7 de diciembre de 2021, 6:04:44
Opinión


Así sufre un niño transgénero: "No lo aguanto más... me voy a tirar por un puente"

> Artículo de Rubén Álvarez (COGAM-Educación)

Por Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid (COGAM)

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"No lo aguanto más. Me voy a tirar por un puente". Ésas fueron las palabras pronunciadas por una niña de 11 años, tras 5 meses de acoso continuado en su colegio de Manchester, Inglaterra. Una escalada de insultos diarios que terminó con la alumna recibiendo disparos con una pistola de aire comprimido. ¿El motivo? Ser transgénero.

Las personas trans forman parte del colectivo más marginado y atacado dentro de las siglas LGBT. Incluso la Organización Mundial de la Salud, hoy por hoy, les sigue patologizando injustamente. Un estudio realizado en 2016 en España asegura que un 82% de los transexuales han sufrido algún tipo de agresión física a lo largo de su vida, un 31% se ha sentido discriminado en su entorno laboral y un 23% ha intentado quitarse la vida. Según destaca el estudio publicado por 'The Archives of Sexual Behavior' esos porcentajes podrían ser mucho menores si se consiguiese una mejor integración laboral y social. Una meta evidente, pero que para ser alcanzada requiere de cambios significativos en el tratamiento de las identidades trans ya desde los centros educativos. Y es que, la transexualidad es natural, pero la transfobia se aprende.

Resulta complicado conocer el porcentaje de alumnos transexuales en las aulas de nuestros centros. No hay muchos estudios rigurosos que hayan abordado unaestimación global de personas transexuales en el mundo, pero solía hablarse de al menos 1 de cada 10.000. Según nuestros propios estudios realizados en 39 institutos de la comunidad de Madrid, el 60% de los centros cuentan con alumnado trans reconocido, si bien en muchos otros casos, esta realidad queda silenciada e invisibilizada por miedo al rechazo.

"Siempre se ha escuchado que las personas trans nacen atrapadas enel cuerpo equivocado, pero esta es una narrativa peligrosa"

Lo que no debemos olvidar es que detrás de esas cifras se esconden personas como esa niña de 11 años. Siempre se ha escuchado que las personas trans nacen atrapadas enel cuerpo equivocado, pero esta es una narrativa peligrosa, como viene siendo denunciado desde hace añosdentro del colectivo. Y es que es importante entender que la incongruencia no está en el interior de los jóvenes trans, sino en el entorno que les oprime. No hay nada en su interior que les impida gozar de una vida plena y feliz, como han demostrado todos los indicadores de felicidad de los estudios con jóvenes a los que se les permite vivir con el género con el que se identifican.

Es nuestra sociedad, con sus conceptos rígidos y arbitrariossobre el género, la que lleva a las alarmantes cifras actuales de discriminación e infelicidad. No existen cuerpos equivocados. Son nuestras categorías simplificadas las que no se corresponden con la riqueza y la diversidad de nuestra realidad social. Mientras tanto, el alumnado trans se mueve cada día en centros escolares que se desarrollan dentro de un contexto enteramente cisexual. Un entorno con baños y uniformes segregados, con realidades silenciadas y perseguidas, en las que la falta de información se llena rápidamente con miedo y rechazo. En los centros educativos no se presentan referentes trans, modelos de felicidad y éxito, espejos en los que encontrarse. Sin ellos, es imposible empoderarse, enfrentarse a la adversidad, descubrir quiénes somos.

Por si fuera poco, la comunidad trans lucha a diario contra una burocracia en el contexto escolar que entorpece el proceso de aprendizaje del alumnado. Muchos de estos alumnos tienen que esperar varios años para que cambien su nombre en los listados oficiales. Acciones tan sencillas como cambiar un nombre en un carnet de estudiante o permitir la entrada al baño que el alumno desee. Acciones que ayudarían al desarrollo de este colectivo pero que en muchas ocasiones se retrasan años y años entre despachos, documentos, ventanillas y pasillos. La asociación Chrysallis ya publicó en 2016 un material didáctico para trabajar en las aulas el tema de las identidades trans con los alumnos.

Realizaron fichas que mostraban figuras tanto de niños como de niñas mostrando sus genitales. La finalidad era que el alumnado entendiera que existen niñas con pene y niños con vulva. Un concepto sencillo, que de ser asumido por todo el alumnado, mejoraría radicalmente la calidad de vida de numerosas personas trans injustamente discriminadas. El material ha recibido peticiones desde otros países, y desde Chrysallis trabajan para que esté disponible en otros idiomas, pero ahora nos toca a nosotros dar el siguiente paso. Es el momento de integrar las realidades trans en los currículos educativos. Mostrar la diversidad real del mundo que nos rodea, presentar a las personas transexuales y transgénero como lo que son: personas valientes que se enfrentan día a día a una sociedad injusta y cruel, y aun así siguen luchando por ser vistos, aceptados, queridos.

Quizás si empezásemos a profesarles la admiración y el respeto que merecen, ninguna niña de 11 años tendría que volver a pensar en puentes y pistolas de aire comprimido.

Rubén Álvarez, voluntario de COGAM-Educación

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