13 de diciembre de 2019, 9:13:10
Internacional


El Sahel, ¿nuevo escenario de actuación de ISIS?

Por Víctor Rodríguez


Tras las recientes derrotas en Mosul y Raqqa, los últimos baluartes del Califato, el Estado Islámico ha perdido poder e influencia en sus territorios. Según los expertos, ISIS intentará reorientarse hacia nuevas perspectivas en busca de su persistencia.

El coronel Luis Herruzo, exagregado de Defensa de la embajada de España en Afganistán, ha afirmado que lo más probable es que ISIS reorganice su gobierno en otro lugar, siendo las alternativas más factibles el Sahel y norte de África o el área Centroasiática.

¿Podría ser la región del Sahel una opción para la supervivencia del ISIS ante las inminentes derrotas de Irak y Siria? A continuación analizamos los factores que pueden posicionar esta zona como la mejor alternativa para la organización terrorista.

La amenaza híbrida

Para describir desde una perspectiva geopolítica dónde se encuentra el Sahel, de nada sirven los esquemas cartesianos. Muchos son los factores de naturaleza social y política que influyen en los países del Sahel, y que los posicionan como territorios especialmente vulnerables al Crimen Organizado: la existencia de estados fallidos, espacios desgobernados o gobiernos híbridos.

Actualmente, el cinturón del Sahel se sitúa como uno de los escenarios que despierta mayor preocupación a las principales instituciones internacionales. Esto es debido a la existencia de una mutiplicidad de factores que confluyen en la zona, y la convierten en campo de cultivo para la delincuencia organizada.

Muchos autores han venido denominando el fenómeno descrito como “la amenaza híbrida” haciendo alusión a la heterogénea naturaleza de los conflictos; terrorismo, crimen organizado, guerra, insurgencia, etc.

El Sahel es una sub-región densa en capas e intrincadamente fragmentada, y los criminales y terroristas que han optado por operar allí lo hacen como participantes en los entornos sociales, políticos y económicos existentes; no son necesariamente considerados como actores exógenos ni se ven necesariamente como amenazas, sino que en muchos casos están perfectamente incardinados en el debilitado sistema socioeconómico de estos países.

La debilidad institucional de muchos de los países que componen el Sahel es flagrante, y uno de los principales motivos por los que la hacen un campo de cultivo propicio para las organizaciones criminales. Esta debilidad puede tener diversas causas: recursos públicos escasos, corrupción, defectos en el sistema político o económico, actitudes y comportamiento de las élites dirigentes, falta de vigilancia, planes de seguridad poco efectivos, etc.

Cada una de las cuestiones mencionadas estimula la labor de los grupos criminales en varios sentidos: La escasez de recursos limita severamente la acción de control y vigilancia del Estado sobre el crimen. Además favorece para la captación de nuevos miembros, y a la normalización de las actividades criminales como medio para subsistir. La limitación de los recursos también se traduce en salarios públicos absolutamente degradados, lo cual aumenta la predisposición de funcionarios públicos hacia la corrupción. Es sólo un ejemplo del poder de influencia que tiene el contexto económico y social sobre la potencial incidencia del crimen en un determinado territorio.

Un territorio proclive para la economía criminal

La combinación de los actos terroristas con el negocio de la droga han transformado, en el norte de Mali, el proyecto yihadista de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI). El uso del discurso nacionalista-religioso sigue siendo la base de este grupo terrorista y de sus aliados para conseguir nuevos adeptos a la causa que ya no es sólo político-religiosa sino que se fundamenta en la creación de una economía criminal.

El terrorismo y el tráfico de estupefacientes son dos fenómenos íntimamente relacionados; en el caso del yihadismo, principal movimiento terrorista de la actualidad, la conexión entre la religión y el narcotráfico ha despertado diversos debates morales dentro del Islam: recordemos que la teología islamista el consumo de drogas está prohibido, sin embargo el tráfico ilegal de mercancías (incluidas drogas) se considera una actividad con una larga tradición comercial trans-sahariana. La tesis generalmente compartida por la Yihad sería que sus seguidores no pueden consumir drogas, pero si pueden utilizarlas (traficar con ellas) para cumplir con su fin último; servir a la causa yihadista.

El hecho de que el Sahel se emplace como un escenario tan atractivo para el crimen organizado y la financiación terrorista no solo tiene que ver con factores propios del lugar, si no con otros de naturaleza coyuntural y exógena. En este sentido, según la mayoría de los expertos, las causas estarían relacionadas con las tendencias evolutivas del Crimen Organizado transnacional, y muy especialmente del narcotráfico. Podemos señalar dos fenómenos, como los principales catalizadores de esta situación: En primer lugar, el crecimiento de la demanda de cocaína en Europa desde comienzos del siglo XXI, que ha motivado la redefinición de las tradicionales rutas del tráfico de droga. En segundo lugar, el incremento de la presión policial y judicial ejercida sobre las tramas trasnacionales de Crimen Organizado, que se han visto obligadas a buscar rutas alternativas para el traslado de la mercancía desde países y regiones productoras hasta países y regiones consumidoras.

Desde el punto de vista geográfico: la especial orografía del Sahel insta a un amplio margen de actuación, ocultación y movilidad para los grupos y redes criminales, especialmente útiles como zona de almacenamiento de mercancías ilegales, o incluso para albergar laboratorios ilegales.

Desde la perspectiva sociológica, en estos países existe un elevado grado de anomía: entendiéndose ésta como la falta de normas o leyes morales, que crea en el individuo una sensación de desprotección y desarraigo. El nivel de desigualdad en muchos estados es tan grande, que la mayoría de la sociedad no es capaz de alcanzar las expectativas del modelo capitalista, imponiéndose la actividad delictiva como única alternativa. Por otra parte, también influye la preexistencia en muchos países de tupidas redes de grupos y organizaciones criminales locales con experiencia desde hace muchos años en tareas de contrabando, con conocimiento profundo del terreno.

Presencia ya constatada

ISIS reconoció informalmente una nueva rama que operaba en la región del Sahel. El pasado 30 de octubre, la Agencia de Noticias pro-ISIS Amaq publicó un video en el que Adnan Abu Walid alSahrawi juraba lealtad a Baghdadi en nombre de "al Murabitoun", en el norte de Mali.

Sahrawi fue el líder de un pequeño grupo asociado a Al Qaeda que declaró lealtad al Estado islámico en mayo de 2015. En un principio, ISIS no reconoció el compromiso inicial de Saharaui y los medios vinculados a ISIS ignoraron al grupo hasta el pasado octubre; probablemente debido a que, hasta ahora, no tenían clara su capacidad real. Es posible que ISIS espere a que el grupo se desarrolle más antes de reconocerlo formalmente como un wilayat o provincia.

Resulta demasiado pronto para saber si este anuncio refleja un cambio real en la situación en el Sahel, pero la perspectiva de una presencia de ISIS en expansión que compensa parcialmente las pérdidas del grupo en Irak, Siria y Libia preocupante.
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