16 de octubre de 2019, 16:00:35
Opinión


Menos dinero y más inestabilidad

Por José Manuel Pazos


Los tres bancos centrales más poderosos del mundo se reúnen esta semana en el plazo de apenas 36 horas: La Reserva Federal, el Banco Central Europeo y el Banco de Japón. En medio del caos que desató desde el principio el Presidente norteamericano en la cumbre del G7 –“Estoy ansioso por enderezar las desleales negociaciones comerciales con los países del G-7. ¡Si no sucede, saldremos aún mejor!”- la FED es probable que eleve el miércoles, por segunda vez este año, los tipos de interés, al tiempo que podrían revisar sus proyecciones para incorporar dos subidas más este año hasta un total de cuatro. En el BCE, si atendemos a lo declarado por su Economista Jefe, se proponen el jueves debatir la fecha en la que poner fin al programa de compra de bonos iniciado en 2015 y que actualmente está comprometido “al menos hasta septiembre”. Las compras están siendo de 30.000 millones de euros por mes y el mercado espera que cuando finalice el programa este año, se habrán acumulado en la cartera del banco central hasta 2.6 billones de euros en títulos, más de dos veces el PIB español. En Japón, las compras continúan sin que se adivine pronto el fin del programa que en breve acumulará un balance por valor equivalente a su PIB anual. A diferencia del crecimiento norteamericano y europeo, Japón anunció un descenso de su PIB del 0.6% anualizado en el primer trimestre con una inflación subyacente del 0.7% y por tanto lejos del objetivo del 2%.

A pesar de su política del caos, el 41% de los norteamericanos aprueba a su presidente. Entre los que se declaran republicanos lo aprueba el 87%.

La divergencia de políticas monetarias entre los países desarrollados está en un punto álgido y más allá de su efecto sobre los pares que comprometen a las tres divisas que los representan, están siendo los mercados emergentes los que lo acusan en cascada. Sensibles al endurecimiento monetario norteamericano, Argentina, Turquía, Brasil, India y ahora Sudáfrica acusan también la incertidumbre de las consecuencias de una guerra comercial que puede ir a más. Los tipos de interés suben en estos países como forma de defender el valor de sus divisas. Turquía, Indonesia, India y Argentina ya se han visto forzados a hacerlo, y Brasil, que intenta evitar igual medida, trata mediante operaciones de intervención de frenar la caída del real que acumula este año una depreciación superior al 25% frente al dólar. Añadamos a la coctelera lo que resulta de la cumbre del G7, donde el debate basculó entre apartar a EE.UU. enfrentándose a sus políticas proteccionistas, o tratar de adaptarse a su particular enfoque de las relaciones comerciales internacionales para desde dentro intentar mantener un cierto orden mundial. Sumemos la reunión de esta semana del presidente norteamericano con el líder norcoreano en Singapur, las elecciones presidenciales en México, la incertidumbre política que genera el nuevo gobierno italiano, la amenaza de EE.UU. de romper el TLCAN cuyas negociaciones prácticamente se han cerrado hasta después de las legislativas norteamericanas de noviembre, la crisis derivada de la ruptura del acuerdo con Irán que intenta mantener Europa y así una larga lista de potenciales factores de vulnerabilidad y quizá concluyamos que ni tan mal han reaccionado hasta el momento los mercados de los países desarrollados.

Según JP Morgan los países avanzados han crecido un 2.5% el primer trimestre después de 1.6% el anterior, de modo que alguna resiliencia muestra la economía, así que de momento, las políticas monetarias atenderán a lo suyo sin aparentar ni miedo ni sensibilidad. Por tanto, habrá menos dinero y más inestabilidad.

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