6 de diciembre de 2019, 16:58:48
Opinión


La cabeza de Rajoy

Por Fernando Jáuregui


Pedir, como hacen los de Ciudadanos, la cabeza de Mariano Rajoy para poder dar el 'sí' a la investidura de 'alguien' del Partido Popular ya no es realista. Como no lo es vetar cualquier tipo de pacto de los 'populares' con los nacionalistas: empeñarse en hacer como si estos no existieran es como empecinarse en que Rajoy no ha ganado las elecciones; el nacionalismo, nos guste o no, es un estado de espíritu, y Rajoy, nos plazca o nos fastidie, es el líder de la formación que sacó más votos y escaños que los demás y, encima, no parece que su liderazgo se halle demasiado cuestionado internamente. Es decir: para llegar a un acuerdo de Gobierno no se puede ni pedir que Rajoy se marche a su casa -por mucho que algunos piensen que ello sería bueno_ni que los nacionalistas se recluyan en sus cuarteles de invierno, allá por Cataluña, Euskadi o Canarias.

Nunca he sido precisamente un 'fan' de Mariano Rajoy, pero me parece que es la única oportunidad que ahora tenemos los españoles de consolidar un Ejecutivo reformista, pactado, medianamente estable y creíble. Claro que él no es un estadista, pero ¿dónde están ahora los estadistas? Claro que en su partido ha habido corrupción a raudales, pero no menos cierto es que acudir a las hemerotecas para justificar el rechazo al pacto es tarea inútil y quizá contraproducente: España no puede calificarse ya de país corrupto, y cierto es que, con timidez, con titubeos y de manera insuficiente, le Legislatura de Rajoy sirvió para combatir esa corrupción que nos anegaba.

Hasta ahora, no es que Rajoy haya tenido aciertos brillantes, aunque me parece que el acercamiento a los nacionalistas algo tiene de acertado para la marcha del Estado. Lo que ocurre es que los demás, comenzando por el aún líder de la oposición Pedro Sánchez, y siguiendo por el errático Albert Rivera, están cometiendo demasiadas equivocaciones: la peor de ellas es que me da la impresión de que los ciudadanos, electores y contribuyentes al fisco, no les entienden, como han dejado de entender los cambios de humor un poco políticamente bipolares de Pablo Iglesias.

Así que solamente nos queda el aburrido, previsible, soso, Rajoy. Le toca jugar y lo primero que ha hecho ha sido acercarse a la ex Convergencia Democrática de Catalunya, que menudo follón interno tiene, y al PNV, que se enfrenta a unas dificilísimas elecciones en dos meses. Y, de paso, echar una mano financiera a la Generalitat representada nada menos que por el líder de Esquerra Oriol Junqueras. Los más intransigentes se han apresurado, con Rivera al frente, a poner el grito en el cielo; craso error, a mi juicio. Rajoy puede, a partir de ahora y a su peculiar, desesperante, modo, poner en marcha una importante operación de Estado, seguramente animado, cuando se encuentre con él la semana próxima por el Rey.

Y claro que pienso que sería un enorme paso adelante que Rajoy fuese sustituido a no muy largo plazo por otra figura, más joven y simpática, en el PP, como va a ocurrir, me parece, en el PSOE. Pero ahora, el relevo en el mundo de los 'populares' pienso que no toca, como diría aquel Jordi Pujol al que entonces hacíamos algo de caso. Hoy por hoy, toca Rajoy. Y, ya que en el mundo socialista no parecen querer comprenderlo, espero que al menos Albert Rivera, que de política sabe un rato, sí lo asuma, al fin, y que nos vayamos de vacaciones en paz ya el próximo 5 de agosto, solventada la puñetera investidura, Dios me oiga.

- Lea el blog de Fernando Jáuregui en Diariocrítico, 'Cenáculos y mentideros'

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