27 de enero de 2020, 23:08:36
Toros

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Talavante torea, Cayetano lo intenta y El Juli triunfa con un pésimo encierro de Daniel Ruiz

Por Emilio Martínez

La feria del Centenario ha ido de más a menos en cuanto a la presentación y juego de los toros, porque las figuras fueron llegando en la segunda mitad del ciclo y ya se sabe. Aunque el mayor desafuero en trapío, casta y fuerza -casi 'na'- se hizo presente en la última corrida con la divisa local de Daniel Ruiz.Con ella, estadísticamente triunfó El Juli con dos orejas verbeneras, aunque, dentro de lo poco que cabía, el que parió el toreo fue Talavante, algo que intentó Cayetano.


El éxito estadístico de El Juli (en la foto) llegó en el cuarto de la tarde, el más anovillado del encierro, con el que no se acopló con el percal, ni en la primera mitad de la labor muleteril, siempre ventajista, al hilo del pitón -un día se va a caer de cabeza-, desligada y abusando de cite con el pico. Después, se acercó un poco más a semejante birria y también a lo que es o debe ser el toreo, con cara y gestos teatrales de estar realizando los 7 trabajos de Hércules.

Eso caló en el cotarro, al que acabó convenciendo cuando -a los 15 minutos de faena o lo que fuera aquello, con un presidente con el reloj parado para las figuras- mató de una estocada en su clásico estilo -el 'julipié', ya se sabe- también ventajista y paseó dos orejas verbeneras y populistas. Eso sí con algunas protestas de esos minoritarios sufridores que son los aficionados exigentes.

En el primero, un Julián López desconfiado y anodino no fue capaz de acoplarse con esa especie de novillo con cuernos y esturreó mantazos y enganchones por todo el ruedo. Algo similar, aunque en menor medida, a lo que un Cayetano voluntarioso pero poco inspirado llevó a cabo con el que cerró festejo y feria. Sin embargo en el otro, tras iniciar la faena de rodillas con una buena serie de redondos mandones y largos, intentó el clasicismo pero la birria se vino abajo pronto.

Y si este buen Rivera Ordóñez -el otro, Francisco, es el malo, como torero, se entiende- lo intentó, Talavante lo bordó en algunas fases de su faena al quinto, improvisando adornos de inicio y con dos buenas series en redondo y una al natural hasta que el bicho se negó a embestir. Hubo petición induficiente de oreja, pero este mismo usía ha regalado varias con menos moqueros. Talavante, poco amigo de birlonguear, no se había complicado con el segundo, rebrincado y sin fuerzas, al que pasaportó pronto.

Ficha: toros de Daniel Ruiz, muy mal presentados, descastados, mansos y flojos. El Juli: silencio; dos orejas. Alejandro Talavante: silencio; ovación tras petición. Cayetano: palmas; silencio. Plaza de Albacete, 17 de septiembre. 10ª y última de feria. Lleno.

Pequeños detalles artísticos en un festejo plano y aburrido

Por segundo año consecutivo la divisa de la empresa del coso, Alcurrucén, defraudó con unos bicornes ayunos de casta que poco facilitaron el triunfo que buscaba una joven terna fomada por Del Álamo, Álvaro Lorenzo y Ginés Marín, quien fue el único que cortó una oreja de escaso fuste en una corrida en la que hubo aburrimiento como denominador común.

Esa fábrica tipo industrial de toros, con tantos premios y triunfos en multitud de plazas, incluidas Las Ventas y otrora la de la Nueva Yorñ de la Mancha (léase Albacete), echó un pequeño chafarrinón en su hoja de servicios. Porque ninguno de los 'alcurrucenes' de los hermanos Lozano estaba alumbrado con el, ¡ay!, tan escaso milagro de la casta y/o la bravura.

De ahí que las ilusiones de la terna no se cumplieron y sólo quedan en el recuerdo, y en el bloc de notas a la antigua -o sea, con bolígrafo-, pequeñas fruslerías de toreo. La mayor parte correspondieron a Juan del Álamo, quien intentó extraer de sus dos mansos algunas gotas del exlixir clásico. Y lo logró en un par de series de site y ocho muletazos por ambos pitones. Detalles que no pudo redondear: porque su primero le propinó una paliza cuando iba a entrar a matar -lo que hizo Álvaro Lorenzo-, y en el otro marró a espadas lo qe habría sido una oreja de justicia.

Pues resulta no tan justa fue la que logró Ginés Marín -en la foto- en el tercero, ya con su toreo ventajista en lo fundamental y, eso sí, de bellos remates pero de insuficientes méritos -y pañuelos- para el trofeo, que finalmente la blanda presidencia del coso albaceteño concedió. El sexto añadió algo de genio y peligro a su catadura descastada y el extremeño lo pasaportó rápidamente.

Álvaro Lorenzo, coletudo de excelentes maneras apoderado por la empresa, demostró su buen corte en sus dos enemigos, a los que lidió inteligentemente en terrenos de chiqueros, pero a sus series de muletazos ortodoxos e incluso con un punto artístico le faltó rotundidad, apostar más por el riesgo. Y para echarlo todo a perder anduvo fatal con las armas toricidas.

Ficha: toros de Alcurrucén, bien aunque desigualmente presentados, descastado y mansos aunque nobles. Juan del Álamo: ovación que recogió la cuadrilla al ser llevado a la enfermería donde tenía varias contusiones y un puntazo en el mentón; ovación tras aviso. Álvaro Lorenzo: ovación; vuelta tras aviso. Ginés Marín: oreja; palmas. Plaza de Albacete, 16 de septiembre. 9ª de abono. Tres cuartos de entrada.

'Panem et circenses' para que Ventura y el Juli corten una oreja

Quizás sea un poco exagerado pero aquello del 'panem et circenses' refleja a la perfección lo acontecido, en esta octava de abono, tras la merendola del descanso a base de los buenos embutidos, viandas y quesos de la tierra: que si morcillas, que si lomo de orza, que si 'güeñas' y similares, con el aditamento de excelentes tomates de Liétor o Valdeganga, y regado todo con los magníficos caldos manchegos. El caso es que esa parte de público mayoritario e indocto (en tauromaquia) disfrutó en la segunda mitad del espectáculo.

De modo que Diego Ventura, que con templanza y clasicismo, aunque clavando muy desigual, no caló en los parroquianos en el que abrió festejo, lo tuvo claro en el otro. Tiró por los caballazos tipo Ginés Cartagena, por las peticiones de aplausos, por las vueltas y revueltas con las monturas y aunque anduvo también con escaso acierto al clavar, la mayoría de la gente le consiguió una oreja.

Visto lo cual, El Juli debió decirse, pues yo no voy a ser menos, y con su anovillado segundo, tan descastado y manso pero tan colaborador en la muleta como todos excepto el último, esturreó muchas mediocres series por toda la arena sin ajuste ni calidad, salvo mínimas excepciones. Pero tantos circulares y tanto efecto 'pinguí' le gustó a la masa y a pesar de no matar bien, también se llevó un trofeo.

Antes, el madrileño, una sombra de sí mismo, anduvo espeso y justo de ánimo con el otro, que le enganchó en multitud de ocasiones el trapo. De similar guisa había obrado Roca Rey antes del descanso y también en su segundo pretendió tocar pelo, lo que el bicorne, el más buey de todos amén de andarín y reservón, no le permitió.

Ficha: dos toros para rejoneo, reglamentariamente despuntados, de Guiomar de Moura, bien presentados, que dieron juego. Cuatro toros de El Vellosino, grandones, descastados, mansos, flojos y manejables excepto 6º. El rejoneador Diego Ventura: silencio; oreja. El Juli: silencio; oreja. Roca Rey: silencio; silencio. Plaza de Albacete, 15 de septiembre, octava de Feria. Lleno.

Cara y cruz de la Fiesta: triunfos de Perera y Marín percance de Ferrera

Con un encierro de nuevo muy bien presentado, en este caso de Santiago Domecq, la Fiesta, una vez más, mostró su lado amable con el matizable doble triunfo de Miguel Ángel Perera -dos orejas y ovación- y Ginés Marín -oreja y oreja- y la cornada en la pierna izquierda -de pronóstico menos grave tras ser herido por el cuarto- de Antonio Ferrera -silencio y ovación tras dos avisos-.

Los matices cuando hay salidas por la Puerta Grande de dos coletudos, que reglamentariamente sumaron los mínimos e imprescindibles dos trofeos, son importantes. Porque la faena, muy en su estilo, de Miguel Ángel Perera al encastado -y premiado excesivamente con la vuelta al ruedo- al que desorejó, alcanzó altas cotas de espectacularidad, desde el pase cambiado a los remates finales con los pies clavados en la arena sumando diez naturales, diez, con ambas manos cambiándose la flámula, y, claro con varias series anteriores por ambos pitones llenas de temple y dominio.

El extremeño volvía a conquistar una de sus plazas emblemáticas... pero. Sin quitar un ápice a sus méritos, o sí, es justo y necesario remarcar que, en su estilo, practicó el ventajismo de esconder la pierna contraria casi siempre, metiendo pico casi siempre, al hilo del pitón casi siempre. También lo intentó a su manera con el mansote y reservón que le correspondió en segundo lugar y que le impidió volver a obtener algún trofeo.

Y siguiendo con los matices, el triunfo de Ginés Marín, fue menor porque la faena a su primera fue irregular, con demasiados enganchones y, claro, también ventajista, incluso más que la de Perera, que ya es decir/escribir. Mejoró con el último, sobre todo en el toreo al natural hasta que el burel se apagó, y Marín sí echó al esportón una justa oreja.

Es verdad que Antonio Ferrera tuvo el peor lote, dentro de la nobleza general, es verdad. Pero él anduvo por acá y por acullá con su primero sin llegar a acoplarse. Y en el que le hirió tardó en extraerle algunas series con la izquierda para pegarse el arrimón y ser cogido.

Ficha: toros de Santiago Domecq bien presentados y noblotes. Antonio Ferrea: silencio; ovación tras dos avisos. Miguel Ángel Perera: dos orejas; ovación. Ginés Marín: oreja; oreja. Plaza de Albacete, 14 de septiembre, 7ª de Feria. Casi lleno.

Colombo, con excesivo premio de tres orejas, destaca en la última novillada del ciclo

Lleva tiempo mandando en el escalafón novilleril y triunfando en todas las plazas que pisa, incluyendo la de Las Ventas, y había expectación en la ‘Nueva York de la Mancha’ por verle y, en su caso, disfrutarlo. Y el coletudo, aunque fuese premiado en demasía por el palco, no defraudó, ganándose la salida a hombros que no pudo llevar a cabo por pasar a la enfermería tras despenar a su segundo burel, que le cogió feamente aunque no le hirió, pero sí le produjo fuertes contusiones. Pongamos que se habla/escribe de José Enrique Colombo.El venezolano aprovechó las facilidades que le ofrecieron los de su lote, no muy diferentes al resto del noblón encierro de Fernando Peña, con tal trapío que muchos de ellos podrían haberse lidiado como toros en cualquier otra plaza de segunda e incluso de algunas de primera que yo me sé, y de cuyo nombre no quiero acordarme. Anduvo tan fácil con capote, rehiletes y pañosa que a veces no se le daba importancia en los tendidos. Variado con el percal en sus dos bicornes, tanto de recibo como en sendos quites, también echó espectacularidad con las banderillas y en el último tercio.

Como se las sabe todas, abusó a veces de ventajismo en el cite y en el remate -o sea, copiando a las figuras-, pero no por ello dejó de lucirse en sus dos enemigos por ambos pitones con adornos, remates y excelentes pases de pecho en su segundo, que le desarmó en un par de ocasiones y le llegó a coger de fea forma cuando el venezolano arriesgó con unas ajustadísimas bernadinas cambiándole el viaje.

Colombo, pese a que tiene muchos otros contratos pendientes y la alternativa dentro de un mes en Zaragoza, no se arredró y, maltrecho y desencajado, se la jugó de nuevo repitiendo la suerte en la que resultó volteado. Todo un detalle, que continuó de inmediato volcándose sobre el morrillo del bicho en la suerte suprema.

Ese buen juego y nobleza de los novillos sólo fue aprovechado por Diego Carretero en su enemigo inicial, que también le cogió sin consecuencias y con el que en una faena irregular, aunque de menos a más, destacó en un par de series de naturales. Sin embargo, no se entendió con el mansote quinto al que no cogió ni las distancias ni las querencias, por lo que sin estar mal, dio la impresión de que no echó toda la carne en el asador para obtener el segundo trofeo que le abriera la puerta grande.

Claro que mucho peor fue lo de Marcos, cuyo único mérito para entrar en la Feria es ser hijo de Maximino Pérez, empresario de Cuenca y otros cosos. Para mayor 'inri' cuando sus colegas albaceteños –los Lozano- dejaron fuera de los carteles al local Cristián Pérez, triunfador en el ciclo de 2016. Pero, claro, ya se sabe aquello del intercambio de cromos. Pues eso. El caso es que Marcos, verde y torpe, que largó mantazos a tutiplén a sus dos bichos, tampoco tiró por los caminos de la entrega y ganas de comerse el mundo para justificar su presencia en Albacete.

Ficha: novillos de Fernando Peña, muy bien presentados, nobles, flojos y manejables. José Enrique Colombo: oreja; dos orejas. Diego Carretero: oreja; ovación. Marcos: silencio; silencio. Plaza de Albacete, 13 de septiembre, 6º de la Feria del Centenario. Más de media entrada. Colombo fue atendido en la enfermería de una cornada envainada de 7 cm. en la pierna derecha de pronóstico leve.

Milagro en Albacete: hubo toros y toreros en un completísimo festejo

"De vez en cuando la vida te besa en la boca", Serrat 'dixit' en una de sus grandes canciones. Y al sufrido aficionado, que tanta decepción acumula en su pesarosa vida, algunas pocas veces le toca la lotería de un festejo interesante de principio a fin. ¿Por qué? Pues, muy fácil: funcionó el elemento esencial de la Fiesta, el toro, con un encierro de Torrestrella magníficamente presentado -aplaudidos al saltar a la arena- y que dio buen juego en general e incluso en algunos ejemplares apareció el milagro de la casta, siendo premiado con vuelta al ruedo el quinto. Y también funcionó el antagonista de las corridas, el coletudo: con Paco Ureña (en la foto), Rubén Pinar y José Garrido realizando una actuación magnífica, cada uno a su estilo.

Cuando hay toros y toreros, la cada día más vulgarizada y espesa Fiesta alcanza una gran expresión artística o emocional, que lleva a los espectadores si no a salir del bello y centenario coso neomudéjar albaceteño pegando pases, sí a que sus comentarios se extiendan por las familias y amistades camino del ferial y que se hable bien, de toros.

La máxima expresión de los intentos de pureza en el toreo la cascabeleó un extraordinario Paco Ureña -por cierto que ha entrado en el abono gracias a la baja de López Simón-, que en el que abrió función, que fue de más a menos en sus embestidas, ya apuntó alto su estilo sacerdotal y clásico con pellizco. Y ya en el encastado cuarto, brilló a tope con pases por ambos pitones y adornos varios, siempre sin ventajismo, siempre con la verdad por delante, por lo que se ganó a pulso el doble trofeo.

El estilo de Rubén Pinar es otro, de mayor entrega aunque también fundamentado en lo que se conoce por ‘escuela de Albacete’, que fundó el fallecido Dámaso González y que se cimienta en el temple y la ligazón. No obstante la labor del paisano no caló en demasía en los tendidos en su primero, más sí en el encastado quinto -finalmente premiado con vuelta al ruedo- al que dio series de todas las marcas con espectacularidad y mató volcándose en el morrillo.

Sin embargo el mejor toreo de capote, con diferencia lo llevó a cabo en sus dos enemigos José Garrido, con verónicas mecidas y sentidas, medias barrocas y galleo por chicuelinas. Fue sometiendo al tercero, un derroche de codicia, que pedía el carnet de coletudo técnico y valeroso, pero marró a espadas. De similar guisa obró el extremeño en el último, que se quedaba corto, pero al que tras unas espeluznantes bernadinas, si despenó a la primera echando una merecida oreja en su esportón.

Ficha: toros de Torrestrella, con trapío y muy ofensivos excepto 2º; nobles, cumplidores en los caballos y de buen juego en general con 3º, 4º y 5º encastados. Paco Ureña: oreja; dos orejas. Rubén Pinar: ovación; dos orejas. José Garrido: palmas tras aviso; oreja. Plaza de Albacete, 12 de septiembre. Quinta de abono. Tres cuartos de entrada.

Albacete: una terna de novilleros posmodernos que defrauda

Decepcionante primera novillada de una feria ejemplar en muchas cosas, aparte de la magnífica presentación de los bicornes en general, como es el que de 10 festejos, dos sean novilladas, un porcentaje único en cualquiera otro abono. Aunque por la vulgaridad posmoderna de la terna, en distinto matiz, fue por desgracia, la protagonista de la novillada.

Y es que, claro, ven a las figuras, figuritas y/o figurones hacer el destoreo tan de moda en la actualidad, y les imitan. Pero los mandamases del escalafón superior, por méritos propio o no, están ahí arriba y pueden permitirse semejante lujo. Mas no los novilleros, como los de este lunes en que Mario Sotos, Toñete y David Martínez, defraudaron antes un noble encierro, con mucho trapío, de dos de las divisas de la empresa: El Cortijillo y Lozano Hermanos (3º y 5º).

En esta práctica del destoreo o toreno posmoderno podemos disculpar al local Martínez, que debutaba con picadores y que dejó ver que se encuentra verde, aunque sacó algunos muletazos asilados, pero le faltó mayor entrega, más salir a comerse el mundo, ea, pijo, como se dice por estos lares manchegos (ovación; silencio)

Menos perdón tiene Toñete, placeadísimo coletudo, que aunque dejó constancia de su oficio y algunas series con aroma clásico sobre todo en su primero, con el que falló a espadas, también se apuntó al ventajismo: cite con el pico, suerte descargada, remate de los muletazos hacia fuera y similares (ovación tras aviso; silencio).

Entre ambos, en cuanto a culpabilidad se pronunció el conquense formado en la Escuela de Albacete Mario Sotos, que arrancó una oreja barata y con escasa petición en el que abrió el gris festejo, merced a algunos detalles del buen corte que tiene. De similar guisa, dentro del posmodernismo, obró en el otro, pero el usía en este caso cumplió con el reglamento y ante los pocos pañuelos en los tendidos no concedió el trofeo (oreja; silencio).

Albacete: Centenario triunfalista de 9 orejas y rabo, indulto bochornoso incluido

La corrida del Centenario del bello coso mudéjar albacetense, de este sábado 9, pasará a la historia por las estadísticas, sí: 9 orejas y un rabo, casi 'na'. Pero también por el triunfalismo desaforado de la mayoría que manda en los tendidos con la imprescindible complicidad de un palco tan bochornoso como el indulto que concedió a 'Orgullito', de la divisa de Garcigrande, un toro noblote y encastado que ni cumplió en varas ni en banderillas, pero que su matador, Roca Rey, se empeñó en no pasaportarlo y el usía, que le había ordenado matarle, al final tragó, hundiendo el prestigio del coso.

A ese bicorne de Garcigande, divisa junto a su hermana de Domingo Hernández -que se repartieron los ocho toros del festejo- favorita de las figuras, le había hecho una gran faena, de valor, entrega y variedad el peruano, que ya había destacado con su variedad capotera.

'Orgullito' fue un burel de noblota condición, que tomó un puyacito sin entregarse, que tampoco se empleó con los rehiletes, pero que tuvo catadura encastada en la flámula. Con él anduvo muy a gusto Roca Rey en una labor de quietud y entrega con buenas series por ambas manos, siempre con ligazón, aunque un punto ventajista.

Bien como torero, pero no como profesional, quedando a la altura del betún cuando inició gestos de indulto, secundados por parte del público y con la anuencia del usía, Joaquín Coy, quien tras indicarle tres veces que cumpliera con su obligación y despenar a 'Orgullito', de repente cambió y para sorpresa de todos, desenfundó el moquero naranja. Es de suponer que tendrá sus razones, claro que las tendrá...

Y, claro, como es habitual al coletudo se le concedieron dos orejas y rabo simbólicos. Roca sumó otras dos orejas del último en una labor de menor contenido ya con la plaza -salvo escasas excepciones abochornadas- volcada y con el moquero blanco facilito de nuevo por parte del usía.

Como fue, de facilito, en la oreja de regalo a Fandi en su primero, al que molió a mantazos esturreados por toda la arena. Con el otro aún estuvo peor y el usía no pudo practicar la elegancia social del regalo. ¡Vaya por Dios, qué mala suerte!

Como también fue un óbolo el trofeo de un Perera abusón de un animal anovillado que llegó cadavérico a la muleta. Con su segundo, el extremeño fue incapaz de superar el genio del bicho. Talavante también echó en su esportón una oreja de regalo por una faena de detallitos a su primero. Mejoró con el otro, con un recital de naturales, y se llevó la oreja que merecía y la del turno de regalo.

Total, lo escrito, 9 orejas y un rabo, un indulto merced a un pésimo presidente, cosa que lleva demostrando año tras año ciscándose en la otroa categoría del centenario coso... y muy poco toreo. Así está la Fiesta y así está la autoridad. No hacen falta antitaurinos.

Ficha: toros de Domingo Hernández y 4º, 5º y7º de Garcigrande. Bien presentados en general, excepto el chico 2º; todos noblotes y justos de fuerza y casta excepto el indultado 4º. El Fandi: oreja con algunas protestas; saludos. Miguel Ángel Perera: oreja; ovación. Alejandro Talavante: oreja; dos orejas. Roca Rey: dos orejas y rabo simbólicos; dos orejas. Plaza de Albacete, 9 de septiembre, corrida del Centenario de la plaza, inaugurada el 9 de septiembre de 1917. Lleno.

Albacete: sabor agridulce para empezar: Puerta Grande para Pinar y grave percance para Tendero

Cara y cruz de la fiesta: triunfo estadístico de Puerta Grande para Rubén Pinar y percance grave para el también local Miguel Tendero. Con una corrida muy bien presentada de La Quinta, de desigual juego pero siempre con interés, lo más artístico lo parió el también albaceteño Andrés Palacios.

Con el recuerdo de Dámaso González tan hondo, tan de dolor de profundo acantilado ahogando el corazón de los albaceteños, que el minuto de silencio tras el paseíllo fueron dos: el primero de emocionantes aplausos, el segundo de gélido y a la vez cálido silencio. La terna local de Andrés Palacios, Rubén Pinar y Miguel Tendero, que le brindó uno de sus toros, se enfrentó a un encierro santacolomeño de La Quinta, con muchos matices y muchas teclas que tocar -por lo que las figuras, figuritas y/o figurones rechazan- que enfrentaron de manera desigual.

Incluso el que más se pareció al fallecido coletudo en sus faenas fue Pinar, puesto y suelto, que a base de conocimiento y oficio fue capaz de extraerles multitud de muletazos a sus dos enemigos, que no colaboraban mucho, pero Pinar, como el maestro Dámaso, es capaz de darle pases a un armario, a base de pisar terrenos de mucho compromiso. Hasta las espaldinas y el péndulo le realizó al segundo, logrando dos orejas, excesivo premio de un usía, Luis Natalio Cuesta, que lleva tiempo hundiendo el prestigio de la plaza.

Más justa, de justicia y justeza, fue la que le dio en el anterior, a pesar del bajonazo que el público no tuvo en cuenta a la hora de desenfundar los moqueros. Aunque lo más artístico de la función lo cascabeleó el poco placeado Andrés Palacios en el que abrió festejo, de noble y encastado comportamiento y con el que fue de menos a más en series por ambas manos con aroma y sentimiento e incluso con algunos naturales dignos de un cartel.

Con el complicado cuarto, un mansazo de apenas recorrido, también logró chispazos al natural en una labor de altibajos. La cruz fue para un Miguel Tendero que tampoco torea casi y se le notó. En el que le correspondió en primer lugar, que iba con la cara alta y nobleza, empezó bien pero no llegó a entenderse con el bicorne. De similar guisa era el último que le cogió, aunque Tendero tuvo el gesto de aguantar hasta despenarlo.

Ficha: Toros de La Quinta, con trapío, noblotes pero con sentido, aunque de desigual juego; con el 4º muy manso. Andrés Palacios: oreja, ovación tras aviso. Rubén Pinar: oreja; dos orejas. Miguel Tendero: silencio; palmas al retirarse a la enfermería tras ser cogido. Plaza de Albacete, 1ª de Feria del Centenario. Dos tercios de entrada. Parte médico de Tendero: 'dos heridas por asta de toro, una, en la cara anterior interna del tercio medio proximal del muslo izquierdo con orificio de entrada de 3 centímetros y tres trayectorias: una medial y proximal de 15 centímetros con rotura muscular del vasto interno, otra proximal y externa de otros 15 centímetros que diseca el recto anterior y produce rotura de fibras del vasto externo y otra adistal de 25 centímetros que rompe la parte inferior del vasto interno; una segunda cornada de unos 10 centímetros, en sentido transversal región supra-púbica y que afecta al tejido celular subcutáneo’. Pronóstico grave.

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Previa: la Feria del Centenario se viste de luto por la muerte de Dámaso González

La plaza de toros de Albacete, que sirvió de modelo para esa cátedra del toreo ques es la madrileña de Las Ventas, cumple cien años. Inaugurada el 9 de septiembre de 1917, un siglo después se conmemora la efeméride que da nombre a la Feria de 2017. Pero hay un fondo de lágrimas en todos los albaceteños, aficionados o no, por la reciente muerte del mejor torero de su historia, Dámaso González, una de las grandes figuras de finales del siglo pasado, que ha vestido de luto el abono.

Un ciclo, torista, como es habitual en cuanto a la presentación de los bicornes, con mayor trapío que en el resto de plazas de similar categoría e incluso que algunas de primera, en el que harán el paseíllo la mayoría de las figuras, a excepción de Enrique Ponce -que en una efeméride así no debería faltar- y Sebastián Castella.

Tampoco pisarán la arena de la bella plaza mudéjar albacetense -conocida popularmente como 'La Chata'- dos de los que si estaban anunciados: Morante de la Puebla -quien jamás triunfó en Albacete, y que hace un mes pegó una de sus 'espantás' al cortar su campaña- y José María Manzanares, recuperándose tras su compleja intervención quirúrgica en las vértebras.

En cambio harán doblete El Juli, Perera, Talavante (el segundo paseíllo de ambos es por haber entrado en el cartel de la goyesca del día 9, sustituyendo a Manzanares), Roca Rey (cuya segunda actuación es en el lugar que ocupaba el de La Puebla), el local Rubén Pinar -gran triunfador del ciclo anterior- y Ginés Marín.

También por parte local, la empresa Taurino Manchega 2 -en la que deciden los hermanos Pablo y Luis Manual Lozano- aunque también están en ella minoritariamente los matadores paisanos no en activo Manuel Caballero y Manuel Amador-, además del merecido doblete de Pinar, se anuncian Andrés Palacios y Miguel Tendero (los tres abriendo feria ante la ganadería triunfadora en 2017, la de La Quinta, única de las consideradas duras en el abono).

Igualmente están los novilleros de la Escuela Taurina de Albacete, que dirige otro ex matador paisano, Sebastián Cortés- Diego Carretero, Mario Sotos y David Martínez, quedándose fuera incomprensiblemente Cristián Pérez, el triunfador de 2017.

Reseñar por último que, aunque los carteles en líneas generales son aceptables, la afición esperaba un mayor esfuerzo en ganaderías -las que vienen, con sus bicornes de gran trapío, son las que exigen la figuras- y tampoco le ha gustado nada la presencia de un coletudo favorito del público menos exigente, El Fandi, en la conmemoración del 9 de septiembre.

Sea como sea, el gran y triste protagonista del abono, será el mejor torero -inigualable también como persona de la máxima bonhomía- en la historia de la tierra, Dámaso González, cuyo recuerdo sigue indeleble entre todos los albaceteños. DEP.

Carteles

Viernes 8: Andrés Palacios, Rubén Pinar y Miguel Tendero (toros de La Quinta). Sábado 9: Goyesca por el Centenario de la plaza, con El Fandi, Perera, Talavante y Roca Rey (Garcigrande/Domingo Hernández). Domingo 10: los rejoneadores Sergio Galán, Diego Ventura y Leonardo Hernández (Ángel Sánchez).- Lunes 11: Mario Sotos, Toñete y David Martínez (novillos de El Cortijillo y Lozano Hermanos).- Martes 12: Rubén Pinar, López Simón y José Garrido (Torrestrella).- Miércoles 13: Jesús Colombo, Diego Carretero y Marcos (novillos de Fernando Peña).- Jueves 14: Antonio Ferrera, Miguel Ángel Perera y Ginés Marín (Santiago Domecq).- Viernes 15: el rejoneador Diego Ventura, y El Juli y Roca Rey (María Guiomar Cortéds y El Vellosino).- Sábado 16: Juan del Álamo, Álvaro Lorenzo y Ginés Marín (Alcurrucén).- Domingo 17: El Juli, Talavante y Cayetano (Daniel Ruiz).

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