18 de abril de 2021, 17:43:20
Opinión


La detención de Puidemont obliga a un órdago secesionista

Por Enrique Gomáriz Moraga


"Ningún juez tiene legitimidad para perseguir al president de todos los catalanes". La frase es sustantivamente una violación extrema de las reglas del juego democrático, pero si la dice el Presidente del Parlament de Catalunya, refleja la sinrazón profunda en que han caído las fuerzas independentistas. En este contexto, la detención de Puigdemont en Alemania ha dejado al secesionismo sin reservas tácticas. Parece que debe jugarse el todo por el todo y tiene que hacerlo ya.

Se han disuelto las contenciones. El entorno de Puigdemont, con Artadi a la cabeza, regresa a la desesperada al planteamiento que abandonó semanas atrás: Puigdemont debe ser nuestro único candidato en la elección a President de la Generalitat. Otro tanto sucede con las manifestaciones callejeras: la violencia de los grupos radicales parece verse ahora como algo justificado. Se acabaron las mediaciones, es hora del enfrentamiento total.

El problema para el independentismo consiste en que se enfrenta a esta situación a pie forzado. Sobre todo para Izquierda Republicana supone dejarse arrastrar por una corriente que no responde a su voluntad. Y todo por un error táctico elemental del personaje que siempre les resultó un dolor de cabeza: el incontrolable sustituto de Artur Mas.

Porque su detención en Alemania parece el relato de la torcida suerte del burlador que se creyó intocable. Cuando el viernes pasado Puigdemont se enteró en Finlandia de la existencia de la euro-orden en su contra declaró que se entregaría a las autoridades judiciales de ese país. Pero era una maniobra más del audaz burlador. Temeroso de que le detuvieran al llegar al aeropuerto de Helsinki, decidió tomar un ferry a Dinamarca y viajar desde allí a Bélgica. Tenía para ello varias opciones, por ejemplo tomar el ferry a Holanda, pero eligió el camino más directo por tierra, que le obligaba a pasar por Alemania. Existía un cierto riesgo, desde luego, pero en un fin de semana y antes de Semana Santa ese riesgo no parecía tan alto.

Su principal error consistió en menospreciar los servicios secretos españoles. Nunca pudo imaginar que seguirían tan estrechamente sus pasos y mucho menos que llegaran a colocarle un localizador en el auto. Tampoco imaginó que fueran capaces de hacer el cálculo de que no era conveniente detenerle en Dinamarca a la espera de cometiera el error de adentrarse en territorio alemán. Todo lo demás fue pan comido. Los servicios alemanes colaboraron sin problemas con los españoles y respondieron sin dudas a la orden europea de caza y captura.

Una vez detenido, la comparación jurídica entre los delitos de rebelión en España y de alta traición en Alemania no se ha hecho esperar. Como ya se ha dicho, el bien jurídico a proteger es el mismo y en el ordenamiento alemán no sólo se requiere de existencia de violencia manifiesta sino simplemente de “amenaza de violencia”. Es decir, la situación judicial de Puigdemont daba un vuelco y comenzaba a cobrar color de hormiga.

Este error táctico daba al traste con la navegación elegida por el independentismo inmediatamente antes de este hecho. Hasta ese momento, el secesionismo se movía en aguas del numantinismo y se dedicaba a medir sus réditos y desventajas. En el diccionario castellano numantinismo significa "actitud caracterizada por la defensa extrema y tenaz de las propias posiciones o puntos de vista, a menudo en condiciones precarias y con pocas posibilidades de éxito". Algo que viene practicando el independentismo en Cataluña desde hace tiempo y que había convertido en su única estrategia política en las últimas semanas. Sin embargo, varias voces del independentismo comenzaron a señalar que el numantinismo estaba comenzado a laminar su apoyo electoral. Por esa razón, tras el intento frustrado de nombrar presidente de la Generalitat a Jordi Turull, crecía el clamor entre sus filas, sobre todo en ERC, por acelerar la constitución de un Govern catalán efectivo.

Todos estos cálculos han saltado por los aires con la detención de Puigdemont. Ya no hay más remedio que llamar a arrebato. Por eso Torrent se ha despojado de cualquier velo de neutralidad para fungir como adelantado de un frente amplio para defender a Puigdemont. Un frente que no podrá controlar el grado de violencia en las calles. Cabe la pregunta de si, como muchos líderes soberanistas venían pronosticando, el aventurerismo de Puigdemont no llevará definitivamente a pique la nave del procés. Lo triste es que tal cosa no tendrá lugar sin aumentar el sufrimiento y la zozobra de todos los catalanes.
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