28 de octubre de 2020, 4:23:10
Opinión


El mal perdedor

Por Gabriel Elorriaga F.


Aquel a quien ya podemos considerar expresidente Obama, ha dado, en estos últimos días presidenciales, la más penosa imagen de un mal perdedor. Un perdedor de una batalla que no era la suya sino la de Hillary Clinton, a la que menospreció groseramente al afirmar que él si habría ganado en detrimento de su compañera de partido. El vanidoso expresidente no podía aceptar que Hillary Clinton perdió, precisamente, por presentarse como una servil continuación del obamismo. Una presidencia mediocre, sin otra novedad que la pigmentación de su piel, vestida desde el primer día con el gratuito perifollo de un Premio Nobel de la Paz concedido sin razón alguna que lo justifique.

En su afán de justificar su prematuro premio Obama favoreció una política de retiradas inoportunas y “primaveras” árabes irresponsables que sirvieron para dar cancha a la guerra terrorista extendida por todos los campos abonados por el radicalismo yihadista que es hoy la amenaza más grave para las naciones civilizadas. Equivocado en distinguir entre antipatías y enemistades, complicó la guerra civil en Siria, favoreciendo a los peores y dificultando la unidad de acción antiterrorista. Abandonó a Israel en la ONU y mejoró las relaciones con Cuba sin obtener una sola medida liberalizadora. Deja abiertas cinco guerras -Siria, Irak, Yemen, Libia y Afganistán- el titulado Premio Nobel de la Paz.

Además de todo ello, su más grave error ha sido el empeoramiento gratuito de las relaciones con Rusia, confundiendo el nacionalismo de Putin con la Unión Soviética de los tiempos de la Guerra Fría. Porque Putin puede ser un gobernante de dudosos perfiles democráticos pero no es un promotor de la revolución marxista totalitaria y universal y es un aliado estratégico potencial en la lucha contra el terrorismo. Las acusaciones de una intromisión rusa en las elecciones norteamericanas es un argumento ridículo. Ninguna potencia deja de intentar favorecer a con quien cree que puede entenderse mejor a través de los medios a su alcance. No es necesario recordar las Radios Liberty norteamericanas intentando infiltrarse en la antigua URSS o a la Radio Pirenaica soviética intentando influir en España. Que con los sistemas informáticos actuales haya intentado opinar Rusia en Estados Unidos no es nada sorprendente. Lo que resulta arriesgado es que nos creamos que estos intentos hayan pesado seriamente en el pueblo americano. Especialmente en el electorado de Trump que se supone enraizado en la América profunda, religiosa, patriótica y elemental, nada propicia a la seducción con retorcidos mensajes de guerra sicológica.

El desafortunado Obama ha ensayado desde crear conflictos diplomáticos a explotar los más simples reflejos de un pueblo para quien las referencias a Rusia aún están contaminadas por las tensiones de antes de la caída del Muro de Berlín. Putin, presentado como una resurrección de Stalin, es un esperpento anacrónico. Hizo el ridículo Obama al magnificar la influencia de Putin como el nuevo Maquiavelo condicionando la política interior norteamericana y derrotando a su princesa Hilary con solo introducir algún mensaje en las bases informáticas. Trump, presentado como interlocutor más fácil para el diálogo con Putin no es un peligro sino una esperanza de paz y distensión y una vía abierta a las alianzas que Estados Unidos y Europa necesitan para acabar decididamente con el conflicto que infecta el corazón del mundo islámico y es la gran amenaza de nuestro siglo.

No queriendo comprender esta realidad, Obama está dando el ejemplo del mal perdedor que renuncia al papel de lealtad institucional de los jefes de estado eméritos y que está actuando como un agitador contra la normalidad del proceso sucesorio de una nación que siempre ha presumido de corrección democrática. Dedicado a combatir a su sucesor con todas sus fuerzas, que no tardará en constatar que son menores de lo que él cree, Obama va a ofrecer a Estados Unidos y al mundo el peor de los espectáculos políticos: el del mal perdedor herido por la derrota de su apuesta. La peor transición de poderes de la historia americana.

Diariocrítico.com.  Todos los derechos reservados.  ®2020   |  www.diariocritico.com