21 de agosto de 2019, 15:36:56
Ocio


'Vania (escenas de la vida)': melancolía y angustia otoñales

Por José-Miguel Vila / @josemiguelvila

Unos bancos corridos, instalados en una caja de madera de pino de apenas seis por ocho metros abierta solamente por arriba, acogen a 60 privilegiados espectadores por función en la Sala Negra de los madrileños Teatros del Canal desde el pasado día 23 hasta el 7 de enero próximo, para asistir a un nuevo, íntimo y delicadísimo acto litúrgico sobre la desesperanza, la tristeza, la angustia y la melancolía que atraviesa a los personajes del clásico Tío Vania, del autor ruso Antón Chéjov (1860-1904). Hablo del extraordinario montaje cuya adaptación y dirección corre a cargo de Alex Rigola, ‘Heartbreak Hotel’ con el subtítulo 'Vania (escenas de la vida)', que ha preparado antes sobre el papel la dramaturgista Lola Blasco.


Se trata de la tercera propuesta que, partiendo de Tío Vania, han podido disfrutar los espectadores madrileños en las últimas semanas junto a Espía a una mujer que se mata, en adaptación de Daniel Veronese, que puede verse hasta el 10 de diciembre en el Teatro Valle-Inclán (https://www.diariocritico.com/teatro/espia-a-una-mujer-que-se-mata), y el Vania, de Oriol Tarrasón que programó el Fernán Gómez (https://www.diariocritico.com/teatro/vania-critica).

En ‘Vania (escenas de la vida)’, hay cuatro inmensos actores, Luis Bermejo, Irene Escolar, Ariadna Gil y Gonzalo Cunill, dando vida a los personajes de Chéjov. Aunque todos ellos se llaman entre sí en escena por sus propios nombres (Luis, Irene, Ari y Gonzalo), representan respectivamente a Vania, Sonia -su sobrina-, Yelena -la joven esposa del profesor Serebriakov, personaje que en esta versión de Rigola no aparece en escena- y el médico, Doctor Ástrov. El dibujo de los cuatro actores de sus personajes respectivos es sencillamente antológico. En la más profunda intimidad, de la que hacen partícipes a todos los espectadores en un permanente juego metateatral, hablan, susurran, lloran, se muestran desesperanzados, amargados, infelices, llenos de hastío, frustrados y vencidos con una fuerza tal que es imposible no sentirse tocado por la desolación y el pesimismo existencial que transmiten.

La propuesta de Rigola es memorable. Sencilla, despojada de toda afectación, y dentro de unas simples tablas de madera clara, y con un par de sillas, una guitarra apoyada en la pared (estremecedora la canción que interpreta con ella Gonzalo Cunill) y un pequeño tiesto con un bonsai plantado en él, que en un momento determinado un personaje pone en medio de la habitación, como únicos elementos sobre el escenario del teatro, en medio del cual está instalada la caja (el espacio escénico es de Max Glaenzel), ha sido capaz de destilar todos los sentimientos más íntimos de los cuatro personajes de ‘Vania (Escenas de la vida)’.

La sacudida íntima a la que se expone el espectador de este montaje es de las que dejan huella en la memoria y en el alma. Esto es verdadero, auténtico teatro y en estado puro, con apenas la palabra y el intérprete, situado ahí, a menos de dos metros del espectador, sin más artificios ni trucos en los que poder esconderse. Todos hablan con serenidad (una serenidad que solo rompe el intenso puñetazo de Luis/Vania contra la pared de madera), se escuchan con atención e interactúan con una naturalidad sorprendente.

Si no quieres perdértela debes intentar ahora mismo coger alguna entrada porque, de otra forma, dejarás escapar una lección de búsqueda de la verdad y de la vida a través del teatro de Chejov visto por el Rigola más lúcido.

'Vania (escenas de la vida)'

Dirección y adaptación: Àlex Rigola

Dramaturgista: Lola Blasco

Actores: Ariadna Gil, Irene Escolar, Luis Bermejo y Gonzalo Cunill

Espacio escénico: Max Glaenzel

Producción: Festival Temporada Alta, Heartbreak Hotel, Titus Andrònic S.L y Teatros del Canal

Distribución: [email protected]

Teatros del Canal, Madrid

Hasta el 7 de enero de 2018

Más información en: http://www.teatroscanal.com/espectaculo/alex-rigola-heartbreak-hotel/

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