17 de octubre de 2019, 0:21:11
Internacional


'¿Qué sabemos del terrorismo islámico?' (I): mitos, financiación, islamofobia y medios de comunicación

Por María Fernández

Cuando suceden atentados como el último perpetrado en Londres, un nuevo golpe del terrorismo yihadista en Europa, el miedo se extiende como la pólvora entre una población que no entiende por qué sus ciudades son atacadas y que tiembla al pensar cuándo y dónde volverá a ocurrir. El terrorismo islámico es un fenómeno complejo ya que las formas de generar el terror han cambiado, se han diversificado, y es prácticamente imposible establecer patrones ni perfiles de yihadistas. Estos atentados, que ocurren con mayor frecuencia fuera del territorio europeo, han provocado un auge de la islamofobia en Occidente, de los mensajes populistas, racistas y extremistas, y en definitiva del odio a quienes también sufren ese mismo terror. En ocasiones, los medios de comunicación fomentan este tipo de discursos que además de carecer de fundamento, no ofrecen análisis alguno del fenómeno, su origen y causas. ‘¿Qué sabemos del terrorismo islámico?’, el nuevo libro del experto en Seguridad Pública y Privada, José Manuel Blanco Pulido, pretende dar a conocer la realidad del terrorismo islámico, comprender el islam y desterrar mitos arraigados en nuestra sociedad.


Al comentar, e incluso al informar de los hechos cuando suceden atentados terroristas, es frecuente emplear de forma errónea términos como musulmán, árabe, islamista o islámico, ya que suelen usarse como sinónimos cuando en realidad son conceptos diferentes. Un musulmán es quien abraza la religión islámica, mientras que un árabe es quien vive en un país árabe pero no tiene por qué profesar la religión musulmana sino otras o ninguna. Aunque el profesor Blanco Pulido explica que el islam es “mucho más que una religión”, se trata de la segunda más profesada en el mundo, detrás de la cristiana. “Nosotros miramos con ojos occidentales y tratamos de entender el islam como religión al estilo de la cristiana, pero el islam es un compendio de más cosas; hay una parte política, que correspondería a la ‘sharía’, y una parte de tradición, que sería la Sunna. La ‘sharía’ es la ley divina, que va desde las enseñanzas más generalistas a las más concretas, es una guía para todo musulmán creyente en Alá. La Sunna es un conjunto de enseñanzas del profeta Mahoma, que junto con el Corán es la segunda fuente de revelación de Alá.

Tras la muerte del profeta Mahoma, surgieron dos ramas mayoritarias dentro del islam: suníes y chiíes, cuya proporcionalidad es 87% suníes y 13% chíies. Existe una tercera rama minoritaria, los jariyíes. Dentro de los suníes, existen ramificaciones y escuelas como los salafistas-wahabita, y dentro de ellos se encuentra la rama más peligrosa: los yihadistas.

La principal discrepancia entre estas dos ramas mayoritarias: para los suníes el sucesor de Mahoma debía ser el califa con liderazgo político y religioso, mientras que para los chíies el sucesor del profeta debía ser un pariente del mismo. Además de la forma de entender la religión, política y el orden social de forma distinta, hay dos conflictos clave para comprender la separación entre chiíes y suníes. Estos conflictos serían: la Revolución Islámica en Irán en 1979, país que es el centro actual de los chiitas; y la guerra de Irak que comenzó en 2003, en la que Occidente consiguió derrocar el régimen sunita de Saddam Hussein y consiguió que los chiitas se hicieran con el poder.

“Países como Arabia Saudí, Irak, Irán, Siria, Pakistán o Afganistán apenas tienen dos siglos de historia y fueron creados por los países occidentales. Occidente creó fronteras donde antes no las había, y e impuso y creó gobiernos acorde con el interés de los países colonizadores, y entonces comenzaron a surgir conflictos”, explica Blanco Pulido. En el intento de occidentalizar el mundo, se han generado una serie de problemas de adaptación y convivencia que sembraron el germen del actual fenómeno terrorista.

¿Cómo surgen y cómo se financian los grupos yihadistas como Al Qaeda o Dáesh?

El terrorismo yihadista es un fenómeno reciente que nació con la organización Al Qaeda en 1988, entre cuyos líderes se encontraba Osama bin Laden. Tal y como narra el libro ‘¿Qué sabemos del terrorismo islámico?’, este grupo terrorista proclamaba que el deber de los musulmanes era matar a los ‘americanos’ y a sus aliados para obligarles a retirarse de los territorios islámicos. Al Qaeda logró poner al mundo en jaque aquel fatídico 11 de septiembre de 2001, cuando más de 3.000 personas perdieron la vida en una ola de atentados perpretrados contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono en Washington. La reacción de EEUU no se hizo esperar, y pronto Al Qaeda quedó diezmada en Afganistán. A partir de ahí, se desató un intenso conflicto con Occidente, y Al Qaeda procedió a descentralizarse y asociarse con otras organizaciones similares. Tres años más tarde, en 2004, se produjo el segundo mayor atentado en territorio europeo, el 11-M. Además de haber dejado 191 víctimas mortales y más de 2.000 heridos, Al Qaeda inició el camino seguido por ‘su sucesor’: trasladar el terror desde las pantallas de televisión a las calles y hogares. Una de las ramificaciones de Al Qaeda es lo que hoy conocemos como Estado Islámico, Dáesh o ISIS.

El Estado Islámico es un grupo terrorista fundamentalista yihadista, que en junio de 2014 autoproclamó el califato y reclamó la autoridad religiosa sobre todos los musulmanes. Aunque defienden que el Corán no debe ser interpretado, imponen su propia interpretación extremista de la ley divina. Este grupo terrorista ha iniciado lo que se conoce como yihadismo global, expandiendo sus tentáculos por casi todos los rincones del planeta, lo que complica sobremanera la lucha antiterrorista. Uno de sus rasgos característicos sería la extrema violencia contra los no musulmanes así como la difusión de ejecuciones de todo tipo a través de las redes sociales, y es que este grupo ha encontrado en Internet la forma de extender el terror por todo el planeta.

El Dáesh ha logrado poner en jaque el equilibrio de Oriente Medio y ha conseguido atemorizar al mundo, y especialmente a Europa, que se ha convertido en el nuevo frente del yihadismo. Desde los atentados de noviembre de 2015 en París hasta el último ocurrido en Londres, se han producido ataques en Bruselas, Niza, Kabul y Berlín, por lo que la inseguridad se ha desatado por el ‘viejo’ continente.

Ante la expansión del fenómeno terrorista, surge la cuestión sobre su financiación. Es sabido que existen innumerables cuentas bancarias en paraísos fiscales que financian el terrorismo, y según el periodista e investigador, Daniel Estulin, EEUU, Reino Unido y Francia lideran la financiación del terrorismo. Además, el Estado Islámico ha logrado conseguir influencia en sectores estratégicos, geopolíticamente hablando. “El Dáesh tiene dinero en paraísos fiscales donde no interesa saber de dónde viene ese dinero”, explica el autor del libro.

Además de estas cuentas en paraísos fiscales, el Estado Islámico ha logrado controlar y explotar importantes pozos de petróleo en las zonas ocupadas y plantas de gas. A esto se suma el desmantelamiento y venta de empresas, las subastas de esclavos, mujeres y niñas, el saqueo de bancos, el comercio del arte y ‘antigüedades de sangre’, la creación de un sistema de franquicias terroristas, e incluso el moderno ‘crowdfounding’. También ha creado el denominado impuesto revolucionario en los territorios ocupados así como un impuesto de protección destinado a los cristianos que no se conviertan.

Dada la variedad de formas de financiación, resulta complicado pensar en que la solución pasa por tratar de cortar esas vías de financiación, ya que muchas de ellas ni siquiera se conocen. “Es gravísimo el tráfico de mujeres, niñas e incluso órganos, pero quizás sean ejemplos difíciles a la hora de ser controlados”, señala Blanco Pulido.

Pese a todo, Blanco Pulido se muestra optimista y considera que “el sistema económico en el que sustenta Dáesh no es sostenible”, ya que se basa en el saqueo, el apoderamiento y la explotación de lo que no es suyo así como en la continua amenaza en la ocupación de territorios.

Islamofobia y medios de comunicación

Cuando ocurre un atentado, los medios de comunicación se afanan por recabar toda la información posible, y en ocasiones, debido, a los intereses del propio medio, y las condiciones y circunstancias del suceso, se cuelan todo tipo de rumores e incluso datos falsos que se publican y difunden como verdaderos. Esta manipulación informativa provoca, además de desconcierto y desconocimiento en la sociedad, un auge de la islamofobia. Blanco Pulido equipara la situación con la época en la que ETA se encontraba en activo. “Cuando ETA atentaba, había gente que sentía rechazo hacia el País Vasco y aseguraba que todos los vascos eran terroristas. Nada más lejos de la realidad, pero estoy seguro de los vascos notaban ese rechazo, igual que les pasa a árabes y musulmanes ahora, que notan esa desconfianza en la calle”.

Para Blanco Pulido, la pérdida de publicidad y de qué hablar, serían parte de la solución para combatir al Estado Islámico, ya que este grupo ha encontrado en Internet y las redes sociales una forma de expandir el terror, de forma que habría que evitar la publicidad de sus actos y se debería dejar trabajar a los servicios de inteligencia. Este experto en materia de seguridad destaca que los medios de comunicación han avanzado al “rebautizar el fenómeno y llamar Dáesh al Estado Islámico”, ya que el concepto Dáesh genera rechazo entre la banda terrorista mientras que el nombre Estado Islámico publicita el término ‘califato’, que es uno de los objetivos de los yihadistas.

“Hay población española que es bastante extremista, y su única preocupación es que los inmigrantes les quiten el trabajo. Entre ellos, es más fácil que ‘cale’ el mensaje populista que presenta a los refugiados como terroristas, y como el enemigo y el problema, cuando en realidad el problema no termina, ni mucho menos, expulsando a los mulsumanes de los países europeos, por ejemplo”.

Blanco Pulido considera que el camino hacia la solución pasa por no sólo por la integración en la sociedad, sino que se deben combatir la captación y la radicalización desde la escuela. Según explica, la base de todo se encuentra en la Educación, y es ahí donde hay que comenzar.

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