15 de noviembre de 2019, 11:30:06
Opinión


Así, el PP no puede ni debe gobernar

(La Tribuna Crítica)

Por Tribuna Crítica


Comenzamos con la conclusión de toda nuestra reflexión: así, el PP no puede gobernar ni debe hacerlo, aunque fuera con apoyos o abstenciones cómplices. Porque aclaremos las cosas: el problema no es la legitimidad de los votos, que está fuera de toda duda. El problema es que el partido que ha ganado las dos últimas elecciones, las de diciembre y las de junio, no ha procedido a la tan deseada por todos 'regeneración política'.

La 'regeneración política' no debe ser un simple eslogan electoral, un mantra o un argumento para los debates y las tertulias. Debe ser una evidencia. Ni siquiera por apariencias, sino que los principales partidos españoles deben salir de la vieja rutina de apoderarse de atrincherarse en las instituciones, que hicieron suyas y terminaron creyendo que les pertenecían. Hoy por hoy, también lo hacen los dos principales partidos, PP y PSOE, y si bien a los socialistas se les exige al igual que a 'populares', sólo los primeros lo están demostrando un poco más.

En regiones como la Comunidad Valenciana o Castilla-La Mancha, al igual que en algunos municipios, el PSOE está gobernando con Podemos o con su apoyo, y eso es una prueba, o debería serlo, de que se está andando en este camino. Pero el PP ni lo ha hecho ni se le espera para ello.

Aquí tenemos que incluir a un agente más en toda esta historia: Ciudadanos. El partido de Albert Rivera venía a regenerar el centro-derecha nacional pero no deja de sorprendernos negativamente. Si en diciembre abrumaron con sus 40 escaños y más de 3 millones y medio de votos, en junio apenas aguantaron la cifra de esos 3 millones y se desplomaron hasta los 32 diputados.

No es casualidad. Si acaso tras los comicios de diciembre de 2015 dio muestras de buenas intenciones y no dudó en apoyar a Pedro Sánchez para hacer frente a un PP lleno de casos de corrupción, inmóvil e incapaz de hacer cambiar las cosas y empecinado, más que empeñado, en no hacer nada para no cambiar las cosas. Están bien como están, porque les permite gobernar.

Pero ese espíritu desafiante y arriesgado de los de Rivera fue sólo una pose y tras el 26-J su crédito no hizo más que caer. Se estima que si hubiera nuevas elecciones finalmente, unas terceras, Ciudadanos se desplomaría en las urnas aún más y gran parte de sus apoyos volverían al tradicional centro-derecha que representa un PP que ha vivido estos días con Rita Barberá, pero lo hizo también con el 'caso Soria', tristes episodios para nuestra reciente historia democrática. Ayer mismo, Ciudadanos dejó claro que se sentía satisfecho ya con que Barberá fuera apartada del partido de Génova aunque no se le fuerce más a renunciar a su escaño.

No puede quedarse el PP tranquilo sólo con afirmar que ha hecho todo lo posible por apartar a Barberá de su escaño en el Senado. Sobre todo, ¿saben por qué? Porque ya no son creíbles. No son creíbles con un presidente no dando la cara y apareciendo sólo ante el plasma, de nuevo. Ni aprenden de los errores ni tienen mayor reparo en repetirlos. Casi como una pose de machos alfa de la manada política: así soy yo y tenéis que aguantarlo, porque soy el más fuerte.

No debe ni puede gobernar así el PP. Tiene toda la legitimidad y el derecho a hacerlo convenciendo a otros partidos para que le presten su apoyo en un nuevo intento de investidura. Pero lo que echamos de menos todos los españoles es algo más que unos leves gestos para ganase ese apoyo. Pocos entenderían tampoco, con estos lamentables sucesos, que al final los socialistas se plegaran a los gritos desesperados de Susana Díaz y otros barones regionales para que al final se permita gobernar a Rajoy o a cualquiera de sus sucesores, que, sin duda, sería nombrado a dedo. ¿O también existe alguna duda al respecto de ello?


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