20 de febrero de 2020, 6:40:18
Toros

Presencia y presidencia de honor de Don Juan Carlos


Corrida de Beneficencia: la tómbola de Las Ventas regala otra oreja a Ginés Marín

Mal encierro de Alcurrucén en esta corrida de Beneficencia con detalles de Ferrera y ninguno de Perera

Por Emilio Martínez

Es una tómbola tan facilita que casi basta con echar para que te toque. O sea que casi es suficiente con hacer el paseíllo y no marrar a espadas para que en tu esportón te caiga una oreja. Como la que cortó Ginés Marín este miércoles en la tradicional corrida de Beneficencia, con el Rey emérito en el Palco de Honor con un mal encierro de Alcurrucén en el que también destacó Antonio Ferrera y pasó de puntillas Miguel Ángel Perera.


Suma y sigue a la concesión de trofeos baratos que llevamos ya en el ciclo isidril, que, con un nada imaginativo juego de palabras, benefició ahora a Ginés Marín, quien al menos en las estadísticas salva su feria tras su mala tarde en el mano a mano que perdió ante El Juli. No es que el extremeño anduviera mal ante su primer enemigo, de fuerzas justas y noble como todos, sino que el nivel de su labor, máxime tras un pinchazo previo a la estocada, no la merecía, y por el número de moqueros asomando también el presidente pudo no concederla.

Trofeos aparte, Marín recibió a su enemigo con tres buenas verónicas y con la flámula apostó por la quietud, la verticalidad y la distancia para sus series por ambos pitones con remates de trincheras y/o el del desprecio. Pero allí faltaba la emoción de una embestida vivaz, emoción que el coletudo decidió echarle con unas ajustadas bernadinas antes de pinchazo y estocada.

Porque donde estuvo mal el extremeño fue en el último, otro animal mansote, noble y colaborador, al que Marín, quizás con la ansiedad de la opción de abrir la Puerta Grande, muleteó tan despegado como acelerado, tan vulgar como ventajista.

Claro que para ventajista, Perera, que no cargó ni una vez la suerte en los de su lote. El segundo de la tarde rayaba con una flojera y una actitud defensiva que acabó aburriendo, además de al público, a su matador. El quinto tenía algo más, no mucho -no crean- de gas y el también extremeño le dio tropecientos mil pases fuera de cacho y retorcido –un día se va a caer de cabeza- , algunos jaleados -es verdad-, hasta que el animal se rajó claramente.

A Ferrera le cabe el honor de haber realizado uno de los quites más artísticos de la Feria, en su turno a la salida del caballo primero de Marín, con tres chicuelinas de manos bajas majestuosas –quizás en honor de su Majestad presente-. Además, llegó a interesar y mucho su faena al manso encastado que abrió festejo con un pitón izquierdo también majestuoso, con el que el tercer representante de la tauromaquia extremeña –sólo faltaba Talavante- prodigó varias tandas al natural de ritmo lento y suavidad, incluyendo un par de pases de frente.

De todas maneras aquello supo a poco porque también hubo algunos enganchones. No obstante, de no haber marrado con el verduguillo es casi seguro que en la tómbola orejera también hubiera tenido premio.

FICHA

Toros de ALCURRUCÉN, de justa presencia, mansos y flojos; descastados excepto el 1º. ANTONIO FERRERA: ovación tras dos avisos; silencio tras aviso. MIGUEL ÁNGEL PERERA: silencio tras aviso; silencio tras aviso. GINÉS MARÍN: oreja protestada; silencio. Plaza de Las Ventas, 6 de junio. Corrida de Beneficencia dentro de la Feria de San Isidro, aunque fuera de abono. Lleno. Asistió y presidió honoríficamente en el Palco Real el rey emérito Juan Carlos I -al que los espadas le brindaron su primer toro- acompañado por la infanta Doña Elena.

Crónica del festejo anterior

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