21 de septiembre de 2019, 23:15:20
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'Hardwired... To self-destruct' de Metallica: Su mejor disco desde el 'Black Album'

Por Sergio Ariza Lázaro

8/10

Metallica han vuelto con 'Hardwired... To self-destruct', su décimo disco y el primero en 8 años tras el lejano 'Death Magnetic', y lo han hecho recuperando la forma y entregando su mejor obra en 25 años. Se puede ver el disco como un compacto repaso a su carrera, con paradas en los imprescindibles discos de los 80 pero sin olvidar, ni querer olvidarse de la época posterior al 'Black Album'.


Hardwired... To self-destruct está dividido en dos partes, a la vieja usanza. El primero comienza a por todas, con la potente y concisa 'Hardwired', propulsada por la batería de Lars Ulrich, el inicio suena como una vuelta atrás a los gloriosos tiempos del 'thrash', luego entra el riff de James Hetfield y, por último, su voz, rasposa y cabreada que lanza la proclama: "We’re so fucked, shit out of luck, hardwired to self destruct". Luego hay un buen puente instrumental con un otro potente riff, y un conciso y agresivo solo de Kirk Hammett, para volver con fuerza a la canción. Apenas tres minutos de una canción con una energía (y duración) cercana al punk, y a sus queridos Motörhead, que deja un buen sabor de boca para empezar. Luego es el momento de 'Atlas, rise', la canción que sirvió de tercer adelanto, otra canción que podría aparecer en sus primeros discos y en la que meten unas 'guitarras gemelas' a lo Thin Lizzy que quedan muy bien, la tercera canción, 'Now that we're dead', la primera que no habían adelantado como single, se abre con un riff pesado y amenazador, hasta llegar a un buen estribillo en el que Hetfield se luce. 'Moth in the flame' me parece el mejor de los tres grandes adelantos, con un estribillo a la altura de sus grandes clásicos y una inmediatez que se echaba de menos, 'Dream no more' es un pedazo de canción que a algunos les recordará los tiempos de 'Load' y 'Re-Load' pero que es más pariente cercana del 'Sad but true' del 'Black Album' o 'The Thing That Should Not Be' de 'Master of Puppets' (con la que también comparte temática sobre la obra de Lovecraft), esto es Metallica bajando de revoluciones y sonando más pesados y clásicos, con un punto a Sabbath o a Zeppelin. El primer disco se cierra con 'Halo on fire' en el que juegan con su vieja fórmula de canción que se abre como balada para terminar convirtiéndose en un trallazo.

El resultado hasta aquí es magnífico, algo que ni siquiera el más 'hater' puede contradecir pero el segundo disco no se encuentra a la misma altura, con canciones de relleno y otras que no justifican su minutaje. La primera canción, 'Confusion' es de las más destacadas. Su homenaje a Lemmy Kilmister de Motörhead, 'Murder One', se queda corto, puestos a hacer un tributo al autor de 'Ace of Spades' podrían haberle dedicado la canción que abría el primer disco. Aun así, las canciones no están mal del todo y siempre hay algún riff salvable. Hasta que llega el final con 'Spit out the bone' y te entra un escalofrío cuando compruebas que estos millonarios cincuentones todavía pueden sonar tan salvajes como los veinteañeros desarrapados que hicieron 'Kill 'em all'. Una canción que debería poner una sonrisa en la boca tanto al fan de toda la vida como al que dejó de prestarles atención tras el 'Black album'.

Si ‘Death Magnetic’ fue visto en su momento como una vuelta de forma, por su actitud y su vuelta a los orígenes, 'Hardwired... To self-destruct' le añade canciones más memorables. El resultado general es de notable alto, con la producción subiendo de nivel con respecto a los últimos discos y sonando, en palabras de la inmortal Beatriz Pérez Aranda, "como un pepino". Además el disco demuestra que la voz de James Hetfield nunca ha estado mejor, el cantante siempre me ha parecido el tipo con la mejor, y más apropiada, voz en el mundo del metal y en este disco da una nueva lección.

No alcanza los niveles de 'Master of puppets' pero es lo mejor que han hecho en años. Si hubieran decidido acortar un poco y haberse quedado con 8 o 9 canciones estaríamos hablando de un disco casi sin desperdicio pero si lo peor que se puede decir de una banda con un pasado como este es que han metido demasiadas canciones es que han pecado por exceso y eso solo quiere decir una cosa, la banda más grande del género vuelve a tener hambre. Atrás quedan los momentos Spinal Tap de 'Some kind of monster', cuando la banda parecía una parodia de sí mismos, Metallica ha vuelto y, por primera vez en décadas, el foco no está en los cambios de imagen, en sus turbulentas relaciones personales o en el productor sino en lo único que importa, la música.

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