19 de septiembre de 2019, 2:34:55
Ocio

> Crítica del disco


'Skeleton Tree' de Nick Cave & The Bad Seeds, o cómo afrontar lo imposible

Por Sergio Ariza Lázaro

La música de Nick Cave siempre ha sido oscura y tenebrosa, con numerosas referencias a la muerte, pero en su decimosexto disco en solitario, bueno con los Bad Seeds, se adentra en el dolor más temido, la muerte de un hijo. La pérdida de su hijo de 15 años Arthur (que cayó accidentalmente desde un acantilado cercano a su casa) acecha como un fantasma durante todo el disco que suena como la manera de Cave de sobreponerse a lo que no se puede superar.


'Skeleton Tree' es uno de los discos más tristes y, al mismo tiempo, hermosos que se han hecho en mucho tiempo. Algunos han querido ver en él, y la película documental que lo acompaña, un exhibicionismo emocional por parte del australiano. No conozco a Cave y no se si estarán en lo cierto, pero lo que es evidente es que el arte siempre ha servido para expresar todo tipo de sentimientos y ha servido como válvula de escape para el artista. Y así es como hay que interpretar 'Skeleton Tree' como un disco en el que un artista intenta encontrar una respuesta a lo que no la tiene, "Te llamo a través del mar, pero el eco vuelve vacío".

No es que todas las canciones de 'Skeleton Tree' traten sobre la muerte de Arthur, pero la sombra de la desgracia es tan grande que impregna todas y cada una de ellas. Si durante el comienzo del disco Cave abusa de los recitados, en los que apenas se canta, se puede ver como una preparación para el broche final del mismo, tres canciones gigantescas, que emocionan y duelen, 'I need you', en la que más que cantar lo que hace es derrumbarse hasta las lágrimas, 'Distant sky', desde ya clara candadata a canción del año con la participación de una Else Torp que la eleva a plegaria desatendida, hasta llegar al final con la canción titular, en la que Cave intenta llegar a un final catárquico para algo que le acompañará toda la vida. "It's all right now" canta, pero evidentemente, nada está bien, solo que la vida tiene que continuar.

Un final asombroso para un disco que pone música a la tristeza y a la desesperanza, y sirve de catarsis para una de las tragedias para las que el ser humano no está preparado, sobrevivir a un hijo.

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