29 de enero de 2020, 13:19:50
Opinión


Victoria ajustada con elevada participación

Por Enrique Gomáriz Moraga


Tuvo lugar uno de los cruces posibles previstos en las elecciones catalanas: los votantes soberanistas han seguido a sus líderes en su continuación del conflicto al mismo tiempo que los votantes contrarios al secesionismo han salido de sus casas a votar por sus representantes. Ello debía implicar una elevada participación electoral y que el peso de Podemos redujera su importancia. Ambos extremos se han confirmado: ha votado el 82% de los inscritos y Podemos ha caído hasta resultar poco relevante.

Por otra parte, las precondiciones del análisis se han mantenido firmes: se confirma el empate sociopolítico y el discurso rupturista del independentismo se ha mantenido hasta el final de la campaña.

En estas condiciones la previsión era la de un empate ajustado entre ambos bloques. Aparentemente, la traducción precisa de ese escenario es una victoria ajustada del independentismo, que mantiene la mayoría del Parlament. Pero esa es una lectura formal más que real. Para que el independentismo pueda llevar a la práctica esa mayoría parlamentaria tienen que suceder muchas cosas. La primera que los independientes de las dos fuerzas soberanistas acepten seguir siendo rehenes de la CUP, que, obviamente, va a faltar a su palabra una vez más y no llevará a efecto la amenaza de abandonar el Parlament como había pregonado. Pero, como en la anterior legislatura, venderá cara su piel: unilateralismo hacia la República siguen diciendo. El problema es que ahora JuntsxCat es otra cosa y no puede extrañar que muchos de sus parlamentarios no estén dispuestos al chantaje de la CUP.

El otro factor nada despreciable lo constituye el hecho de que buena parte de los líderes parlamentarios soberanistas enfrentan un futuro judicial muy complicado. Eso obligará a mover las listas y a hacer recambios insatisfactorios, entre otras razones porque es poco probable que la judicatura se vea afectada por los resultados electorales. Su actuación seguirá rodando sin detenerse.

Por otra parte, la victoria ajustada del independentismo contiene una amarga derrota: el salto adelante impresionante de Ciudadanos y su candidata Inés Arrimadas, que supera a todos los partidos independentistas en el conjunto de la comunidad, pero sobre todo en las principales concentraciones urbanas.

En suma, la ajustada victoria electoral no tiene una fácil traducción política, lo que abre la posibilidad de una repetición de las elecciones, tanto porque el bloque soberanista no logre conformar un gobierno, como porque si lo hace en clave de la orientación política de la CUP suponga la reedición del artículo 155. Todo lo cual significa en el fondo un empate ajustado entre bloques.

En realidad, la mayor novedad de este resultado consiste en que el empate sociopolítico se manifiesta en términos de una mayor polarización. En el bloque soberanista, ha ganado el discurso más rígido e inflamado de Puigdemont y en el bloque constitucionalista el guión más firmemente contrario al independentista de Ciudadanos. Quienes hicieron una propuesta conciliadora o equidistante (PSC y Podemos) no han recibido el respaldo electoral que esperaban.

Algunos observadores sostienen que ello hace más factible que las principales fuerzas soberanistas estén dispuestas a formular una gestión gubernamental más moderada, aparcando en la práctica la vía unilateral. Sin embargo, esa posibilidad sigue teniendo el mismo problema que en la anterior legislativa: si ERC y JuntsperCat rompen con la CUP pierden de inmediato su precaria mayoría parlamentaria. Por todo ello, no hay que descartar la indeseada posibilidad de una repetición de elecciones. Algo que agradecerían algunas fuerzas políticas no muy bien tratadas en los recientes comicios.

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