23 de febrero de 2020, 12:36:27
Televisión


'The Leftovers' 3x05: bombas nucleares, orgías, el león y Dios

Por Sergio Ariza Lázaro

La tercera temporada de 'The Leftovers' está consiguiendo lo que parecía imposible, mantener el nivel de su increíble segunda temporada. En su quinto capítulo ha tenido un protagonista absoluto en Matt Jamison, el reverendo que actúa como opuesto de su hermana Nora. Si esta es una escéptica que quiere creer a toda costa, Matt es un creyente cuya fe pende de un hilo. Y en este episodio se ha visto puesta a prueba.

((ATENCIÓN SPOILERS))


Este episodio, 'El mundo loco, loco, loco de Matt' (un juego de palabras en el inglés original con la película 'It's a mad, mad, mad world'), comienza enseñándonos como un oficial de un submarino nuclear francés pierde la cabeza y hace estallar una bomba en una isla deshabitada del Pacífico. El mundo se está volviendo loco y la proximidad del séptimo aniversario de la Desaparición Repentina está haciendo que mucha gente se comporte como si fuera el fin del mundo. Es el capítulo de Matt y las referencias bíblicas estarán a la orden del día, entre ellas el Apocalipsis. Pero esto es 'The Leftovers' y Damon Lindeloff está consiguiendo desdramatizar los momentos más intensos, que son muchos, con muchas pinceladas de humor. Es una serie que se está volviendo loca y lo está haciendo por todo lo alto (como la población mundial que la habita). Este es, posiblemente, el capítulo más bizarro de la serie desde el antológico 'Asesino internacional' de la segunda temporada y no es de extrañar que haya habido vario guiños a aquel capítulo.

De primeras Matt convence a un piloto de una ONG para que le lleve a Australia de donde espera rescatar a su particular Mesías, Kevin, y traerlo de vuelta a Milagro para que esté allí en la fecha señalada. Matt está en una misión divina pero no está solo, con él se quiere llevar a John y a su hijo Michael, los hombres que le han ayudado a la hora de escribir su nuevo Evangelio. El primer golpe lo recibirá cuando John aparezca con Laurie, su mujer y ex de Kevin, que no comparte su creencia en la divinidad de Kevin. Dentro del avión comenzarán a discutir y cuando Laurie le dice que su ex marido no es el Mesías, unas turbulencias harán que a Matt se le ilumine la cara. Lindeloff vuelve a meter el humor en los momentos más insospechados.

Cuando finalmente llegan a Australia no les dejan aterrizar en Melbourne sino que lo tienen que hacer en Tasmania. Nuevamente la misión y las creencias de Matt son puestas a prueba. Para conseguir llegar a tiempo, se meten en el único Ferry que sale hacia allí, alquilado por una secta sexual adoradora de un león muerto. Para entrar allí Matt tiene que contar el chiste más guarro que conozca, el resultado es uno de las cosas más burras que he escuchado nunca, mezclando curas, espinillas y niños de 12 años. Es el preludio perfecto para un viaje a medio camino entre la pesadilla onírica, Sodoma y Gomorra. A Matt no le importa mezclarse con estos pecadores ni hacer cualquier cosa para lograr llevar a cabo su misión, su fe sigue guiándole y sigue pensando de sí mismo como una mezcla de Juan el Bautista, un evangelista y uno de los Reyes Magos. Pero el viaje le pondrá a prueba.

¿Ganó Dios el bronce en los Juegos Olímpicos de Moscú?

El hecho fundamental es cuando conoce a bordo del barco a un hombre llamado David Burton que se hace pasar por Dios. Burton era un decatleta que ganó el bronce en los Juegos de Moscú y que tras una experiencia cercana a la muerte (o la muerte según el propio Burton) se dio cuenta de que era Dios. Matt no puede soportar la blasfemia y está irritado, a pesar de que Michael le dice que eso no tiene nada que ver con Kevin y su misión. Pero puede estar equivocado y es que Burton ya había aparecido más veces durante la serie, en la segunda temporada se había escuchado su extraña historia por la televisión y, lo que es más importante, había salido dos veces en esa especie de hotel/limbo en el que Kevin aparece cada vez que ha muerto. Primero, en el inolvidable 'Asesino internacional', cuando paraba a Kevin en el puente con la pequeña Pattie y le daba a elegir entre lanzarse al río o seguir y asesinarla, y, después, en el último capítulo de esa temporada cuando en el hotel le daba a Kevin la clave para volver a la vida, cantar en el karaoke. Lo bueno de esta serie es que, lo que podría parecer claro, como que esto prueba que Burton, si no es Dios, por lo menos tiene algo de razón, no deja de ser totalmente interpretable. Y es que ¿quién nos asegura que Kevin no ha estado alucinando realmente y Burton aparece porque ha escuchado la historia? Como sus personajes nos manejamos en un mar de dudas, queremos creer en una resolución, en que todo obedece a un plan, pero puede que, después de todo, nada tenga un sentido.

Las cosas se ponen realmente tensas cuando Matt ve a Burton/Dios arrojar a un hombre por la borda, desesperado trata de hacer que paren el barco pero nadie le cree o le hace caso, embarcados en una bacanal de sexo y drogas. Al final se tira al agua pero no logra nada. Rescatado cuenta su historia y se entera de la de Burton. Intenta convencer a John y a Michael para ajusticiarle por su cuenta pero estos le dan la espalda, pierde los nervios y decide afrontarlo el solo, le golpea con un hacha y le coloca al lado de la jaula del león que llevan a bordo. Cuando Burton despierta Matt comienza a hablar con él, poco a poco todos sus miedos y temores irán saliendo a la luz, toda su vida está construida alrededor de Dios o su idea de Él, Matt piensa que sus rezos le salvaron de niño de una leucemia que ha vuelto. Se está muriendo y no entiende por qué. Hace frente a Dios y, por un momento, llega a creer en la divinidad de Burton. Cuando este chasquee los dedos y le diga que está curado, quedará en paz, pero no porque se haya curado sino por todo lo contrario. Matt entiende que toda su fe en Kevin y en su carácter especial no es sino una fantasía en la que pensaba encontrar una cura para su enfermedad, encontrar una respuesta con significado a algo horrible, como todos hacemos.

Cuando llegan a puerto el capitán le informa de que han encontrado el cadáver del hombre que cayó al agua y que si no tiene nada urgente que hacer en Melbourne debería testificar. "No, no tengo nada que hacer" es su respuesta. Su imperiosa búsqueda de Kevin ha finalizado no se sabe muy bien si porque, finalmente, ha perdido su fe o, sencillamente, ha dejado de creer que él tenga alguna responsabilidad o participación directa en lo que vaya a pasar. Luego les comunica a sus amigos que se está muriendo. Cuando un grupo de activistas suelta al león y este devora a un Burton que trataba de escapar de la policía, Matt se girará hacia sus incrédulos amigos (y hacia nosostros los espectadores) para decir "ese es el hombre del que os he estado hablando". Matt se ha pasado su vida hablando de Dios pero, parafraseando a Nietzsche, "Dios ha muerto".

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