentro de mí, algo que surge como una voz hermosa en mi conciencia diciéndome que algún no día todo tendrá sentido.

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