16 de septiembre de 2019, 14:03:03
Música


Concierto histórico de Raphael en el Palau Sant Jordi, en plena eclosión política

Concierto histórico de Raphael en el Palau Sant Jordi, en plena eclosión política

Por José R. Palomar

Es cita obligada para Raphael la ciudad condal, sea en el Liceo, El Palau de la Música, o como en esta ocasión el PalauSant Jordi (ya son 55 años). Una tarde soleada y algo fresca a última hora, en plena eclosión independentista, y víspera de la gran manifestación antinacionalista del domingo. Pero el sábado todo era ilusión en los ojos de gente de todas las edades, llegadas desde diversos puntos de España. En la plaza del mismo nombre, los asistentes se agolpan en el autobús con destino a la parada del estadio de Montjuich. Una chica de unos veinte años nos dice: “he llegado en el AVE desde Madrid, no me pierdo ni uno de sus conciertos, mañana visitaré la Sagrada Familia…”. Una pareja de amigas, vestidas de gala como si fueran a una boda- aunque de negro- charlan sonriendo sobre la aglomeración de las paradas. Y el Palau se llenó con un público alborozado, riendo y aplaudiendo las ocurrencias en la interpretación, y el arte en la inconfundible voz de su ídolo de siempre: Raphael…


Durante el concierto no faltaron las canciones que demanda siempre su clientela: “¡Qué sabe nadie”; “En carne viva” (que desató la apoteosis); o “Yo sigo siendo aquel”. Pero incluyó temas inéditos, que son los que ha paseado por su gira, entre los que destacan, una hermosa versión del tema de Francis Cabrel “La quiero a morir” (remarcando la o), “Las costumbres” (con un acompañamiento solo de guitarra); “No sé cómo pude olvidarte”(fondo de acordeón); una canción original por la letra: “Ya no hay locos como antes”.; “Aunque a veces duela”; “Infinitos bailes” e “Igual” (versión del “Loco por cantar”, obra de Diego Cantero).

Dos horas y medio de concierto y 31 canciones, que alcanzó su punto álgido- público levantado y bailando- cuando sonó el tema “ESCÁNDALO”. En la pista del Palau Sant Jordi, en formato anfiteatro, había dos espacios diferenciados con sillas; y ya en las gradas tres bloques: dos laterales y uno central, enfrente del escenario. Aunque estuvieras en la zona alta, la visión era buena, y la voz de Raphael no precisa de cercanía…

Como única pega, hay que reseñar la falta de transporte público en Barcelona, tema que se ha planteado muchas veces (los políticos andan preocupados en otras cosas), en ocasiones como conciertos…El autobús no funciona a esas horas, y cabe la posibilidad de coger el metro en Plaza de España (previa caminata por las faldas de la montaña de Montjuich), o hacer uso del taxi, medio que escasea de madrugada. En cualquier caso, fue, como dice su canción, “La gran noche” de Rafael Martos.


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