21 de enero de 2021, 22:00:30
Música


Rafael Alba publica la biografía del mítico Eliseo Parra y denuncia "el descuido cultural de España"

> 'Nunca perseguí la gloria', con prólogo de Fernando Neira, retrata al indiscutible número uno del folk de nuestro país

Por Emilio Martínez

El sin duda alguna número uno de la música de raíz española no tenía quien le escribiera... una biografía, a pesar de sus enormes y también indiscutibles méritos... y en esto llegó el polifacético Rafael Alba y dio a luz la vida y obras de Eliseo Parra. Con prólogo de Fernando Neira, y publicado por Editorial Canela, este imprescindible libro sobre alguien que de haber nacido en EEUU o Inglaterra sería un mito mundial, le refleja a la perfección ya desde el tíutlo: 'Nunca perseguí la gloria'. En esta entrevista, Alba nos cuenta cosas del libro y otras cuestiones de la -¡ay, pobre!- música y la cultura en España.


- Supongo que conocías a Eliseo mucho antes

- Sí. He seguido su carrera siempre, sobre todo tras la publicación de 'Tribus Hispanas', un disco que considero imprescindible. Luego tuve oportunidad de conocerle gracias a Josete Ordóñez, el guitarrista de la Parra Band. Yo participó en un grupo llamado 'Las Dos en Punto', que ahora forman mi esposa y mi hija. Ellas ponen la voz y yo toco la guitarra y compongo las canciones. Josete nos ha producido los dos últimos discos y gracias a esa relación pude entrar en contacto con Eliseo y conocerle personalmente.

- ¿Cómo surgió la idea del libro?

-Yo empecé en el periodismo en la sección de espectáculos. Y luego me dediqué a la economía. En los últimos tiempos he intentado compatibilizar ambas cosas. Me puse a buscar documentación sobre Eliseo para hacer un artículo, en el que partía de la tesis de que a Parra le había perjudicado la irrupción del huracán 'Operación Triunfo', porque su gran 'single', la canción 'Van por el aire', no gozó de la difusión radiofónica y televisiva que sí tuvo en los sententa, por ejemplo, 'Entre dos aguas', la rumbita que ayudó a Paco de Lucía a convertirse en 'algo más' que el extraordinario guitarrista flamenco que ya era. Y así fue como descubrí que nadie había escrito un libro sobre Eliseo. Me pareció un agravio que había que reparar, porque hay pocos músicos tan importantes como él, en la historia sonora de la Península Ibérica. Así que hablé con él, le convencí y luego conseguí el apoyo de 'Editorial Canela' para el proyecto.

- Lo extraño es que nadie lo hubiera hecho ya, ¿no?

- Yo no daba crédito. Es otra demostración más del descuido y la apatía con que se enfoca en España el apoyo a la cultura. Ni siquiera algo tan importante como el trabajo de Eliseo recibe apoyo. Hay una ceguera que nos perjudica desde todos los frentes posibles. Pero, sobre todo desde el punto de vista económico. Somos esclavos de Hollywood y la gran industria anglosajona, que nos vende sus productos, nos impone sus tradiciones y nos hace descuidar el mercado de más de 300 millones de clientes potenciales que supone el idioma castellano. No llegaremos lejos si nos dedicamos a ofrecer copias de los modelos musicales imperantes en EEUU y Reino Unido. Pero hacemos lo que hacemos y nos va como nos va.

- Suscribo que si hubiera nacido en EEUU o en Inglaterra, incluso en Francia, sería un ídolo mediático mundial

- Desde luego. La recreación del patrimonio sonoro Ibérico parece cargar con una suerte de pecado original incomprensible. Aquí conocemos de memoria la obra de los viejos 'bluesmen' como Robert Johnson porque sus canciones, y sus hallazgos rítmicos y melódicos, se han mantenido en los repertorios de otros músicos de distintas generaciones. Desde Eric Clapton a Beyoncé. Pero no tenemos ni idea de la composición de nuestro propio adn sonoro. Ni nadie que se preocupe de enseñarnos a apreciarlo. Incluso condenamos a la oscuridad mediática a artistas como Eliseo que se han ocupado de poner al día ese legado para conseguir que perviva en el siglo XXI.

- Yo se lo he dicho en alguna entrevista, ¿sabes si él, con su modestia, opina lo mismo?

- Eliseo es modesto. Y no es demasiado consciente de su importancia. Quizá porque, sobre todo, es un músico que ha llegado al repertorio tradicional tras años de búsqueda. Quería tener una voz propia. Y sabía que ni había nacido en Liverpool, ni en Chicago, ni en La Habana. Así que le iba a ser difícil, por muy bien que llegara a tocar, tener una personalidad diferenciada en el rock, pop, el jazz o la salsa. Estílos que, por cierto, domina a la perfección. Pero suele suceder eso con los verdaderos protagonistas de la historia. Nunca son conscientes de la importancia que tiene su trabajo.

- ¿Qué te parece que no haya ni una emisora especializada en músicas de raíz, que debería ser obligatorio para las públicas (algo hace RNE-3 con la Tarataña antes de Manuel Luna pero poco?

- El panorama es desolador. Tarataña, de Fernando Iñíguez se emite en la madrugada de los fines de semana. Completamente arrinconado. Está también Discópolis de José Miguel López. Pero aquí, como en Músicas Posibles de Lara López o en el programa de fin de semana que Curro Castillo tiene en Onda Madrid, el folk sólo suena de vez en cuando. Hay algún que otro programa bueno, como Tráfico de Tarareos de Fernando Martínez, en Radio Círculo, pero poco más. Entiendo que, en las cadenas públicas, las cosas no deberían estar así. Todo parte de un equívoco. Se supone que Radio Tres es la emisora 'juvenil'. Y ya vemos cuál es la idea que parecen tener allí del tipo de oferta sonora que hay que hacerle a la juventud.

- ¿Somos un país inculto en lo musical en general?

- Más bien un poco 'cateto'. Y con muy poco aprecio a la cultura autoctóna. Quizá porque no nos han enseñado a disfrutar de ella.. Tendemos a minusvalorar lo 'nuestro' y a ensalzar lo demás. Ya lo dijo el gran Peret, en 'Borriquito como tú': “Ya me llaman Peter y mi nombre es Pedro”.

- Parte de la culpa es de las radiofórmulas, vendidas a las grandes discográficas, ¿no?

- Así es. Pero no es un caso aislado. Casi todo lo que da dinero permanece secuestrado por 'cordones sanitarios' de intereses creados. Grupos que prefieren 'repartirse' lo que hay, aunque sea poca cosa que conseguir que los negocios crezcan. Se trata de mantener el control de todo lo que se emite y embolsarse las comisiones correspondientes. Pero, el público también tiene su parte de culpa. En este asunto de la cultura, nadie parece preocuparse de los tejemanejes que se producen debajo de la mesa. Aquí ha calado mucho la campaña de las tecnológicas estadounidenses contra los derechos de autor y la criminalización de la SGAE. Eso de que no hace falta pagar por la música, que tiene que ser gratis, porque yo ya pago mi conexión de Internet y mi dispositivo. La SGAE tiene que existir sí o sí. Una cosa es cambiar a sus responsables y exigir responsabilidades a quienes hayan metido la mano en la caja y otra cargarse la institución. Es cómo pretender cargarse la democracia porque haya un gobierno corrupto. Mezclar las churras con las merinas.

- Sin olvidar, claro, a los Gobiernos (de todo tipo), ¿no?

- Pues sí. Aquí no se ha hecho nunca una 'política cultural' real. Como mucho se ha tirado de chequera para proporcionarle al público el correspondiente 'pan y circo'. Y quedarse con las comisiones resultantes. Los grandes festivales, la iniciativa privada subvencionada que ha conseguido cargarse el viejo tejido empresarial de las salas de fiesta de los setenta. Y los grupos mediáticos afines que controlan ya todos los espectáculos en directo, de música, teatro y cine, desde el duopolio televisivo propiciado por los últimos gobiernos. Tanto del PP como del PSOE. Pero, hay poco espacio para la esperanza. Ni siquiera los 'nuevos partidos' tienen una propuesta clara, al respecto. Por lo que hemos visto hasta ahora, la cosa vuelve a ir de repartir unos cuantos 'bolos' entre los amiguetes y poco más. Bueno, quizá no esté todo perdido. La última iniciativa del Ayuntamiento de Madrid para 'ayudar' a los locales de música en directo es positiva, desde mi punto de vista. Pero se queda corta. Y, finalmente, me gustaría daros las gracias por vuestro trabajo. Creo que 'Diariocrítico' es uno de los pocos medios de comunicación donde existe una sección de cultural plural, en la que hay espacio para muchas iniciativas que no encuentran eco en otros sitios. Y ese tipo de ventana hace mucha falta. Y no sólo a los músicos de folk. Hay muchos artistas de calidad por ahí, de los que no habla casi nadie.

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