23 de octubre de 2019, 10:09:36
Opinión


En Román Paladino: "No"

Por José Manuel Pazos


De los nueve países que forman parte de la UE y que no pertenecen al área del euro, solo Reino Unido y Dinamarca disponen de una cláusula que les permite mantenerse fuera de la eurozona si así lo desean.

Formalmente, los otros seis, Suecia, Croacia, Polonia, Bulgaria, Hungría y República Checa, están comprometidos a su integración, pero ninguno había dado hasta ahora muestras de su voluntad de incorporarse. Sin embargo, hace unos días, Bulgaria, considerada la economía más débil de la UE, y Rumanía manifestaban su propósito de pasar a formar parte de la eurozona como su vigésimo y vigésimo primer miembro. Para ello anunciaban que tenían previsto solicitar el ingreso a finales de 2018 en la antesala del euro, el llamado ERM, donde habrían de pasar dos años antes de adoptar definitivamente la divisa única. Desde la UE y probablemente como reacción al Brexit, se ha querido animar a los países fuera del euro a su incorporación.

Respaldados por el Presidente de la Comisión Europea, búlgaros y rumanos manifestaban el deseo de presentar su candidatura. Es paradójico porque se produce en un momento en el que incluso los más optimistas apuestan por un futuro europeo con diversos niveles de integración y que, en el mejor de los casos, tiene un año crítico por delante, donde más allá de gestionar episodios de inestabilidad como el que afecta a Italia, y ahora a España, tiene el reto de aunar las diferentes visiones que respecto a la integración monetaria y fiscal representan Francia y Alemania.

No parece que sea momento de seguir engordando cuando no se sabe que menú se servirá y como pueden cambiar las reglas, particularmente cuando quienes pretenden sentarse a la mesa están entre las economías más atrasadas de la UE. El BCE acaba de publicar su último informe bienal sobre convergencia y es muy explícito en ambos casos (pg 61 y 69): “La legislación búlgara/rumana no cumple todos los requisitos relativos a la independencia del banco central, a la prohibición de financiación monetaria y a su integración legal en el Eurosistema”. En román paladino un “no” para largo y en toda regla. No se diferencia mucho de los comentarios referidos a Polonia o Hungría, pero al menos estos no parecen tener la voluntad manifestada por sus vecinos.

Quizá en Bruselas no reciban bien esta ducha fría del BCE, pero el sentido común, Alemania, Holanda y algún otro país más, seguro que celebran el informe y lo que de él se deduce.

Mientras algunos no están ni se les espera, y otros quieren y no pueden, los hay que desde dentro ponen emoción sobre el euro. Hace nada mirábamos a Italia, y sin apenas darnos cuenta y cuando la aprobación de los presupuestos de 2018 parecía que ponía a España en la lista de países de riesgo moderado, llega inesperadamente la moción de censura que, si hacemos caso de las crónicas políticas del viernes por la tarde, se encuentra a las puertas de unas posibles elecciones generales que anticipan un cambio político a sumar a una crisis institucional que continua sin alumbrar una salida.

La bolsa española perdía cerca de un 2%, la mayor desde marzo, y el euro perdía definitivamente la barrera técnica del 1.17 que constituía uno de sus más firmes soportes antes de adentrase en búsqueda del siguiente en 1.1560.

Al tiempo, la prima de riesgo española superaba los 100 puntos, y aun así es la mitad de la italiana. Hasta hace unas semanas todo parecía tranquilo. Hoy nadie parece contento. Vivir para ver.

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