3 de abril de 2020, 20:33:09
Nacional


Los antitaurinos se desmarcan de la violencia y reivindican la abolición de la tauromaquia

Por Diariocrítico

La muerte del torero Víctor Barrio en la plaza de toros de Teruel, que podría adoptar ahora su nombre, desató una oleada de comentarios desafortunados en redes sociales que enturbiaron el debate sobre la tauromaquia. Aunque los principales partidos y organizaciones animalistas no tardaron en desmarcarse de la violencia en cualquiera de sus formas, muchos trataron de meter en el mismo saco a quienes defienden los derechos de los animales y quienes celebran la muerte de un ser vivo. Las principales organizaciones de protección animal han lanzado un vídeo en el que dejan claro que un antitaurino es quien rechaza la violencia contra los seres vivos, y recuerdan que mantienen la reivindicación de abolir la tauromaquia, al entender que es una forma de tortura. A este ‘lavado de cara’ de los antitaurinos se une una carta publicada en Facebook por Adrián Guerrero, un antitaurino que ha trabajado en el mundo de los toros y narra la cara oculta de la tauromaquia, aquello que no se ve en los ruedos.


Animanaturalis, la Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia y del Maltrato Animal (AVATMA), Ecologistas en Acción, EQUO Derechos de los Animales, la Federación de Asociaciones de Protección Animal de la Comunidad de Madrid (FAPAM), Fundación Franz Weber (FFW), Gladiadores Por la Paz, el Observatorio de Violencia Hacia los Animales y la Plataforma La Tortura No Es Cultura (LTNEC), han lanzado el vídeo en el que justifican por qué son antitaurinos, y han iniciado una campaña en redes sociales bajo la etiqueta #TauromaquiaEsViolencia.

“Las palabras no hieren de muerte, como pueden hacerlo, a veces, las astas de un toro”, afirma Jose Enrique Zaldívar, presidente de AVATMA. Marta Esteban Miñano, presidenta de LTNEC afirma avergonzarse de "un espectáculo que cada vez exige más riesgo a toreros y participantes, pero que después se lamenta de las muertes que provoca".

Carmen Ibarlucea, de EQUO recuerda que además que esta violencia está sostenida con fondos públicos, a pesar de que más del 80% de los españoles rechaza este hecho. Leonardo Anselmi de FFW recuerda que la presencia de niños, niñas y adolescentes en los festejos taurinos contraviene la Convención de los Derechos del Niño ya que la máxima autoridad de la ONU en derechos de la infancia, el Comité de los Derechos del Niño ha instado hasta en 5 ocasiones a proteger a la financia de la "violencia física y psicológica de la tauromaquia".

Oscar del Castillo, de Gladiadores por la Paz, afirma que su lucha no es una lucha contra taurinos o toreros, sino contra la "violencia de la tauromaquia". Señala que a menudo recibe amenazas de muerte y se pregunta si, como en el caso de los desafortunados tuits sobre el torero, el gobierno va a pedir ayuda a Estados Unidos para averiguar quién está detrás de los mismos.

A esta campaña se suma la carta escrita por Adrián Guerrero en Facebook en respuesta a las declaraciones del torero Jaime Ostos, que aseguró que el toro no sufre al morir. Guerrero, pese a ser antitaurino ha trabajado en el mundo del toreo. “Durante años, cuando me recogieron en Zaragoza durante la posguerra, traté casi diariamente con don Celestino Martín, que era el empresario de la plaza. Eso me permitió conocer a los grandes de la época: Jaime Noain, El Estudiante, Rafaelillo, Nicanor Villalta. Me permitió conocer también, a mi pesar, el mundo del toro: las palizas con sacos de arena al animal prisionero para quebrantarlo, los largos ayunos sustituidos poco antes de la fiesta por una comida excesiva para que el toro se sintiera cansado, la técnica de hacerle dar con la capa varias vueltas al ruedo para agotarlo… Si algún lector va a la plaza, le ruego observe el agotamiento del animal y cómo respira. Y eso antes de empezar.El peligro del toreo, además de inmoral como espectáculo, es efectista”, narra.

“El que pague por ver cómo a un ser vivo y noble le clavan eso debería pedir perdón a su conciencia y pedir perdón a Dios. ¿Quién es capaz de decir que eso no destroza? ¿Quién es capaz de decir que eso no causa dolor? Pero, claro, el torero, es decir, el artista necesita protegerse. La pica le rompe al toro los músculos del cuello, y a partir de entonces el animal no puede girar la cabeza y sólo logra embestir de frente. Así el famoso sabe por dónde van a pasar los cuernos y arrimarse después como un héroe, manchándose con la sangre del lomo del animal a mayor gloria de su valentía y su arte”, continúa la misiva.

“Me di cuenta, en mi ingenuidad de muchacho (los ingenuos ven la verdad), de que el toro era el único inocente que había en la plaza, que sólo buscaba una salida al ruedo del suplicio, tanto que a veces, en su desesperación, se lanzaba al tendido. Lo vi sufrir estocadas y estocadas, porque casi nunca se le mata a la primera, y ha quedado en mi memoria un pobre toro gimiendo en el centro de la plaza, con el estoque a medio clavar, pidiendo una piedad inútil. ¡El animal estaba pidiendo piedad…! Eso ha quedado en la memoria secreta que todos tenemos, mi memoria del llanto.Y en esa memoria del llanto está el horror de las banderillas negras. A un pobre animal manso le clavaron esas varas con explosivos que le hacían saltar a pedazos la carne. Y la gente pagaba por verlo. El que acude a la plaza debería hacer uso de ese sentido de la igualdad que todos tenemos y darse cuenta de que va a ver un juego de muerte y tortura con un solo perdedor: el animal. El peligro del toreo, además de inmoral como espectáculo, es efectista, y si no lo fuera, si encima pagáramos para ver morir a un hombre, faltarían manos y leyes para prohibir la fiesta. Gente docta me dice: te equivocas. Esto es una tradición. Cierto. Pero gente docta me recuerda: teníamos la tradición de quemar vivos a los herejes en la plaza pública, la de ejecutar a garrote ante toda una ciudad, la de la esclavitud, la de la educación a palos. Todas esas tradiciones las hemos ido eliminando a base de leyes, cultura y valores humanos. ¿No habrá una ley para prohibir esa última tortura, por la cual además pagamos? Perdonen a este viejo periodista que aún sabe mirar a los ojos de un animal y no ha perdido la memoria del llanto”. Alvaro Múnera ex torero”, concluye la carta.

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