16 de junio de 2019, 6:55:14
Internacional


Los argentinos y su pecado original

Por Daniel Lencina


Muchos temas, todos muy interesantes e importantes, fueron tratados por el presidente Mauricio Macri en su discurso ofrecido en el Congreso de la Nación durante la apertura del período legislativo. La obesidad infantil, el cambio climático y el “crecimiento invisible” formaron parte de los ítems tratados por el mandatario. No obstante, hay una cuestión que no parece que haya sido explicada en profundidad: la económica.

La toma de deuda externa desde el 10 de diciembre de 2015, cuando inició la administración de Cambiemos, asciende a U$S 190 mil millones, un 35% más, elevando la deuda hasta los U$S 342 mil millones según las consultoras privadas (los datos oficiales sólo llegan hasta junio pasado), lo cual representa un 60% del PBI.

El problema reside en para qué se toma esa deuda. La respuesta, en primer lugar, es para cubrir el déficit primario, puesto que lo que recauda la Nación no alcanza para cubrir los gastos. A esto hay que sumarle el déficit comercial, que es la balanza entre lo que se importa y lo que se exporta, y que fue de U$S 11mil millones durante 2017. También se han reforzado las reservas del Banco Central, ya que la administración de Cristina Fernández de Kirchner dejó sólo U$S 22 mil millones y actualmente se contabilizan U$S 62 mil millones. Además, se debe considerar la financiación de la obra pública.

Pero hay que tener otro ítem en cuenta, y es la financiación de la fuga de capitales, en lo que se han visto involucrados algunos actores que forman parte del elenco de la actual administración de Cambiemos, que le piden a los empresarios que inviertan en el país, pero que simultáneamente son sorprendidos con cuentas off shore en exóticos paraísos fiscales. El ministro de Finanzas, Luis Caputo, se vio involucrado en la posesión de cuentas en Islas Caimán, Valentín Díaz Guilligan se vio forzado a dejar la Subsecretaría General de la Presidencia tras hallársele U$S 1,2 millones en un banco de Andorra, para mencionar sólo dos de los casos más recientes. Más allá de la moralina y de la indignación, lo que queda claro es una lógica que ya cuenta con antecedentes en la mismísima dictadura militar (es decir, tomar créditos de los que se beneficia un grupo privilegiado y socializar la deuda), a un ritmo incluso más acentuado. En la versión del Siglo XXI se pide plata, pero para sacarla del país.

No atender la cuestión económica parece ser el recurrente pecado original argentino, que sin embargo se encandila con la entusiasta parafernalia discursiva propia de curso de coaching con globos amarillos. Así es que la administración gubernamental de la que se trate va a tener que tomar medidas como la Reforma Previsional con el objeto de quitarles el 10% a los jubilados (que puede ir in crecendo) para conseguir U$S 100 mil millones, reducirles los beneficios a los trabajadores en actividad, permitir que el valor del combustible alcance -en un país petrolero- los U$S 15 por litro, entre otras medidas simplemente paliativas.

Las noticias tampoco son alentadoras, porque el campo no está pasando un buen momento, ya que tras los incendios de diciembre en la pampa húmeda se perdieron 10 millones de toneladas de soja y 900 cabezas de ganado, que podrían haber representado el ingreso de valiosas divisas. No obstante, el lenguaje del coaching sigue blindando la atención a lo esencial; el gran pecado argentino.

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