19 de agosto de 2019, 12:15:37
Ocio


Morir por un buen selfie: ¿dónde está el límite?

Por Paloma López & Rocío Gavilán


Se dice que, en el amor y en la guerra, todo vale, y nosotras llevamos días preguntándonos si en los tiempos que corren, este dicho podría cambiarse por “en el amor, en la guerra y en las redes sociales, todo vale”.

Esta duda, nos surge cuando nos enteramos de que una niña, de 14 años, edad suficiente para discernir determinados peligros a los que se expone, ha tenido que ser rescatada por los bomberos de Barcelona, tras colgarse de una viga de un edificio a 40 metros, para hacerse una foto selfie.

Las primeras dudas que nos vienen a la cabeza son, por ejemplo... ¿Realmente vale todo por obtener más likes o más seguidores? ¿Se llega a tal extremo de perder la conciencia y la sensación de peligro o realidad? ¿Esta chica, y otros tantos, no son conscientes de que esa foto, les puede costar la vida?

Cuando empezamos a indagar, sobre estos fenómenos, estas “locuras” que se hacen con el fin de aumentar el número de likes o seguidores, nos encontramos con que no es el único caso, ni mucho menos, en el que los servicios de emergencia han tenido que intervenir o incluso que la persona que se ofrecía a posar en la foto y sorprender a sus seguidores, ha perdido la vida.

En el año 2015, al menos 12 personas fallecieron haciéndose un “selfie” (más muertes que por ataques de tiburones). Existen muchos bloggers o influencers que buscan la foto más impactante o la más “Heavy”, se suben a los edificios representativos más altos de cada ciudad, burlan las medidas de seguridad, se tumban en las vías del tren o metro, etc. y en algunas ocasiones, los resultados, no son los esperados y la cosa, no acaba bien.

Según los estudios de Priceonomics, un tercio de los que fallecen, es por una caída desde las alturas, muy cerca les siguen los ahogamientos y, en tercer lugar, las muertes provocadas por atropellos de tren. El 73,5% de las víctimas son hombres y la media de edad ronda los 21 años.

Los psicólogos colaboradores en dichos estudios, resaltan que los hombres que más selfies cuelgan en las redes sociales tienden a exhibir más rasgos de personalidad relacionados con el narcisismo y la psicopatía.

De las historias que más nos han impactado, nos quedamos con aquella victima que murió por hacerse un selfie con una granada en la mano y la joven que murió electrocutada en un puente de San Petesburgo. La primera, tuvo lugar en Rusia, mientras un joven de 26 años manipulaba el artefacto con el fin de hacerse fotos y compartir las fotos en sus redes sociales. En una de las fotos, mostraba la granada sin anilla y uno de sus amigos le mandaba un mensaje que decía “¿Dónde estás, estás bien?”. A lo que el joven, víctima mortal poco después respondía “Depende de lo que entiendas por bien”; la segunda, se trata de una joven de 17 años, que se subió a uno de los puentes más conocidos de la ciudad, y al perder el equilibrio se agarró a un cable de alta tensión y provocó su muerte.

Todas estas muertes, no hacen mas que engrosar la lista de las llamadas “muertes tontas”, y aumentar el número de personas afectadas por el síndrome “selfie”, que, según el profesor de la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra, Gerardo Castillo Ceballos, define como “un culto a la propia imagen por el sistema de publicar en las redes sociales autofotos en situaciones llamativas previamente escenificadas que susciten admiración”.

Por último, no queremos olvidarnos del dato que indica que España es el segundo país con más muertes por selfies en relación a la población y queremos hacer un llamamiento a la cordura y al raciocinio, apoyando siempre las fotos bonitas y/o llamativas, pero sin correr dichos riesgos que pueden acabar con la vida; Proponemos iniciar una campaña que conciencie a los jóvenes del peligro que supone subirse a las cornisas o a los edificios altos, así como otro tipo de selfies, y que no olviden que “en las redes sociales, no todo vale”.

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