30 de noviembre de 2020, 9:09:29
Nacional


Jordi Sevilla allana el camino para el sector del PSOE que busca quedarse en la oposición

Por Vicente Mateu

La oposición es el mejor refugio hasta que escampe la tormenta. Por más que Jordi Sevilla retuerza su tuit y afirme que se refiere a coaliciones, es decir, escaños, y no a votos, el mensaje implica que el PSOE dejaría gobernar al PP para evitar el presunto mal mayor de unas terceras elecciones. Y también el de pactar como segundones con Unidos Podemos y ver a Pablo Iglesias de presidente. Eso sería el fin, según un sector del partido que busca desesperadamente una salida a su enésima crisis.


Evidentemente, nadie cree que el portavoz económico socialista pensara al redactarlo en una reedición del pacto con Ciudadanos cuando las encuestas auguran a Sánchez y Rivera juntos casi menos escaños que al PP o, como mucho, un empate. Ni a que se facilite un acuerdo con Unidos Podemos para no tener que recurrir a los votos de los ‘independentistas’.

Para eso no hacía falta ser tan ambiguo y, más que aclarar las intenciones del PSOE, sembrar “confusión” en la opinión pública, el término utilizado por una voz crítica del partido.

Aunque el sorpasso dependa realmente más del margen de error de las encuestas -el más/menos 3% de costumbre- y del instante político en que se realizan, en el PSOE se da prácticamente como un hecho que su enésima crisis no se arregla con sacar un escaño más que Unidos Podemos.

Los dirigentes socialistas consultados por Diariocrítico coinciden mayoritariamente en que esta vez es una cuestión de supervivencia del partido, “y para salvar a España hay que salvar al PSOE”, sentencia alguien con mucho “Estado en la cabeza”, como se solía decir de ciertos personajes de la Transición y que, ahora, ve como incluso él puede quedarse fuera del tablero.

La "amenaza"

Todos ellos coinciden también en que Podemos es una “amenaza” y hay que evitar a toda costa que llegue al gobierno. Al menos de momento, matiza una de las voces socialistas consultadas: en su opinión simplemente “aún es pronto” para que la formación morada ocupe La Moncloa porque es un partido sin cuadros para hacerse cargo de la Administración y todo lo que conlleva el aparato del Estado. Es el análisis, para conocimiento del lector, de un candidato del PSOE con escaño garantizado y, sobre todo, muy buenos contactos con Pablo Iglesias y su entorno.

La conclusión es que, para el PSOE, la oposición sería la salida menos mala, siempre y cuando el tuit de Jordi Sevilla cuaje y una hipotética abstención para que gobierne el PP, a ser posible con Ciudadanos, se interprete en clave de ‘responsabilidad de Estado’ para evitar unas terceras elecciones sin entregarse al ‘radicalismo’ de Unidos Podemos.

El PSOE ganaría tiempo, tanto para recomponerse internamente -lo más urgente- como para que Unidos Podemos sufra el desgaste del juego parlamentario y se descomponga en sus confluencias, que convertidas en partido como En Comú o como ya lo es Compromís, tarde o temprano acabarán por complicarle la existencia a Iglesias.

Un PSOE en la oposición podría mantener un discurso propio frente a un Gobierno con aires de provisionalidad para esa legislatura corta -año y medio o dos años-. Una voz diferenciada y, un dato importante, con votos suficientes para condicionar las reformas de más calado. Por la derecha y, también, por la izquierda, donde también sus escaños serían necesarios para cualquier iniciativa.

En el juego parlamentario, por otra parte, una triple pinza entre populares, ‘ciudadanos’ y socialistas pondrá los mismos o más obstáculos que hace tres meses para controlar los ‘resortes’ parlamentarios, la Mesa del Congreso, la ubicación de los diputados… la formación de grupos, y acorralar a Unidos Podemos, aún novato en estas lides.

Obviamente hay factores nada desdeñables ocultos bajo la ecuación de Sevilla, con la figura de Mariano Rajoy en primer plano y cada vez más inamovible. Ya incluso Albert Rivera empieza a plegar velas.

Salvados

Al candidato del PP y aún presidente del Gobierno en funciones le pasa lo mismo que al del PSOE, salvados por la urgencia histórica de sus respectivos partidos, apremiados por los plazos de las consultas del Rey, votaciones de investidura y la espada de Damócles de las terceras elecciones –“Nos matan”, Rivera dixit-. No hay tiempo para pensar en relevos ni sacar de la chistera nuevos líderes como los conejos de los que habla Aznar.

En el caso del PSOE, Pedro Sánchez es, paradójicamente, el mejor situado para repetir como secretario general en un congreso realmente abierto y elegido por primarias. Se le augura una debacle que igual haga insostenible su posición, pero si consigue que está vez “huela a remontada” en su campo y aguantar el tirón, el joven político madrileño tirará para delante según afirman sus fieles, porque, para empezar, entre el 26 de junio y la apertura de las Cortes el 19 de julio la prioridad serán las negociaciones, con o sin ruido de sables.

Si alguien trata de moverle la silla a Sánchez, puede salir trasquilado como Susana Díaz, a la que sus manejos y conspiraciones de los meses pasados le han hecho perder muchos apoyos internos. Oído, además, el discurso a veces contradictorio entre el resto de barones socialistas, hoy por hoy ninguno sería capaz de desbancar al actual secretario general en una consulta a los militantes.

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