20 de septiembre de 2019, 22:08:50
Opinión


La Sexta: Villarejo y la delincuencia estatal

> Por Carlos Paredes

Por Carlos Paredes


Lo que vimos ayer en 'La Sexta', pone los pelos de punta. Cabe la razonable sospecha de que no todo lo que contara Villarejo sea verdad, y la terrible certeza de que no todo era falso.

Sobre torturas y asesinatos de las fuerzas de seguridad, quedaron bastante cosas claras con los GAL (por si había dudas de lo que el estado es capaz o no de hacer), que se sumaron a las dudas más que razonables sobre la autoría del atentado contra la discoteca Scala, en Barcelona, o la impunidad de Antonio González Pacheco, más conocido como "Billy El niño" que jamás fue depurado (como el resto del cuerpo de policía) pese a sus consabidos delitos por cuestiones políticas a disidentes de la dictadura, y que siguió ejerciendo su cargo como si nada tras la transición.

Los propios movimientos de Villarejo, descritos por él mismo, nos hablan de unas fuerzas de seguridad más que tenebrosas, sobre las que se arroja una imagen que tiñe de negro al estado, donde si algo queda claro, son las rivalidades, envidias, insidias, y mezquindad que mueven los hilos de quienes inventaron la "Marca España", donde lo único importante es quién se queda el dinero, y quién aplasta a quién, como vemos a diario en los innumerables casos de corrupción, que son la triste norma cotidiana de una decadencia propia del medievo.

La posible implicación del Rey Emérito en el 23-F, "Los Cuadernos de Sabino" los diarios de De la Rosa, y ayer, además, los comentarios de Villarejo sobre el dinero que se perdía por el camino en la contratación de vuelos como el del Yak 42, mientras nuevamente, volvía a flotar en la nebulosa, la Casa Real, nos revelan una imagen macabra de la jefatura suprema del estado, en cuyas fotos de familia con la "élite" no faltan delincuentes juzgados por violar las mismas leyes que nos imponen a los demás. Todo esto lo escribo, porque por si no se dieron cuenta, lo importante de lo que comenta Villarejo en el capítulo de la Casa Real, no es si el Rey tiene un amor con Corinna o con Bárbara Rey (algo privado que sólo concierne a ellos) sino, según él, el dinero que desaparecía de la contratación de vuelos mientras abordaba el capítulo de la monarquía, algo sobre lo que prácticamente ningún medio (cosa curiosa) habla hoy.

La corrupción de los Pujol, o de CDC, la intervención de Artur Mas, y muy especialmente los elocuentes silencios de Mas, al ser preguntado por algunos nombres, la grabaciones en el despacho del ministro del interior, Jorge Fernández Díaz (sí, el mismo que tiene un ángel de la guarda que le ayuda a aparcar) nos dejan un olor, una realidad, que revuelve las tripas con sólo acercarse. Desde aquél "tres por ciento" que pronunció Maragall en el Parlament hace ya tantos años, hasta ahora, da la sensación de que la corrupción se permite o se condena, en función del interés privado de unos y otros, eso sí, siempre con cargo a los mismos bolsillos, los nuestros.

La mención de Margarita Robles, que vuelve a la escena política de la mano de Pedro Sánchez, como persona que encargó un informe más que sucio para liquidar socialmente a Baltasar Garzón, las historias de cómo se fabrican y destruyen pruebas para poner y quitar personas según los intereses de la cúspide, cuyos robos e injusticias desfilan a diario en los noticiarios de nuestro país, que se suma a determinados medios de comunicación convertidos en organismos de propaganda política, comprados con publicidad institucional, o con cargos y sueldos a sus directivos, nos da una idea bastante aproximada de lo cocción de heces, que ahí arriba se da, donde por si usted no se había enterado, los que desfilan, son los mismos que se subieron al tren de los que mandan cuando la transición, para unirse a los que ya mandaban antes.

Lo que sangra de la entrevista de Villarejo, no son las mentiras, es la certeza de que al menos, una parte, seguramente sea verdad. El 15M, tenía razón, y por si ustedes no se han enterado, o no se han querido enterar, "Lo llaman democracia y no lo es" y viendo el desfile, el delito sería no gritar "no somos mercancía en manos y políticos y banqueros" al paso de cada modelo, porque si algo tienen en común, es el desprecio con que tratan a quienes con nuestros impuestos les amamantamos.

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