7 de diciembre de 2019, 5:09:28
Opinión


PP y Aznar: ¿divorcio o nulidad?

Por José Joaquín Flechoso


Recuerdo con agrado un mitin del PSOE en la Plaza de Toros de las Ventas durante la campaña para las elecciones de 1982, sin Susanas ni gestoras de por medio y con un Felipe González en lo más alto de su popularidad, cuando una señora que presumía de ser socialista de toda la vida, vitoreaba a Francisco Fernández Ordoñez por haber sido el impulsor desde su puesto de Ministro de Justicia en el gobierno de UCD con Adolfo Suarez al frente del mismo, de la Ley del Divorcio. “Me diste la vida Paco” gritaba una y otra vez mientras agitaba una bandera con el puño y la rosa la buena señora.

Paco Ordoñez era el ala más progresista de la UCD que gobernó España, pero que como se presumía, se disolvería como un azucarillo una vez que el entonces presidente Suarez se viera acosado por todos los sectores de su partido y por la oposición socialista con Alfonso Guerra a la cabeza que ferozmente le acosaba una y otra vez, sin olvidar las presiones militares que acabaron en el golpe de estado del 23F. Ordoñez fundó el Partido de Acción Democrática, que posteriormente se integraría en el PSOE junto a Felipe González. Hasta la entrada en vigor de la mencionada Ley del Divorcio, los españoles adinerados recurrían al Tribunal de la Rota para poder exigir la nulidad matrimonial y por supuesto, la eclesiástica, que se obtenía por motivos tan peregrinos e ilógicos como la infertilidad, después de haber tenido cinco hijos. Aquella ley tuvo que modificarse veinticuatro años después de aquel 22 de junio de 1981, para adaptarla a los tiempos y modos más comunes en Europa, pero allá por los comienzos de los ochenta, cabria recordar que la Iglesia mostró su lado más reaccionario ante semejante regulación matrimonial. Ahora con el paso de los años se sigue manteniendo en cualquier caso la nulidad matrimonial como elemento resolutivo católico y por supuesto el divorcio como elemento civil.

Dicho sea este apunte previo para reflejar lo que ha ocurrido y está ocurriendo en el Partido Popular con el papel de su histórico líder José María Aznar, presidente del que guardan un grato recuerdo el sector más rancio del partido y no tan bueno los cortesanos de Rajoy que ven en el gallego jefe del Ejecutivo, un líder más cercano y nada engolado a diferencia del hombre de la foto de las Azores, de patético recuerdo.

Es cierto que el fundador del partido Manuel Fraga, delegó toda su confianza en el entonces presidente de Castilla León, el hombre que se dejó bigote para disimular la inmovilidad del labio superior cuando habla, igual que le ocurre a los muñecos de José Luis Moreno, solo que éste, no tiene ninguna gracia. El recién nombrado líder del partido, comenzó una fulgurante carrera política a nivel nacional, que le llevó hasta aquel famoso: “váyase señor González” que fue premonitorio del fin de la carrera del dirigente socialista al frente del partido, llegando incluso a vencerle en una elecciones generales, algo inédito hasta entonces. Aznar se sintió todopoderoso tras la victoria sobre Felipe y así lo demostraba cada vez que tenia ocasión ante los suyos, llegando a crear pánico entre las personas del partido de nivel medio alto, sobre todo si aún no te habías comprado una raqueta de pádel, pues en aquellos tiempos o eras del deporte de moda, o estabas condenado a la mediocridad como simple militante con nivel de pagafantas.

Aznar, el sujeto cargado de soberbia, que al contrario de Blair y Bush, aún no ha pedido perdón por el sangriento error de la guerra de Irak, ni se ha retractado de lo afirmado después de aquel trágico 11M, donde movilizó y manipuló todo lo que pudo para hacer ver que aquello era un atentado de ETA, algo que el pueblo llano jamás se creyó y que acabó con la escasa credibilidad que tenía el PP y con el triunfo de ZP frente a Rajoy, el entonces delfín elegido a dedo por el bigotes (no confundir con el bigotes de la Gürtel... o ¿tal vez sí?).

Esa derrota de Rajoy no fue criticada por Aznar, pero poco a poco iba dejando mensajes desde FAES, una fundación hecha a imagen y semejanza del entonces ex presidente para que jugase a la política, sin incordiar demasiado. Pero el carácter intolerante de José María (Jose, para los amigos) no le iba a dejar opción a la relajación y pronto empezaría a criticar a su sucesor con valoraciones negativas de su gestión y de su escaso tirón popular que permitía seguir gobernando a los socialistas con Rodríguez Zapatero al frente del gobierno.

Todo se iba enrareciendo y cada vez que Aznar hacia alguna mención desde su atalaya faesista (de FAES, ¡no piensen mal!) los cimientos de Génova se removían pues para eso estaban financiados con dinero B de los tiempos de ya ex presidente de honor. Rajoy exhibía su partida de nacimiento y más gallego que nunca, no había quien le sacase una mala palabra sobre su antiguo jefe... pero tampoco ninguna buena, pues para elogios estaba Mariano después de que Aznar le metiera el rejón cada vez que podía.

Lo de Aznar empezó con un divorcio de aquel partido que creía suyo al que juro fidelidad eterna, mientras se hiciese lo que a él le parecía bien, pero como todos los divorcios que parecen de mutuo acuerdo, acaban siendo los más enconados y salvajes que uno pueda esperar. El primer paso fue renunciar al puesto honorifico donde le habían puesto como gesto de desprecio, pero con anterioridad hay que registrar la separación definitiva de FAES del Partido Popular, financiación incluida, siendo ambos síntomas claros de ruptura. Aquí, al contrario de otros divorcios no hay nada que repartir, ni bienes, ni hijos y mucho me temo, que tampoco ideología.

Creo entender por los síntomas que se perciben, que una vez alcanzado el divorcio, Aznar dará un paso más hacia la nulidad, para retomar su papel de político activo cual soltero que se pone en el mercado y así poder celebrar nupcias con algún otro partido que le dé VOX propia, o bien sea capaz de crear un partido de regeneración de su ideario, si, el mismo que nos metió en una guerra, ahora que otra vez el Partido Republicano manda en USA y los tambores de guerra parece que vuelven a tener protagonismo. Pronto veremos una guerra de peinados entre el tupé color panocha de Trump y la onda negro azabache del hombre que escribió sus memorias por dos veces, como si de un Cesar romano se tratase, pero siempre nos quedara Aznar y Ana Botella como ejemplo comparativo de que el ser humano, es manifiestamente mejorable.


JOSE JOAQUIN FLECHOSO

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