19 de agosto de 2019, 0:05:10
Ocio


El miedo de las víctimas de acoso: 'No me reconozco'

Por Paloma López & Rocío Gavilán


En el despacho de Psicología Velázquez, solemos encontrarnos de manera habitual las siguientes preguntas: ¿Voy a estar así toda mi vida? ¿No volveré a ser la persona que era?

La respuesta en estos casos debe de ser analizada, teniendo en cuenta las variables, duración de acoso, intensidad del mismo y la vulnerabilidad de la víctima. Evidentemente, siempre nos encantaría responder afirmando que volverá a ser la persona que era.

Este miedo totalmente justificado, lo presentan la mayoría de las personas, pues se miran al espejo y NO SE RECONOCEN. Su reflejo sólo muestra una persona, deprimida, ansiosa, quizás con manchas en la piel producto de la somatización, con ojeras por la falta de sueño, en definitiva, ven algo totalmente contrario a lo que realmente son.

La desesperación por ese reflejo se hace constante, pues a medida que van sufriendo las conductas hostigadoras, contemplan como todo lo que le caracterizaba, va desapareciendo. Solemos decir que en muchos casos, no desaparece, sino que está anestesiado.

El afrontamiento crónico a las conductas hostigadoras, merman el bienestar psicológico de tal forma que una vez, que se ha agotado su capacidad de aguante, llegan a creer que su personalidad ha cambiado de manera permanente.

Tal y como hemos mencionado anteriormente, depende de esas tres variables para poder determinar si existe esa modificación en la personalidad de forma permanente o si es un estado transitorio.

Si se dan esas tres variables, puede llegar a tener consecuencias psíquicas muy dañinas como es una modificación de su personalidad, pudiendo ser una personalidad obsesiva caracterizada por una actitud hostil y suspicaz hacia el entorno un sentimiento persistente de nerviosismo, una hipersensibilidad a cualquier crítica, contestando de manera impulsiva y con ira desproporcionada, entre otras, algo que irremediablemente provoca aislamiento social.

También puede aparecer una personalidad de carácter depresivo, manteniendo de manera constante desesperanza respecto al futuro, anhedonia, es decir incapacidad para disfrutar de las cosas cotidianas con las que anteriormente disfrutaba la persona acosada, además de un sentimiento de vacío y tristeza continuo.

Ante cualquier cambio en su estado de ánimo o de pensamiento, es normal que aparezca ese miedo a permanecer en ese estado psíquico. Aun así, la actitud de lucha es fundamental para poder modificar esos estados tan desconsolados en los que se encuentran.

El acoso laboral, tiene unas consecuencias que inciden gravemente en la salud física, emocional, social y psíquica. Sin embargo, nosotras siempre confiamos en la intención y la fortaleza de toda víctima.

Por otra parte, existen otras víctimas, que olvidan cómo eran y creen que ese reflejo es el real, el que siempre ha estado. Estas víctimas, en ese momento se encuentran debilitadas, con una autoestima muy baja y son incapaces de ver la realidad de manera objetivo.

Por todo esto, la terapia psicológica es fundamental para poder erradicar esos sentimientos desde la aparición de los mismos, con el fin de prevenir futuras consecuencias indeseables. Sabemos que no es fácil percatarse de la situación vivida en el ámbito laboral, las situaciones de acoso, pero sí somos capaces de reconocer pequeños cambios en nuestras emociones o nuestros pensamientos. Es ese momento el idóneo para frenar cualquier situación hostigadora que se esté sufriendo.

Por ello, es fundamental mirarnos al espejo y saber cómo somos.

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