19 de noviembre de 2019, 17:07:56
Opinión


El último Consejo Europeo de 2016

Por Rogelio Pérez-Bustamante


Los pasados 14 y 15 de diciembre se reunieron en Bruselas los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea, para cumplir la última cita ordinaria de celebración de los Consejos con el objetivo de tratar los asuntos más importantes que les afecta. Había una cierta expectación ante el complejo escenario en el que se encuentra la Unión Europea tanto a nivel internacional como en el interior de la Unión, con el trasfondo del Brexit y de los decisivos procesos electorales que se producirán en 2017, entre otros países, en Francia y Alemania.

Las conclusiones de esta reunión ofrecen, en primer lugar, una toma de posiciones frente al enorme problema de la emigración que había puesto y realmente todavía sitúa entre las cuerdas a la propia construcción de la Unión Europea, y más singularmente la libre circulación, sin duda la más importante de las conquistas comunitarias. El acuerdo UE-Turquía, se ha considerado positivo por haber reducido la circulación ilegal por el Mediterráneo; se ha reforzado la Oficina Europea de Apoyo al Asilo y se ha invitado a los países europeos a acelerar la reubicación y cumplir con los programas de reasentamiento existentes.

Asimismo, se ha valorado el nuevo Marco de Asociación y de Cooperación firmado con Nigeria, Níger Senegal, Mali y Etiopía que sienta las bases para una nueva modalidad de cooperación, en la que los Estados africanos deberán ejercer un mayor control sobre la migración irregular y recibirán a cambio cantidades importantes de dinero. Sobre todo, el Consejo Europeo se ha comprometido a aplicar plenamente la Estrategia de Seguridad Interior de la Unión Europea 2015 a 2020.

El segundo bloque de conclusiones ha correspondido a la Seguridad Exterior y Defensa. Era esperada y necesaria una toma de posesión de los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión después del posicionamiento del nuevo Presidente de Estados Unidos quien recordó a los aliados el compromiso que tenían de elevar su gasto en defensa al 2% de su PIB, objetivo que sólo superan en la actualidad 4 países de la Unión Europea mientras que países como Alemania, Italia o España están a mitad de camino y, consecuentemente, se entiende la queja americana de que los Estados miembros de la Unión vivan cómodamente bajo la protección del gigantesco paraguas militar norteamericano.

Esta es una vieja historia que pudo haberse solucionado si hubiera prevalecido la Constitución Europea pero desafortunadamente en el rescate del Tratado de Lisboa la Política Exterior y la Política de Seguridad y Defensa quedarían de nuevo bajo el mandato intergubernamental y con unos complejos mecanismos para la toma de decisiones. Por tanto, no sólo este Consejo de diciembre de 2016 ha coincidido en asumir una mayor responsabilidad proponiéndose contribuir de manera decisiva y aplicar la Estrategia Global de la Unión Europea, sino que incluso se ha comprometido a acelerar los trabajos para elaborar una orientación estratégica y evaluar regularmente los progresos realizados en materia de seguridad y defensa solicitando a la Comisión que presentase propuestas para crear un Fondo Europeo de Defensa.

Un tercer bloque de conclusiones afecta, lógicamente, a los temas económicos, sociales y de empleo. Sobre el primero de estos aspectos se ha ocupado de la ampliación del Plan Juncker de inversiones estratégicas de la Unión Europea, un plan en el que volvemos a expresar nuestras dudas sobre su resultado, pues, utiliza unos coeficientes multiplicadores muy altos para hacernos creer que está en juego una inversión movilizada superior a 600.000 millones de euros. Hay, asimismo, una mínima llamada a la necesidad de completar el proceso de Unión Bancaria y a la implantación plena de un mercado común de la energía. En cuanto al tema de empleo lógicamente la Unión Europea asume el problema del paro juvenil y se plantea la continuación de la Garantía Juvenil, iniciativa europea que pretende facilitar el acceso de los jóvenes al mercado de trabajo.

Las referencias al escenario exterior incluyen la toma en consideración de las negociaciones para la reunificación de Chipre de cara a la Conferencia de Ginebra que se celebrará en enero de 2017; la confirmación de la Política de la Unión con respecto a Ucrania y la decisión de realizar con Ucrania un acuerdo de asociación que la vincule al EURATOM y, finalmente, otra toma de posiciones con respecto al conflicto de Siria, en la idea de seguir colaborando con Naciones Unidas, comprometiéndose a prestar apoyo a la reconstrucción de aquel país una vez que se ponga en marcha una transición política creíble.

Como siempre estamos, ante todo, en el nivel de las declaraciones y no parece que la Unión Europea en esta necesaria asunción de responsabilidades en materia de Seguridad y Defensa vaya a tomar importantes iniciativas hasta que el panorama electoral se disipe, si bien según parece el escenario político no variará sustancialmente, por lo que se espera que otra vez bajo el hilo conductor de una estrategia franco-alemana nos encontremos a finales del próximo año ante un nuevo escenario que quizá permita incluso, una vez resuelto el dile del Brexit, reformar los Tratados.

Rogelio Pérez-Bustamante

Catedratico Jean Monnet ad personam

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