17 de noviembre de 2019, 18:21:34
Opinión


Gracias, doctor Montes

Por Javier Astasio


De todas las fechorías cometidas por el PP a lo largo de su historia, la peor de todas, al menos para mí, es esa muerte civil, afortunadamente frustrada por la justicia, que pretendió para Luis Montes, el jefe del Servicio de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Getafe, y sus compañeros, a los que acusó poco menos que de acabar con la vida de sus pacientes, cuando lo único que pretendían era aliviar el sufrimiento de sus pacientes. Y, todo, con el único fin de allanar, mediante el desprestigio de la Sanidad Pública, el camino al expolio de ésta, perfectamente planificado y acordado con grandes empresas del sector, sin importarles el sufrimiento de esos enfermos terminales que, a causa de la vil persecución que, en la prensa y en los juzgados, sufrieron Montes y los suyos. se vieron privados de su derecho a esperar la muerte sedados, por el miedo de otros facultativos a ser acusados, como él, poco menos que de exterminar a sus pacientes.

Ayer, Luis Montes murió inesperadamente camino de un acto de la Asociación por una muerte digna que, desde que se vio obligado a dejar su carrera, presidía. Murió d un infarto sin que, a sus verdugos sin sayón, de corbata y cuello blanco, se les hubiese pasado por la cabeza pedir perdón, ni a él y ni a todos aquellos pacientes que, durante años, tras esa caza de brujas tan injustamente desencadenada, se vieron condenados a morir exhibiendo su dolor interminable, sufriendo y haciendo sufrir a los suyos, por habérseles negado esa muerte digna y tranquila a la que todo ser humano tenemos derecho.

Afortunadamente, la campaña del PP madrileño no duró mucho en el tiempo, en cuanto se hicieron con el botín lo dejaron y la sociedad se impuso, se está poniendo, poco a poco a esos falsos prejuicios que, en el caso de las denuncias contra el doctor Montes, ocultaban sólo codicia, perfumada de olor a incienso y rancias sotanas. Afortunadamente, se han dado pasos legales para dar seguridad jurídica a los sanitarios que asisten en el dolor a los enfermos terminales, afortunadamente, cada vez se da más importancia a los cuidados paliativos en la sanidad española, afortunadamente, cada vez más, los sedantes sustituyen a los "santos" óleos en la cabecera de los moribundos, afortunadamente el PP y sus miserias no pudieron con la dignidad y el ejemplo de Luis Montes, afortunadamente.

Gracias a Montes y otros como él, que saben diferenciar el grito y la desesperación de la vida, morir en un hospital o en casa con los tuyos es mucho más fácil, más humano. Gracias a ellos, que han entendido y nos enseñan que ayudar a morir es también curar, aliviar el sufrimiento, mi madre pudo despedirse de sus hijos en su cama del hospital, despacio, cogiéndonos las manos y diciéndonos lo mucho que nos quería. Afortunadamente, con el mismo cariño pudimos decirle adiós y su muerte fue una exaltación de su vida y no una tragedia.

Ahora que ya he pasado por ello no puedo explicarme cómo un ser humano puede negarle a otro ese derecho a un buen morir. Y no sólo eso, también dudo que toda esta gente tan llena de poder, dinero e influencias sea capaz de privar a los suyos, de privarse a sí mismos de ese derecho. Sería tan fácil caer en la trampa de desearles esa misma muerte cruel, inhumana, que, con su injusta campaña contra el doctor Montes, forzaron a tanta gente. lo sería, pero mejor es no hacerlo, aunque lo merezcan, pero no podemos ponernos a su nivel, porque no podemos desear a otros lo que no queremos para nosotros ni para nuestros seres queridos.

Por eso, en este momento, sólo quiero dar las gracias a Luis Montes y a otros que, como él, dan cada día ejemplo de sabiduría y humanidad.

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