12 de diciembre de 2019, 20:06:13
Opinión


El verano más atípico de la historia

Por Fernando Jáuregui


Dice Rajoy, dicen sus ministros más próximos, Dios les oiga, que probablemente a finales de este mes tendremos ya Gobierno. Un Gobierno que, naturalmente, estará presidido por Mariano Rajoy e integrado mayoritariamente, se supone, por gentes del Partido Popular, aunque con añadidos. O mezclas. Lo malo es que ni Rajoy ni sus cercanos son capaces de explicar, aún, cómo lograrán la mayoría necesaria para que el actual presidente en funciones deje de estar en esta situación provisional y pase a otra algo -algo- más definitiva.

Periódico hay que asegura que Rajoy ofrecerá al socialista Pedro Sánchez una vicepresidencia y un Ejecutivo lleno de ministros socialistas(y de Ciudadanos, se supone. Y quizá con toques independientes), un auténtico Gobierno de salvación nacional, o de concentración. Y un programa reformista, recogiendo muchos de los puntos reclamados tanto por el PSOE como por Ciudadanos. Dudo que Pedro Sánchez pueda aceptar esta oferta ‘generosa’, porque es prisionero de sus ‘no, nunca, jamás’ y de la decisión del comité federal socialista vetando cualquier atisbo de algo que suene a una gran coalición con los ‘populares’. Así que el PSOE parece condenado a mantenerse en una difícil oposición, compitiendo con Unidos Podemos, y, a la vez, a prestar algunos escaños a la investidura de Rajoy, so pena de que, de no hacerlo, le lluevan las acusaciones de estar impidiendo la gobernabilidad de España cuando el país más necesita un Gobierno estable.

La verdad es que la estrategia del ahora silente Pedro Sánchez, intentando culpar a Pablo Iglesias -claro que tiene culpas, pero no en exclusiva- de que no se haya podido formar Gobierno hasta ahora y desde el 20 de diciembre, ya no le funciona. Son bastantes, incluso dentro de la militancia del PSOE, los que culpan a las posiciones inflexibles de Sánchez, a sus coqueteos sin futuro con Podemos, de haber propiciado el crecimiento del PP en las elecciones del pasado domingo.

Y, de hecho, entre los dirigentes socialistas cunde la sensación de que, si hubiera que repetir elecciones, el gran beneficiado sería el PP, que anda tendiendo manos (de manera más o menos tramposa, pero ahora eso es lo de menos) a todos, proclamando los beneficios de esa gran coalición que antes repudiaba. Los cálculos que se manejan en los cuarteles generales de las tres formaciones perdedoras en las elecciones de pasado domingo llegan a especular con la probabilidad de que unas nuevas elecciones en estos momentos llegarían a conceder una mayoría absoluta al PP, hartos los ciudadanos de vetos, disputas internas, indefiniciones y manejos de los otros tres aspirantes.

Por eso mismo, y porque cada vez les va a resultar más difícil explicar a la ciudadanía su incapacidad para llegar a un acuerdo, es por lo que me inclino a pensar que agosto, mes vacacional donde los haya, entrará con el buen pie de que ya esté funcionando un Gobierno que no esté en funciones. Eso nos lleva a un julio de negociaciones que serán frenéticas y que nos depararán sin duda sorpresas de cierto calibre: desde las ‘cesiones’ del triunfador PP en la busca de acuerdos con Ciudadanos, PSOE y quizá algún grupo nacionalista –no me creo la tajante negativa del PNV a llegar a un pacto con el PP-, hasta las previsibles ‘marchas atrás’ de Ciudadanos en su rechazo personal a Rajoy, y del PSOE a abstenerse en la votación de investidura.

Todos, comenzando por el ganador, tienen que ceder algo para lograr un acuerdo; lo que ocurre es que al PP las torpezas de sus rivales en los meses precedentes le sitúan en una posición de mayor fuerza que cuando, el pasado mes de enero, Rajoy rechazó someterse a la investidura que le ofrecía el Rey. Nunca como ahora podrán Rajoy, Sánchez, Rivera y hasta Iglesias –la suya ciertamente es situación distinta y distante—mostrar sin son, en efecto, hombres de Estado. Tienen menos de un mes para sorprendernos, agradable o desagradablemente. Lo que no pueden hacer es dejar que las cosas sigan como están y que quienes se marchen en agosto de vacaciones sigan siendo prisioneros de la incertidumbre y de una cierta indignación que nos va anegando. Mira que los españoles hemos pasado por veranos políticamente atípicos; este va a batir todos los récords.


- Lea el blog de Fernando Jáuregui 'Cenáculos y mentideros'>>

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